Monterrey

El espíritu de Trump…¿en Nuevo León?

Opinión.   Ojalá que la sociedad neolonesa comprenda que, si vamos a criticar la misoginia, el racismo y la intolerancia de Trump, habría que practicar los mismos valores en nuestra casa.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
​slramos2020@gmail.com
23 noviembre 2016 9:19 Última actualización 23 noviembre 2016 9:21
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

Resulta paradójico que como neoloneses nos mostremos sorprendidos
por el triunfo de Trump. Desde el verano pasado, cuando el ahora presidente electo lanzó de manera oficial su pre-candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos utilizando el miedo y el odio contra las minorías de la Unión Americana, los ciudadanos de Nuevo León y de todo México nos rasgamos las vestiduras.

¿Cómo era posible que Donald Trump lanzara adjetivos calificativos
contra los mexicanos, las mujeres, los musulmanes, y todas las minorías que viven en los Estados Unidos? Pero, seamos honestos, ¿cuántas veces nos hemos indignado contra nuestras propias élites que se desenvuelven en una narrativa de odio contra nuestros propios
compatriotas?

Allí estaban los senadores panistas y priistas presumiendo sus playeras
con el nombre de la ex candidata demócrata días antes de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Lo que esos senadores no reconocen, o prefieren ignorar por conveniencia política; es que Clinton apoyó de manera firme los derechos de la comunidad LGBTQ en su país. Si tanto comulgaron los senadores del PAN y el PRI con la agenda de la ex primera dama, ¿por qué no apoyan en la tribuna y dentro de sus partidos la propuesta de legalizar los matrimonios entre las personas del mismo sexo?.

Esos mismos senadores no se pronunciaron contra el discurso de odio e intolerancia del Frente Nacional por la Defensa de la Familia, ni han condenado los crímenes de odio contra homosexuales y transexuales. Tampoco han generado propuestas para desincentivar
la intolerancia ni para prevenir, erradicar y castigar este tipo de crímenes…si tanto apoyaron a la demócrata, ¿dónde queda su congruencia?.

Y cuando Jaime Rodríguez crítica a las “niñas gordas” porque ya nadie
las quiere al estar embarazadas, el Gobernador de Nuevo León no solo demuestra que no comprende la dimensión social del problema sino que además, no es capaz de articular una propuesta de política pública que permita disminuir el número de casos de jóvenes embarazadas. Pero la estrechez de mente no termina allí.

Apenas un año después de ser elegido como Gobernador, Rodríguez
Calderón señaló que si las personas del mismo sexo se quieren casar que lo hagan en Saltillo. Con su narrativa y confundiendo sus valores personales con el Estado de Derecho que debe no solo obedecer sino practicar, envía una peligrosa señal: aquí en Nuevo León, la ley solamente es efectiva para unos cuantos.

Así, mientras admiramos las políticas progresistas de Obama y las propuestas de Hillary en los Estados Unidos, en Monterrey preferimos evitar esos temas. Y la “mayoría silenciosa” de Nuevo León, esa que le dio el triunfo al Bronco solamente observa, calla y apoya la visión del Gobernador.

Pareciera que en estos tiempos, es mejor que las niñas y jóvenes de la entidad hagan un voto de abstinencia en lugar de recibir educación sexual y que si los miembros de la comunidad LGBTQ se quieren casar, pues lo hagan en Saltillo porque en Monterrey las buenas conciencias no lo permiten.

Ojalá que la sociedad neolonesa comprenda que, si vamos a criticar la
misoginia, el racismo y la intolerancia de Trump, habría que practicar
los mismos valores en nuestra casa. Bastante falta nos hace respetar a las mujeres, tener empatía con la comunidad LGBTQ y apoyar a los migrantes centroamericanos que buscan oportunidades en nuestro país.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.