Monterrey

El anzuelo

OPINIÓN. El espionaje ha existido, existe y existirá. Desde luego eso no justifica que se pueda llevar acabo y al revés, se debe llevar a cabo con los enemigos del Estado.
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Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
26 junio 2017 8:11 Última actualización 26 junio 2017 8:45
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

En días pasados, el New York Times soltó una bomba: en México se intervienen teléfonos de periodistas, luchadores sociales y otros líderes de opinión. El modus operandi era enviar textos con mensajes como anzuelo para que hicieran click en un link y se instalara un malware.

Por supuesto que a nadie le gusta que se entrometan en sus actividades profesionales y menos aún en su vida privada.

Pero ¿realmente nos extraña? A mí no. El espionaje ha existido, existe y existirá. Desde luego eso no justifica que se pueda llevar acabo y al revés, se debe llevar a cabo con los enemigos del Estado (mas no con la oposición al gobierno en turno. Mas en un momento).

Adicionalmente a la molestia, -cuando menos- que les causa (espero que no sea “nos causan”) quizá todavía más importante sea lo que no se lleva acabo.

Me refiero a que probablemente el software tan complejo y costoso que se supone sólo puede ser adquirido por Gobiernos, efectivamente haya servido para capturar a algún o algunos de los objetivos de alto impacto de la lista pero ¿qué pasa con otros que, si bien no están en la lista, casi que debieran estarlo? No son otros que los ex gobernadores, su séquito y las estructuras de los partidos políticos (y sus séquitos también).

Vamos con los primeros: los gobernadores. Ellos pueden hacer y deshacer a sus anchas durante el tiempo que les dura su puesto. Estamos hablando de seis años. Y todo sereno.

¿Cómo es posible que ninguna instancia, ya no digamos de seguridad sino que haga un mínimo contrapeso, se de cuenta? Aceptando sin conceder que es más efectivo en el combate a la delincuencia el avocarse a los mencionados objetivos, de que esos políticos (de todos niveles) tienen impacto en la sociedad, lo tienen.

Luego entonces, ¿cómo pasa tanto tiempo en el que son los reyecitos de la creación en su estado, pero ya que salen se revelan como lo que son: criminales?

Respecto de las estructuras de los partidos políticos: Una cosa es que no se espíe a la oposición y otra es que los partidos políticos que se la pasan de cochupo en cochupo con la delincuencia organizada: total nadie los vigila. O lo que es lo mismo, una cosa es Juan Domínguez y otra cosa es otra cosa.

No hace falta recordar la larga lista en la que aparecen siniestros personajes de la mano de los próceres en proceso que se sienten los candidatos. Y ciertamente no son candidotes: saben perfectamente con quien se alían.

Mal por el espionaje pero también hay que reconocer la amplísima libertad de expresión de la que gozamos en el país. Ya da pena ajena de las burlas contra el Presidente. Además se puede opinar sobre lo que se quiera. Por lo tanto ¿para qué espiar?

Al Estado lo debemos defender, todos, no nadamás el que está en el momento gobernando. Ésos van y vienen, nosotros aquí estamos. Y tenemos que pagar su manutención.

PS. ¿Así o más claro? El PT y Morena no ocultan su pasión por el Chavismo. Luego no estemos con lamentos si acabamos como Venezuela.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Em- presas, en el IPADE. Se desempeñó como Director Gen- eral de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcio- nar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.