Monterrey

Economía y deporte: sobre grandeza, campeonatos y ROAs

OPINIÓN. Siendo Nuevo León un estado de gran tradición deportiva, donde sus equipos representativos a nivel profesional y universitario levantan pasiones, medir la efectividad del equipo de nuestros amores, comparativamente a sus rivales, es una pregunta con enorme contenido deportivo, pero también financiero, económico y social.
UANL OPINIÓN ACADEMICA
Jorge O.Moreno
16 junio 2017 10:14 Última actualización 16 junio 2017 10:30
Columnista

Jorge O. Moreno, Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL

De la mano al desarrollo económico y los indicadores de productividad y bienestar social, para el ciudadano común un referente utilizado para comparar y enaltecer el orgullo entre ciudades es la calidad de sus equipos deportivos.

De Barcelona y Madrid, con sus equipos definiendo estándares en el futbol internacional; Boston, Chicago y Nueva York, disputando la tradición beisbolera con sus Medias Rojas, Cachorros, Medias Blancas y Yankees, hasta nuestro entorno local con Rayados, Tigres, y recientemente Santos, comparar la grandeza de los equipos deportivos es tema obligado en la discusión de sobremesa.

Siendo Nuevo León un estado de gran tradición deportiva, en donde sus equipos representativos a nivel profesional y universitario levantan pasiones que trascienden generaciones, medir la efectividad del equipo de nuestros amores, comparativamente a sus rivales, es una pregunta con enorme contenido deportivo, pero también financiero, económico y social.

Recientemente se vivió una final de futbol enfrentando a dos equipos con gran tradición y vinculados a dos de las grandes metrópolis de México: Tigres de la UANL y Chivas de Guadalajara. De manera natural, la comparación de equipos surgió como tema en medios. ¿Qué criterio se puede utilizar para medir esa “grandeza” entre equipos?

Y es que aún utilizando criterios basados únicamente en el desempeño deportivo, el número simple de campeonatos obtenidos es un indicador incompleto del “valor profesional” del equipo, ya que ignora factores como su edad, el número de competidores en el torneo, o el cambio en la frecuencia y duración de los mismos. Por ejemplo, si consideramos los campeonatos obtenidos únicamente durante los torneos “cortos” (42 disputados en total) y controlando por el número de participaciones en dichos torneos de los equipos actualmente en primera división, el ordenamiento de los equipos revela que Toluca, Pachuca, y Santos son los equipos con mejores resultados relativamente al resto de sus actuales rivales. Si, por otra parte, se pondera los campeonatos obtenidos por la participación relativa de cada equipo en cada tipo de torneos (considerando únicamente torneos “cortos” y “largos”), entonces el ordenamiento de los equipos sitúa al América, Cruz Azul, y Guadalajara en los primeros tres lugares de rendimiento, y de los equipos locales, Tigres se sitúa en octavo lugar con respecto a todos los equipos restantes.

Por otra parte, si nos movemos al ámbito financiero, utilizar un criterio como “la nómina” o “gasto en contrataciones recientes” como variable para medir la grandeza de un equipo es una métrica incompleta, ya que no considera la eficiencia de esos gastos o la rentabilidad de dichas contrataciones vistas como inversión productiva. Por ejemplo, la adquisición de un nuevo jugador puede incrementar la demanda por boletos a cada partido o en abonos para todo el torneo, lo cual de manera directa incrementa los ingresos de la franquicia y se traduce además en una reducción en el riesgo de los mismos (al adquirirse asientos por “adelantado”). Si a eso le agregamos los efectos marginales en ingresos relacionados a ventas de artículos promocionales como playeras oficiales, suvenires, etc., esta contratación se traduce en un incremento en las ganancias reflejado en los estados de resultados, que induce a un incremento en el rendimiento sobre los activos de la franquicia deportiva a sus respectivos dueños.

En términos económicos, los aspectos financieros deben ser complementados también con las externalidades positivas que generan y el compromiso social que añade valor a la marca. Por ejemplo, muchos estudios recientes en marketing han sido dedicados a estudiar el valor que añade a una empresa contar con un compromiso social definido.

Esto es, el precio final que uno está dispuesto a pagar por el producto que uno consume no sólo es el resultado del valor de consumo directo de la mercancía, sino además, la “experiencia” que se genera al consumirlo en caso de que ese producto contribuya a una causa social justa, como reducir la desnutrición de los infantes, o promover su educación.

Así, para medir el valor de un equipo deportivo no debe considerarse únicamente sus resultado, o los aspectos asociados a la “oferta” definida por sus costos y administración efectiva, sino también, cuantificar la “demanda” del mismo, quien está fundamentalmente representada por su activo más importante: su afición.

Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.