Monterrey

Educación: la solución siempre postergada

OPINIÓN. Los ciclos de pobreza propuestos por algunas teorías sociales, o la definición de “clases sociales” aún utilizada por políticos para etiquetar a una persona, se destruyen cuando se permite el acceso a medios educativos y de salud de calidad a todos los miembros de una sociedad.
UANL OPINIÓN ACADÉMICA 
Jorge O. Moreno Treviño
10 marzo 2017 9:42 Última actualización 10 marzo 2017 10:0
Columnista

Jorge O. Moreno, Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL

Una de las preguntas que me motivaron a elegir la carrera de economía fue la capacidad de contar con un marco para entender los elementos que determinan la pobreza y la desigualdad de una sociedad. Y es que una vez analizadas las definiciones y dimensiones de estos fenómenos, es posible desarrollar los mecanismos que promuevan el desarrollo de aquellas personas en condiciones de mayor vulnerabilidad. Hoy, el tema de análisis de pobreza sigue siendo fundamental para cualquier científico social, la solución fundamentalmente no ha caminado, pero mi perspectiva sobre la naturaleza de dicha respuesta es diferente y es motivo de la presente columna.

El capital humano, concepto originalmente propuesto por Theodore Schultz (Premio Nobel, 1979) y desarrollado a nivel teórico y empírico por Gary Becker (Premio Nobel, 1992), constituye el acervo de características intrínsecas a una persona (como su educación, salud, y motivación) cuya acumulación, desarrollo y fortalecimiento están destinado a incrementar su capacidad de crear, innovar, y producir, incidiendo en su calidad de vida presente y futura.

De esta forma, los ciclos de pobreza propuestos por algunas teorías sociales, o la definición de “clases sociales” aún utilizada por políticos para etiquetar a una persona, se destruyen cuando se permite el acceso a medios educativos y de salud de calidad a todos los miembros de una sociedad. La educación mejora las condiciones de vida de las nuevas generaciones a través de mejores decisiones y mayores habilidades científicas y productivas, fomentando la movilidad social de sus miembros, y rompiendo con el viejo paradigma de perpetua pobreza y desigualdad. Esto es, el capital humano es elemental en el desarrollo de una economía fundamentada en la libertad e igualdad de oportunidades.

No obstante el contar con una llave maestra para romper los ciclos de pobreza, la educación ha sido desde hace muchas décadas parte de lo que especialistas definen como nuestra “catástrofe silenciosa”: un sistema educativo atrapado en una perenne reforma que, sin resultados tangibles y más allá de proveer la formación mínima necesaria en campos básicos como el idioma español y las matemáticas, es incapaz de proporcionar los elementos necesarios para fomentar el interés por el arte, la cultura, y la tecnología.

En términos de la contribución de la ciencia económica al entendimiento de la educación, en las últimas décadas se han realizado grandes avances para comprender el proceso de creación de conocimiento de una persona, identificando la importancia de las habilidades innatas y adquiridas por los individuos a lo largo de su vida.

Estudios realizados por James Heckman (Premio Nobel, 2000), en los cuales se combinan los fundamentos de adquisición de conocimiento con métodos cuantitativos rigurosos para identificar los procesos cognitivos asociados, han demostrado que las habilidades adquiridas en la infancia temprana de una persona (del nacimiento hasta los 3 años) constituyen el componente fundamental en la adquisición de educación futura. Esto es, la educación infantil temprana es, desde un punto de vista económico y financiero, la intervención con mayor efectividad en términos de impactos de largo plazo en la vida de una persona. Así, para Heckman, los resultados anteriores no sólo complementan las teorías asociadas a la adquisición de conocimiento, sino que provee una luz en términos de las políticas públicas efectivas a ser implementadas para erradicar la pobreza de un país, y en donde el fomento a la educación infantil temprana podría romper otros ciclos intermedios, como por ejemplo el que existe en hogares donde padres con escaza educación no poseen las herramientas para proveer estos fundamentos a sus hijos, limitando potencialmente su capacidad de desarrollarse profesionalmente. 

La educación a nivel básico es el resultado de múltiples dimensiones e incentivos incluyendo el entorno social y económico que rodea a los estudiantes, los programas y materiales desarrollados, el desempeño y trabajo de los maestros en el salón de clase, el trabajo de tutoría que los padres realizan con sus hijos en el hogar, y la motivación intrínseca que cada alumno deriva del proceso de aprendizaje. No obstante lo complejo que resulta su análisis y entendimiento, es fundamental regresar a la educación al centro del diseño de políticas públicas efectivas para erradicar la pobreza y actuar inmediatamente, ya que los costos sociales y políticos de no realizar estos cambios son enormes.

Sobre el autor: Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.