Monterrey

El costo de la guerra

OPINIÓN. Para poder entablar un punto de referencia, desde el punto de vista monetario, la guerra es vista como un proyecto en donde se requiere inversión, tecnología y financiamiento a largo plazo.
OPINIÓN ACADÉMICA
Alicia Fernanda Galindo Manrique
alicia.galindo@itesm.mx
16 abril 2017 22:11 Última actualización 17 abril 2017 9:30
Alicia Fernanda Galindo Manrique,

Alicia Fernanda Galindo Manrique.

“Una nación que continua, año tras año, gastando más dinero en defensa militar que en programas sociales, se está acercando a la perdición espiritual.” Esta frase de Martin Luther King Jr., en momentos como los que hoy en día estamos viviendo, me inspiró a realizar este artículo sobre los efectos económicos de los conflictos bélicos y a reflexionar que más allá de presupuestos, no se le puede poner un costo a las pérdidas humanas, la incertidumbre y al daño social que un país y su gente sufren.

Para poder entablar un punto de referencia, desde el punto de vista monetario, la guerra es vista como un proyecto en donde se requiere inversión, tecnología y financiamiento a largo plazo. No es un negocio improvisado, sino requiere planificación que implica recursos y gestión económica avanzada para entender las prioridades de las partes interesadas y sus propios intereses.

La medición de este efecto económico se puede obtener si tomamos el dato del gasto en defensa militar, seguridad nacional e inversión tecnológica en cada país. Sin embargo, el sufrimiento humano devastador de las pérdidas humanas, los daños económicos a largo plazo en la infraestructura del país no son fáciles de cuantificar.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), fundado en el Reino Unido en 1958, se encarga de realizar reportes anuales sobre hechos, a nivel mundial y con enfoque regional, sobre los conflictos armados en el mundo. En el balance anual de 2016, el IISS presentó el top 15 de los países con mayor presupuesto de defensa en el mundo. Los primeros cinco lugares son encabezados por Estados Unidos con un presupuesto de $604.5 billones de dólares. En segundo lugar, China con $145, Rusia con $58.9, Arabia Saudita con $56.9 y Reino Unido con $52.5. Es impactante destacar que el presupuesto de nuestro vecino del norte equivale al de veinte países más y al doble del presupuesto del resto del mundo.

En estos presupuestos no se incluyen los costos potenciales a largo plazo, como los gastos médicos de soldados y veteranos heridos en guerra. Tampoco se incluye los pagos de intereses sobre la deuda contraída por el exceso de gasto, así como los pagos de sueldos en operaciones militares de rutina y prácticas. Dichos costos de pueden transferir a generaciones futuras, disueltos en la deuda total nacional.

Por otro lado, la Universidad de Brown presenta la integración del costo económico y social de la guerra, acumulando al presupuesto el número de personas en deceso, incluyendo militares, civiles, trabajadores humanitarios, prensa y oposición. El número asciende a $4.79 trillones de dólares al tomar en cuenta programas de salud y de integración social.

Siguiendo el mismo ejemplo, la Universidad de los Andes en su estudio “Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia” se detallan las externalidades de los conflictos bélicos, como la disminución de actividad empresarial, salida de empresas del mercado, disminución del PIB, aumento de impuestos, así como el daño al medio ambiente por nuevas amenazas biológicas.

El New York Times realizó un estudio en donde establece el “trade off” en el destino de recursos provenientes de impuestos a otras causas en lugar de ser parte del presupuesto de defensa en los Estados Unidos. Los datos arrojan que con los fondos recaudados se podrían generar trabajos, apoyar a estudiantes universitarios y servicios médicos a niños. Para ser parte de los costos de oportunidad, la ventaja de participar en conflictos debe de ser predominantemente mayor a la segunda mejor opción.

Pero a pesar de los datos contundentes, sigue quedando sin responder el cuestionamiento sobre cuánto equivale la pérdida humana y los daños potenciales a civiles: familias y comunidades enteras que nunca pidieron ser parte del conflicto. Visto desde otra perspectiva, nos podríamos preguntar entonces ¿cuál es el costo de la paz? Y reflexionar sobre el derecho que tiene un país en defender a su nación y contra atacar para buscar el beneficio mayor sobre su comunidad. Parece ser un círculo vicioso del que no es tan fácil salir con una respuesta directa.

Desde mi punto de vista, todavía no existe una cifra que englobe el valor de un ser vivo y sin duda el costo de la guerra bajo ningún presupuesto o medida, podrá totalizar las pérdidas potenciales de una región o nación.

La autora es profesora del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey. 

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.