Monterrey

El estadio BBVA y la necesidad de revalorar el papel de la comunidad

OPINIÓN. Habría que replantear el modelo de responsabilidad social y ciudadano de FEMSA. Queda claro que la empresa atiende a sus grupos de interés como proveedores y trabajadores, pero también es necesario incluir a expertos y a ciudadanos de la comunidad.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@ gmail.com Twitter: @serlopram
03 octubre 2017 9:21 Última actualización 03 octubre 2017 9:21
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Hace unos días Televisa Monterrey acusó a José González Ornelas de filtrar información confidencial al Grupo América Móvil con el objetivo de que el grupo empresarial de Carlos Slim presentara al Comité de Comercialización de la Federación Mexicana de Futbol (FEMEXFUT), una oferta superior para adquirir los derechos de transmisión de los partidos de la selección mexicana por 8 años, derechos que por largo tiempo ha ostentado el oligopolio que conforman la dupla Televisa-TV Azteca.

De esta forma, el Presidente del Consejo de Administración del Club de Futbol Monterrey habría colaborado con otros grupos empresariales para terminar con el virtual monopolio que ostentan las dos grandes cadenas nacionales en la transmisión y comercialización de los próximos partidos de la selección nacional. Con estas acciones, FEMSA y los Rayados de Monterrey se han posicionado, al menos en el imaginario colectivo estatal, como empresas que buscan terminar con prácticas que tanto daño económico le provocan a nuestro país y, así, generar mayores oportunidades de competencia económica.

Pero este panorama cambia drásticamente como producto de las históricas lluvias que han azotado nuestra entidad. Cinco años atrás, Ángel Quintanilla, entonces Presidente de la asociación civil Vertebra, denunció la desaparición de tres cuencas subterráneas a consecuencia de las obras de construcción del nuevo estadio de los Rayados. Estas acciones, de acuerdo a Quintanilla, no solo impedirían que el agua siguiera su paso natural por el Cerro de la Silla sino que además no contemplaban la construcción de infraestructura elemental como un drenaje pluvial que permitiera desfogar las precipitaciones. Como consecuencia, se corría el riesgo de que el estadio y las zonas aledañas al estadio sufrieran de importantes inundaciones que podrían poner en riesgo la integridad física y económica de miles de neoloneses.

Y el agua, finalmente, buscó su cauce natural. La semana pasada el partido entre el Santos y los Rayados no solo tuvo que ser suspendido sino que además los aficionados no pudieron salir de inmediato por las inundaciones en las avenidas Pablo Livas y Eloy Cavazos. Además, en las calles adyacentes al estadio se generó una gran corriente de agua que obligó a cerrar de forma temporal el estacionamiento.

Nuestra comunidad revaloró la importancia de La Pastora y, de ser considerado un pulmón urbano, se transformó en un espacio que le permitió a los grandes poderes facticos de nuestra entidad rentabilizar un bien público, a costa de la sostenibilidad de la comunidad a corto, mediano y largo plazo. Así, el estadio emerge como el símbolo del poder que tienen las empresas para dirigir nuestro proyecto y los valores comunitarios que le dan sentido a nuestra sociedad.

Habría que replantear el modelo de responsabilidad social y ciudadano de FEMSA. Queda claro que la empresa atiende a sus grupos de interés como proveedores y trabajadores, pero también es necesario incluir a expertos y a ciudadanos de la comunidad. Es crucial generar nuevos modelos que permitan realmente trabajar de la mano con la sociedad civil para identificar y conocer sus retos, generar soluciones en conjunto de forma intersectorial, implementar estrategias y medir sus efectos. En pocas palabras, transitar de la tradicional verticalidad a una horizontalidad colaborativa en el proceso de toma de decisiones.

De lo contrario, se corren tres riesgos: afectar a la comunidad negándole su derecho a ser escuchada, poner en riesgo su integridad física y patrimonial y con ello, arriesgar la reputación de una empresa con casi 127 años de vida.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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