Monterrey

El dedazo y el dedito

OPINIÓN. ¿Escucha Ud. ese ruido? Es el rasgadero de vestiduras por la designación de José Antonio Meade como candidato del PRI.
WIKI-LÍTICO
Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
04 diciembre 2017 9:20 Última actualización 04 diciembre 2017 9:20
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Así como hay tradiciones, hay niveles. Vamos con la tradición del dedazo.

¿Escucha Ud. ese ruido? Es el rasgadero de vestiduras por la designación de José Antonio Meade como candidato del PRI. De acuerdo con quienes tanto critican el método de elección interna del PRI, resulta que es una falta inadmisible que alguien, ya sea el presidente o bien otros en la cúpula de su partido lo hayan elegido por medio del tradicional dedazo. ¿Y a mí qué? ¿Por qué habría de importarme cómo eligen o dejan de elegir internamente a sus candidatos si: a) no soy militante y b) no me sentiría frustrado por qué a mí no me hayan considerado? Parece que varios sí.

Aunque la línea esta tirada: “ni siquiera llegó a destape”. Y hablando del rey de Roma, ahora vamos con el dedito. ¿Por qué nadie dice nada cuándo se creó un partido alrededor de una sola figura central? ¿Qué será de MORENA cuando falte AMLO? Por años se ha dedicado a la profesión más antigua del mundo (bueno, casi): la de candidato profesional. Nadie se pregunta y mucho menos se deshila, aunque sea tantito, las túnicas pseudo-liberales, cuando esa persona lleva más de una década sin un ingreso declarado. (Y pensar que yo ni aguanto a que llegue la quincena).

¿Por qué resulta que es políticamente incorrecto criticar a la izquierda? ¿Dónde dejaron la libertad dizque tanto se quejaban que les faltaba?

Como siempre les falta objetividad, y les sobra un sentimentalismo como si fuera piel de oveja pero que en realidad esconde a un lobo ferozmente intolerante.

Ahora vamos con los niveles y seamos objetivos. AMLO ha sido presidente municipal y el equivalente a Gobernador (aunque el puesto tuviera otro nombre oficial) al frente (oops!) del ExDF. Nada más. Su preparación académica es francamente muy baja (No hay duda de que le parecemos señoritingos quienes tengamos un grado superior a una carrera de a de veras). Su carácter es claro: o gana o quema pozos petroleros; o gana o se sale de su partido, el PRI y luego del PRD. No seré psicólogo -ni necesito serlo- para darme cuenta de que algo no está bien con las facultades mentales de una persona que se declaró presidente legítimo (los que le siguieron el jueguito son otra cosa que no se puede publicar)

El Dr. Meade (alguien con los antecedentes arriba citados, no dimensiona los alcances del título) además de los grados académicos, tiene experiencia de primera mano en la Cancillería, en los temas sociales y fiscales ¿qué más queremos? Pocas personas están más preparadas que él. Uno adquiría experiencia, el otro se la pasaba en una eterna campaña.

Dejémonos de tonteras sentimentaloides: “pobre, no lo han dejado llegar a ser Presidente” y “Va a acabar con la corrupción” ¿Y todos los de su Cheyenne, apá? Bejarano, la diputada de Veracruz, el lavadero de dinero del PT y un gran etc. ¡Que Cheyenne ni que nada, les hace falta un autobús para que quepan todos esos corruptos!

Otra persona que a mi parecer estaba comparativamente igual de preparada para llegar a ser presidenta de su país es Hillary Clinton y otro ejemplo totalmente en sentido opuesto es Venezuela: el dictador impreparado que empujó al vacío a su país. Ojalá que nosotros no nos equivoquemos.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Em- presas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.