Economía solidaria
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Monterrey

Economía solidaria

OPINIÓN. El avance necesario no parece depender de un nuevo partido o dirigente en el poder, claro que le caerían muy bien al país autoridades capaces y honestas y que como sociedad debemos exigirlas, pero mientras eso sucede, el actual sistema económico requiere de un refuerzo solidario.

OPINIÓN ACADÉMICA TECNOLOGICO DE MONTERREYJosé Salazar Cantú
26/12/2017
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Recientemente fui invitado a exponer el tema de economía solidaria a un grupo de personas que se reúnen una vez al mes a discutir ideas en torno a la libre empresa.

Mi punto de partida fue el pasaje de Rousseau, escrito en 1754, sobre la cacería de un ciervo por parte de un grupo de humanos, en aquella etapa de la evolución en que el humano empezó a hacer equipo para sobrevivir.

En dicha historia, el también autor del Contrato Social, estimaba que si al estar a punto de cazar al ciervo, aparecía más al alcance un conejo, ninguno de los cazadores se detendría a darle alcance a éste y así satisfacer su necesidad individual, sin importarle que, ante dicha acción, el ciervo se espantara, huyera y el grupo se quedara sin la presa mayor.

El dúo libre empresa y capitalismo, ha significado quizá la mayor creación de riqueza en la historia de la especie humana. Por su parte, el dominio de los sistemas democráticos en el último siglo, también llevó a que los países establecieran pautas sociales e instituciones garantes de ciertos derechos para sus miembros, que toda vez cumplidos, permitieran un acceso más probable a la justicia social y la paz, necesarias para el propio progreso económico.

Las últimas tres décadas han sido escenario de un progreso importante en materia de cumplimiento de los derechos sociales en México, por su parte, también han dejado en claro que viene la parte más difícil. Se ha podido cortar el fruto más al alcance, pero llegar al que aún pende del árbol, requerirá estrategias más audaces.

En términos de los parámetros contemplados en el artículo 36 de la Ley General de Desarrollo Social, mínimos establecidos por los representantes mayoritarios de nuestra sociedad y que significan derechos sociales elementales, en 2016, de cada 100 mexicanos: 15.5 no tenía acceso a servicios de salud; 17.4 exhibía rezago educativo; 12 observó carencia de calidad de construcción en su vivienda; 55.8 no contó con acceso a la seguridad social; 20.1 carecía del acceso a la alimentación; y 19.3 no contaba con los servicios básicos en su vivienda.

Los avances hacia el ideal social, marcado en la ley, es muy relevante, también lo es el trecho que, como puede leerse en estos números, aún debemos recorrer, los excluidos aún son decenas de millones.

El dúo libre empresa y capitalismo nació en el seno de sociedades menos desiguales que las actuales, hoy los amplios grupos en pobreza y los altos niveles de desigualdad, están disminuyendo su potencial. En el punto donde se encuentra actualmente México, el esfuerzo público parece haber llegado a su límite, la desigualdad de la carga impositiva es mucho más pronunciada que la desigualdad de ingresos, el gasto social ha logrado reducir las carencias en algunos de los rubros del desarrollo social, por su parte, en otros hay resistencias claras, tales son los casos de la carencia alimentaria y sobre todo de servicios sociales.

El avance necesario no parece depender de un nuevo partido o dirigente en el poder, claro que le caerían muy bien al país autoridades capaces y honestas y que como sociedad debemos exigirlas, pero mientras eso sucede, el actual sistema económico requiere de un refuerzo solidario.

¿En qué consiste? En transitar del egoísmo a la solidaridad, como lo hacemos con frecuencia en lo familiar; del trabajo precario al decente, cumpliendo como patrón y como trabajador; de la desigualdad distributiva a la integración, no evadiendo la carga impositiva que nos corresponde, equilibrando las condiciones del crédito a los diferentes estratos de ingresos; de los fines individuales a los colectivos, organizando nuestros barrios, participando en su cuidado y aumentando nuestro comportamiento ciudadano; del consumo superfluo al responsable, aumentando nuestra capacidad de ahorro y facilitando el crédito solidario entre nosotros, cumpliendo puntualmente con nuestros compromisos de pago de deuda; de la competencia de mercado al comercio justo, sin engaño y observando los límites del desarrollo medioambiental; y de la visión de corto plazo a la del largo plazo, el sueño no se realizará de la noche a la mañana. Uno de los participantes a la reunión, lo resumió como: Capitalismo + cristianismo.

El autor es economista del Tecnológico de Monterrey, con Maestría en Economía y Doctorado en Ciencias Sociales de la UANL. Actualmente es Profesor Investigador del Departamento de Economía del Tecnológico de Monterrey, Miembro del SNI, nivel 1.

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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