El costo económico del terremoto
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El costo económico del terremoto

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Monterrey

El costo económico del terremoto

OPINIÓN. La disrupción del terremoto generó en ese año una pérdida económica de casi 2 por ciento del PIB.

VISIÓN ECONÓMICAJesús Garzajgarzagg@gmail.com
28/09/2017
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Antes que nada, me gustaría expresar mis condolencias a todos los que perdieron amigos y familiares en el terremoto registrado la semana pasada en la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Chiapas y Oaxaca. El sismo de magnitud 7.1 grados, de acuerdo a la escala de Richter, devastó a muchos de los edificios e infraestructura en dichos estados. ¿Cómo cuantificar los costos económicos de esta catástrofe?

A diferencia del terremoto de 1985, que provocó la muerte de más de 10 mil personas y derrumbó muchos más edificios, la economía mexicana ahora es muy distinta. En esa época el crecimiento económico era muy dependiente del centro del país, en particular del gasto de gobierno.

Así, la disrupción del terremoto generó en ese año una pérdida económica de casi 2 por ciento del PIB. A partir de la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), la economía nacional se transformó, beneficiando a las regiones con mayor productividad laboral (como la región Noreste del país). Con ello, el sector externo ya es más relevante que el gasto de gobierno en su contribución al crecimiento del PIB.

El impacto de este desastre sobre la economía se mide como el tiempo en que la producción de bienes y servicios se detiene. De acuerdo a varios analistas, se estima que se registre una caída en el crecimiento de 0.2 por ciento del PIB. Las economías de las entidades afectadas suman cerca de un tercio del PIB nacional. Sin embargo, existen varios factores que podrán contrarrestar esta contracción esperada.

Primero, el consumo. La gran cantidad de donaciones que se enviaron a las zonas afectadas ayudarán a elevar el consumo privado, componente más importante del PIB (representa el 67 por ciento del total). Ello en un entorno de desaceleración del consumo privado, debido al aumento gradual de la inflación (restando al ingreso disponible de las familias) y el encarecimiento del crédito (por el aumento de las tasas de interés).

Segundo, y el más importante, el sector de la construcción. Si bien existen discusiones de dónde saldrán los recursos para reconstruir mucha de la infraestructura y edificios residenciales de las entidades afectadas, lo cierto es que veremos un mayor dinamismo en este sector en el mediano plazo. Los recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales(FONDEN), el Bono Catastrófico (que se activará solo para ciertas regiones del país), y un aumento del gasto público (¿y de los partidos?) se destinarán a la reconstrucción de las zonas afectadas. Sin embargo, es posible que el impacto sobre el PIB se observe solo hacia mediados de 2018.

¿Cómo afectará todo esto a Nuevo León? Esperemos que las obras públicas del estado no sean sacrificadas en el próximo presupuesto de egresos. En el presupuesto de egresos 2018 se le asignaron solamente 2.5 mil millones de pesos a la entidad, insuficiente para resolver los problemas de movilidad y contaminación de Monterrey. La persistente falta de inversión pública ya está perjudicando a la productividad del estado. El PIB nacional terminará probablemente con un crecimiento de 2 por ciento.

El autor es el director general y fundador de GF GAMMA y catedrático en el ITESM campus Monterrey. Cuenta con un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera por la Universidad de Essex en el Reino Unido, y una Licenciatura en Economía por el ITESM (campus Monterrey).

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.