Monterrey

El Empleo en México: Cantidad, Precio, y Calidad

OPINIÓN.La creación de empleo observada en México no ha sido inclusiva a lo largo de los distintos tipos de oferta de trabajo, siendo los grupos de mujeres y los más jóvenes quienes no se han beneficiado relativamente.
OPINIÓN ACADEMICA UANL
Jorge O. Moreno
jorge.morenotr@uanl.edu.mx
30 junio 2017 9:43 Última actualización 30 junio 2017 9:43
Columnista

Jorge O. Moreno, Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL

Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) publicó los indicadores de empleo a nivel nacional y sus correspondientes desagregados estatales, mostrando tres datos positivos con respecto a la actividad del mercado laboral en el país: primero, una disminución en el nivel de la tasa de desocupación nacional, segundo, una reducción en la tasa de subocupación de la oferta laboral, y tercero, una leve reducción en la población ocupada en el sector informal.

No obstante lo anterior, es necesario explorar las otras dimensiones del mercado laboral para tener una perspectiva completa del impacto en bienestar de los indicadores de empleo anteriores, en particular es necesario considerar la inclusión, la calidad, y los salarios percibidos por los trabajadores.

Para ubicar el contexto anterior, en el dato correspondiente a la Tasa de Desempleo en México (esto es, el porcentaje de la Población Económicamente Activa, o PEA, que no trabajó pero que tiene disposición para hacerlo y buscando no ha encontrado una posición laboral) en el mes de mayo se ubicó en 3.5 por ciento, cifra menor al 4 por ciento reportado en el mismo mes del año previo. Por otra parte, INEGI informó que la Tasa de Subocupación (porcentaje de la población ocupada que tiene la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual le demanda) se ubicó en 6.9 por ciento, inferior al 8.4 por cientodel mismo mes de 2016. Finalmente, la Tasa de Informalidad del mercado laboral (la proporción de la población ocupada que es laboralmente vulnerable dada la naturaleza de la unidad económica para la que trabaja), se ubicó al cierre del quinto mes del año en 56.6 por ciento, menor en un 0.9 por ciento de lo registrado en el mismo mes del año previo.

Si bien, dado el contexto internacional de incertidumbre y adversidad que hemos comentado en este mismo espacio, estos datos pueden ser considerados como indicadores positivos de la actividad económica, dentro del estudio de la economía laboral, el nivel de empleo es sólo una de las muchas variables relevantes necesarias para analizar las condiciones de este mercado.

En este caso, el estudio reciente “Perspectivas de Empleo 2017” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), presentado por José Ángel Gurría (actual secretario general del organismo) en Berlín el pasado 13 de junio, plantea la importancia de valorar los “pilares” del mercado laboral: cantidad, calidad e inclusión. En la presentación de dicho estudio, Gurría señaló que la investigación demuestra que la creación de empleo observada en México no ha sido inclusiva a lo largo de los distintos tipos de oferta de trabajo, siendo los grupos de mujeres y los más jóvenes quienes no se han beneficiado relativamente por el incremento observado. El estudio también puntualiza la necesidad de considerar la calidad de los empleos generados, definiendo esta dimensión como la capacidad de dichas plazas para sobrevivir a cambios en el mercado, los patrones de comercio, y la evolución tecnológica.

Además de lo anterior, un componente adicional para medir las características de mercado laboral se refiere a los salarios efectivos percibidos dentro de los empleos generados. La teoría económica más convencional nos diría que ante la falta de incremento en la productividad de las empresas, principal determinante de la demanda de trabajo, el aumento en el nivel de empleo observado pudo deberse a reducciones en fricciones del mercado e incrementos en la cantidad ofrecida de empleo efectivo, lo cual se pudo haber traducido en menores niveles de salario percibido para quienes tienen trabajo. Esta potencial reducción en el salario efectivo percibido, y las rigideces que persisten traducidas en subocupación, podrían incidir en la desigualdad del ingreso, la cual persiste como problema social a nivel nacional e internacional.

De esta forma, al igual que sucede con otras mercancías más simples de analizar cómo son las frutas o los “gadgets” tecnológicos, en presencia de fricciones e imperfecciones de mercado los ajustes relevantes en el mercado no obedecen únicamente a cambios en las cantidades y los precios, sino también a la calidad del producto comercializado, y en el caso analizado en esta columna, esto equivale a la calidad del empleo observado para la fuerza laboral de nuestro país.

El autor es Doctor en Economía por la Universidad de Chicago. También es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.