Ejecutivos Oportunistas… ¡Y ni de la familia son!
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Ejecutivos Oportunistas… ¡Y ni de la familia son!

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Monterrey

Ejecutivos Oportunistas… ¡Y ni de la familia son!

OPINIÓN. Es que, como socios, mientras no nos afecte en el bolsillo, no “hurgaremos” en las finanzas u operaciones.

EMPRESAS FAMILIARESRosa Nelly Trevinyo-Rodríguezrosanelly@trevinyorodriguez.comfacebook: /doctoratrevinyotwitter: @doctoratrevinyopag web: www.trevinyorodriguez.com
08/03/2017
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Cuando en aras de institucionalizar y dejar “trabajar” a los ejecutivos no-familiares nos despegarnos por completo de la administración, el gobierno y la gestión de la empresa familiar, no sólo nos volvemos cómodos e indiferentes, sino que al cabo del tiempo, pasan “cosas extrañas” y se construyen películas de terror.

Y es que, nuestros ejecutivos no-familiares pueden ser los más experimentados y profesionales del mundo, los más leales y bien intencionados, pero al igual que pasa con nuestros políticos: el poder corrompe, la propiedad psicológica se desarrolla (nos sentimos y creemos dueños de algo al 100 por ciento sin serlo), y la toma de decisiones se sesga—a favor de quien las toma. Si a esto añadimos el pensamiento egoísta y fuera de contexto de “yo soy quien está trabajando para mantener a la familia propietaria”,… tenemos un caldo de cultivo seguro para que el “maleficio” se concrete.

Y, aunque existen sus contadas excepciones, suele suceder que cuando uno o varios directivos no tienen la obligación de reportar resultados, cuando no se les evalúa ni adecuada, ni inadecuadamente, y cuando al final de cuentas no tienen que consultar a los socios (accionistas: familia propietaria) ni informarles sobre sus decisiones de inversión trascendentes, la empresa corre ¡grave peligro!

Y digo “la empresa” y no los dueños, porque contar con ejecutivos a los que hemos dejado hacer y deshacer sin informar, tomar decisiones como si el negocio familiar fuera suyo y saltarse todo reporteo posible; lleva, al cabo del tiempo, a que se implementen estrategias fallidas, se realicen malas inversiones y se proyecten resultados incorrectos (presupuestos).

¡No hay gobierno! Sin embargo, aún en este escenario, resultará que… los dividendos NO DECRECEN ¿Raro no?

Y es que, como socios, mientras no nos afecte en el bolsillo, no “hurgaremos” en las finanzas u operaciones. Lo lamentable es que así, pueden pasar años. Tiempo precioso en que los ejecutivos oportunistas “se sirven con la cuchara grande” y la empresa se debilita.

Para que esto no te suceda, te recomiendo lo siguiente:

1.- Impulsa estructuras de gobierno tanto en la empresa como en la familia empresaria (Gobierno Corporativo y Gobierno Familiar).

2.-Gobierno Corporativo: Promueve la realización de Asambleas de Accionistas formales y participa ellas.

3.-Gobierno Corporativo: Prepárate para pertenecer y agregar valor en el Consejo de Administración. Si no te gusta o no sabes, contrata a un representante de confianza para que te explique lo que ahí sucede y cuide tus intereses ¡Pídele información y cuentas claras! Su deber será impulsar la estructuración e institucionalización del negocio.

4.-Gobierno Familiar: Fomenta la sana convivencia en la familia empresaria; es relevante que se generen los foros de comunicación adecuados (Asamblea de Familia y Consejo de Familia).

5.- Gobierno Familiar: Desarrolla el Protocolo Familiar; involúcrate en la generación de acuerdos y cúmplelos.

6.- Gobierno Corporativo y Gobierno Familiar: Ten paciencia. Es un proceso largo que indudablemente implica tiempo, dinero y esfuerzo. Y es que, no se puede cambiar la situación de la noche a la mañana (lleva años gestándose).

En resumen: ¡La propiedad no es delegable! Como dueños, la responsabilidad del negocio familiar recae en nosotros.

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.