El elefante en la plaza pública
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El elefante en la plaza pública

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El elefante en la plaza pública

La inseguridad está al alza, la contaminación del aire se ha recrudecido, y problemas como el transporte, lejos de resolverse, han empeorado.

Opinión MTY Entrada libre Sergio López Ramos
02/10/2018
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Sergio López Ramos.Fuente: Cortesía

Han pasado 50 años de aquella noche triste de Tlatelolco, cuando en la plaza de las Tres Culturas el Batallón Olimpia descargó toda la fuerza del estado en contra de miles de estudiantes universitarios. Fue tal el impacto de este hecho, que diversos académicos coinciden en la idea de que el 2 de octubre de 1968 marcó un punto de partida en el largo proceso de transición a la democracia de nuestro país.

Desde ese día en que las balas detuvieron la lucha de los hijos de la incipiente clase media y urbana del país hasta hoy, los tres niveles de gobierno han experimentado procesos de alternancia política, en un ambiente de descontento social, hartazgo por la crisis de inseguridad, el creciente número de asesinatos y desaparecidos a lo largo y ancho del país, la falta de oportunidades económicas y la incapacidad de diseñar una democracia eficiente.

Por supuesto, esta ineficiencia del Estado no fue ningún impedimento para que unos cuantos personajes encumbrados en el Monte Olimpo del Sistema Político Mexicano disfrutaran de una extraordinaria movilidad social, fruto de la corrupción y al pacto de impunidad. Esta lamentable situación trajo consigo una ola de políticos disruptivos como Jaime Rodríguez Calderón con un discurso centrado en decirle a la gente lo que quería escuchar. Por supuesto, hay una diferencia importante entre el decir y el hacer.

Rodríguez Calderón cumplirá tres años al frente del Gobierno de Nuevo León el próximo 4 de octubre. La inseguridad está al alza, la contaminación del aire se ha recrudecido, y problemas como el transporte, lejos de resolverse, han empeorado.

Irónicamente, el “Bronco” decidió gobernar con los grupos políticos tradicionales de la entidad y lejos de los ciudadanos. La Ley de Participación Ciudadana es otra de las muchas leyes que en el Estado de Nuevo León, es letra muerta. Los ciudadanos no inciden en el proceso de toma de decisiones, más que en el resultado de las elecciones cada tres años.

La renovación de las presidencias municipales en la entidad abre una ventana de oportunidad para que los Alcaldes de Nuevo León modifiquen su relación con los ciudadanos y así involucrarlos en las decisiones que les competen.

Primero, habría que desmontar el estilo tradicional de gobernar a puertas cerradas y en forma cupular con ciertos sectores de sus comunidades mediante la adecuación y la armonización de los reglamentos municipales con la Ley Estatal de Participación Ciudadana.

En segundo lugar, los Alcaldes de Nuevo León pueden comenzar a utilizar las herramientas que provee la ley como los presupuestos participativos para que los ciudadanos conozcan y se involucren en las mejoras que consideren prioritarias para su comunidad.

Es anacrónico pensar que el simple hecho de votar y acudir a las urnas va a resolver nuestros problemas. La realidad nos urge a ir más allá para informarnos, entender las posibles soluciones a nuestros problemas, dialogar sobre los temas que nos afectan y ponderar las implicaciones que estas implican en el corto, mediano y largo plazo.

Para Agustín Basave el proceso de alternancia a la democracia en México se podría concluir con el arribo de la izquierda al poder. Pero las alternancias en los tres niveles de gobierno nos han demostrado que nos hemos quedado cortos. Hay que transitar de una democracia representativa a una democracia participativa. Esa es una verdadera transición a la democracia y la mejor forma de honrar la memoria de quienes luchan día con día por nuestra dignidad.

El autor es Politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Opine usted: slramos2020@ gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.