Monterrey

El futuro de la empresa familiar

OPINIÓN. Lo peligroso de estos cambios profundos que está sufriendo la familia, es que están impactando directa y significativamente la visión, valores y comportamientos de las nuevas generaciones—y con ello la dinámica familiar, pudiendo poner en riesgo el destino de las empresas de familia.
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez | Empresas Familiares
13 julio 2016 9:5 Última actualización 13 julio 2016 9:6
Rosa Nelly Trevinyo Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo Rodríguez

En México, el concepto tradicional de familia está cambiando. La tecnología, la ciencia médica y hasta la legislación han promovido cada vez más familias “no-convencionales”. Sin duda alguna, estas transformaciones no sólo demuestran una sociedad más liberal y evolucionada en sus costumbres e ideología (como colectivo); sino que implican también un cambio en los valores que practicamos y transmitimos en nuestros hogares (ajuste de fondo en la formación del individuo).

Y es que, la familia—como institución—no solamente tiene finalidades biológicas, como la procreación y la protección, sino que también tiene fines sociales. Es precisamente en el núcleo familiar donde se enseñan valores, hábitos y patrones de conducta que se acarrean por generaciones; se fomentan relaciones afectivas como la confianza, la solidaridad y el amor; y se nutre a la persona para que pueda generar identidad, tradición y pertenencia a un grupo—engendrando con ello, vínculos morales que conllevan compromisos y lealtades.

Es igualmente en la familia—y muchas veces, por ella—donde se decide el futuro del negocio familiar; donde se evalúa la conveniencia común de continuar un legado (sueño empresarial) y donde se aprende a compartir, perdonar y negociar. Consecuentemente, de la familia propietaria y de sus relaciones (dinámica familiar) dependerá que el negocio perdure o quiebre; se venda o trascienda.

No obstante, lo peligroso de estos cambios profundos que está sufriendo la familia, es que están impactando directa y significativamente la visión, valores y comportamientos de las nuevas generaciones—y con ello la dinámica familiar, pudiendo poner en riesgo el destino de las empresas de familia.

De hecho, algunos valores con los que están creciendo las nuevas generaciones son precisamente los que los estudiosos de los negocios familiares llamamos “antivalores”. Ejemplos de ellos: el individualismo (vs. la solidaridad), la visión corto placista (vs. la visión a largo plazo), el hedonismo—comodidad (vs. la disciplina y la laboriosidad), la rebeldía (vs. el respeto) y la incredulidad (vs. la confianza).

Y, una empresa familiar no podrá llegar a ser multigeneracional (sobrevivir más de dos generaciones) si no existe, para empezar, solidaridad, respeto, confianza en las capacidades e intenciones de los otros y negociación entre las diferentes generaciones y ramas familiares.

Así, el futuro de las empresas familiares multigeneracionales está en juego porque si las siguientes generaciones piensan solamente en ellos, lo que tendremos en resumidas cuentas será emprendedores que busquen crear negocios, hacerse ricos pronto y venderlos… Y no empresarios familiares con la intención de construir y administrar un legado para sus nietos y bisnietos. Al final de cuentas, es más fácil repartir dinero que transmitir un oficio y enseñar cómo ponerse de acuerdo ¿O no?

*La autora essocia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.


Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.