Monterrey

El legado de violencia que hoy nos golpea

Opinión. Hoy, las armas ocupan un sitio casi sagrado en Norteamérica contra quien nadie puede atentar, al punto que los republicanos utilizaron esta retorica soportada por Trump para reganar la presidencia.
DESDE TEXAS….

JAVIER AMIEVA
​javier.amieva@hispanicinternational.com
23 enero 2017 10:23 Última actualización 23 enero 2017 10:37
Javier Amieva

Javier Amieva

A principios del Siglo XX en México la sociedad estaba definida por un
claro esquema antimonárquico un sentimiento nacionalista y una aspiración de pertenecer a la aristocracia con sus modas y costumbres
europeas; en esta época cuando, a pesar de estar bajo el dictador,
Porfirio Díaz, es cuando se logra el mayor desarrollo de México en arquitectura, ferroviario y hasta marítimo que se viera frenado por la
Primera y Segunda guerra mundial; desde entonces la sombra de Hitler, el sionismo y el antisemitismo hicieron estragos en México y en muchos países.

Fueron necesarias tres décadas para acabar con Hitler, fue necesario
signar el tratado de la OTAN y la creación de la ONU como organismo
regulador internacional donde las grandes potencias, aportaban
importantes cantidades de recursos, Estados Unidos a cambio del control ha sido la nación que más recursos ha aportado, al menos hasta hoy, porque estas instituciones están en peligro.

Las guerras mundiales marcaron la etapa de “industrialización” de la
guerra con transportes motorizados, armas de alto poder, la glorificación de los héroes de guerra a través de Hollywood y toda la parafernalia propia de la guerra que incluía por supuesto drogas; unas para el dolor y las otras para darse valor y vivir la pesadilla de la guerra pero aprendiendo a matar y ser insensibles.

Aquí México vuelve a jugar un papel importante; el gobierno de Estados
Unidos creo programas en la costa Pacifico para sembrar amapola y otras drogas para enviarse al frente y nace la época de los sembradíos,
la exportación “legal” dela droga, más tarde censurada, prohibida y castigada porque la guerra llego a su fin, si, Estados Unidos invento y lanzo la bomba atómica, si la misma que hoy están tan preocupados
que Irán o Corea del Norte puedan desarrollar; símil del plan Mérida que nos obliga a cuidar sus fronteras de drogas de un país sediento de estas a cambio de armas y subordinación.

Derivado de todas estas acciones, al término de la guerra las juventudes norteamericanas no vislumbraban un futuro y nace la música
estridente, el uso de la droga entre los jóvenes continua en ascenso y la
“cultura” norteamericana encuentra en las películas de guerra y en el
poder de ser el policía del mundo “el equivalente moral de la Guerra”,
como lo titulo William James. Mantener al estilo romano, ario y anglosajón ejércitos se vuelve el glamur que refleja Hollywood y por supuesto ya la industria del tabaco, del alcohol y la mariguana estaba ya en su pleno apogeo.

Así, México empieza a importar no solo “jeans” sino moda Hippie, autos deportivos y al final el consumo de la droga que producía y ahora se contrabandea a ese país consumidor ya que los jóvenes que habían regresado de la guerra empezaron a consumirla a raudales. Pero también si México no “hacia guerra a la droga”, no calificaría como “sujeto de crédito” ante Norteamérica.

Hoy, las armas ocupan un sitio casi sagrado en Norteamérica contra
quien nadie puede atentar, al punto que los republicanos utilizaron esta retorica soportada por Trump para reganar la presidencia.

Aquí, como apenas ocurrió con la reciente tragedia en un Colegio del Sur de Monterrey la semana pasada, cientos de niños han sido masacrados en escuelas, cines y universidades por el descuido de
las armas; pero como dijimos, el imperativo del equivalente moral de la guerra que hace héroe al que mata lo hemos importado como legado.

Colofón: Imposible cambiar a una nación o sus leyes y sus usos, pero
en casa si es posible; rechacemos la violencia de los filmes, de las costumbres y sobre todo seamos un país más autónomo no solo en nuestra economía, sino también en nuestras costumbres. Ya es tiempo de voltear hacia otro lado donde no somos bienvenidos y se afecta a nuestra juventud y país.

¿O Acaso estoy mal?

* El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.