El Acuerdo Comercial EU-MX y el Clúster Automotriz de NL
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El Acuerdo Comercial EU-MX y el Clúster Automotriz de NL

En un país donde la ley es letra muerta, se protegía la certidumbre jurídica que los grandes capitales requieren para realizar sus inversiones.

Opinión MTY Entrada libre Sergio López Ramos
04/09/2018
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Sergio López Ramos.Fuente: Cortesía

A principios de la década de los noventa del siglo XX, el entonces Presidente de México Carlos Salinas de Gortari emprendió un proyecto para reconstruir los pilares del Estado mexicano en dos esferas, una nacional y otra internacional. En la primera, se realizó una serie de reformas estructurales de corte neoliberal que modificaron de forma dramática el modelo de desarrollo nacional. En la segunda, se negoció y se firmó con Estados Unidos y Canadá la firma de un Tratado de Libre Comercio de América del Norte que le brindó a México la certidumbre jurídica y legal necesaria para incentivar las inversiones internacionales en el país. En un país donde la ley es letra muerta, se protegía la certidumbre jurídica que los grandes capitales requieren para realizar sus inversiones.

Por eso, la eventual conclusión de las negociaciones de un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y México que reemplazaría el tratado vigente nos dejan una estela de interrogantes que parten del desconocimiento del texto actual propuesto, las modificaciones que este podría tener como resultado de la incorporación de Canadá y, sobre todo, por la falta de información que nos permitiría analizar los efectos que un nuevo acuerdo comercial puede generar en la economía de los ciudadanos y los posibles efectos políticos y sociales.

Es necesario resaltar que el anuncio conjunto de la Casa Blanca y Los Pinos de la semana pasada tuvo como objetivo comunicar que los Estados Unidos y México habían alcanzado, finalmente, un acuerdo preliminar. Es decir, todavía no hay un acuerdo final entre las partes.

Sin embargo, el brindis con Tequila del Presidente Peña, y que fue festejado por los principales medios de comunicación mexicanos, se ha topado con un frío recibimiento de la opinión pública canadiense.

Diversos analistas canadienses cuestionan que sus contrapartes mexicanas hayan aceptado realizar tres cambios que afectarían a los consumidores de los Estados Unidos, de México y eventualmente, de Canadá. Estos cambios son: a) elevar a 75 años los derechos sobre la propiedad intelectual, lo que permitiría expandir la protección a las empresas farmacéuticas y causar un impacto en el precio final de los medicamentos; b) un aumento en el límite de compras que los mexicanos pueden realizar en los Estados Unidos y en línea, lo que significa en términos reales un detrimento para las empresas mexicanas ante la imposibilidad de competir con compañías americanas; c) la desaparición del capítulo 19, referente a los mecanismos anti-dumping y que en su momento fue una de las principales demandas del Gobierno de Canadá; y d) la posibilidad de un incremento en los precios finales de los automóviles producidos en Estados Unidos y México.

Pero no solo eso. Como señala Luis Rubio, hay otras dos novedades que conocemos del acuerdo alcanzado y que podrían generar mayor incertidumbre en la industria automotriz y en el clima de inversiones del país. La desaparición del capítulo 11, y que en su momento fue el corazón del TLCAN para México, generaba una normativa y mecanismos de certidumbre a las inversiones extranjeras en un país con un endeble Estado de Derecho. En segundo lugar, se decidió limitar la exportación de vehículos producidos en México, una de las industrias con mayor dinamismo de Nuevo León y de México.

Este escenario arroja una serie de interrogantes a los integrantes del Clúster Automotriz de Nuevo León, sobre todo en la búsqueda de alternativas que le permitan a la industria regional consolidar su competitividad y alcanzar nuevos mercados regionales.

El autor es Politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Opine usted: slramos2020@ gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.