Discrecionalidad en la función pública
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Discrecionalidad en la función pública

COMPARTIR

···

Discrecionalidad en la función pública

El sistema mexicano anda cojeando por la poca –casi nula- formalidad en rendición de cuentas; las muchas leyes y flacas sanciones, si las hay; y el abuso en la discrecionalidad de facto de cualquier puesto público.

Opinión MTY La Propia Política Sara Lozano
08/08/2018
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.
Placeholder block
Sara LozanoFuente: Cortesía

Domingo, tardeada, carnita asada, discusión informada entre jóvenes y adultos: ¿México o EUA? ¿Qué sistema de gobierno es mejor?

Algunas opiniones encontradas, pocas controversias, muchas aportaciones, idas y regresos al sistema electoral vs el de gobierno. Me quedo con la idea de haber logrado tres consensos: 1) el sistema de gobierno ampara los beneficios de cada modelo electoral, en ambos casos el modelo de México es mejor; 2) ya como gobierno activo, EUA es más efectivo; 3) la divergencia está en el modelo de evaluación de la función pública.

El sistema mexicano en la teoría nos parece mejor, complejo por ser más incluyente, en letra escrita hay más posibilidades de actuación e influencia tanto para la oposición como para las diversas minorías, tenemos regulaciones que garantizan su participación en la toma de decisiones y así, es posible generar líneas de acción –políticas públicas- incluyentes. Pero el sistema mexicano anda cojeando por la poca –casi nula- formalidad en rendición de cuentas; las muchas leyes y flacas sanciones, si las hay; y el abuso en la discrecionalidad de facto de cualquier puesto público.

En EUA si un funcionario llega por designación de directa, (sin proceso de selección formal) y resulta ineficiente, hay sanciones para el incompetente y para quien lo designó. Esto es, si un secretario de educación designado por el presidente no da el kilo, el sistema de gobierno contempla sanciones formales que son disuasivas para ambos: jefe y designado, pero también el sistema político les cobra factura cara de frente a una población afectada. No son las organizaciones de la sociedad civil, ni la desafección política, es el propio sistema el que contiene los abusos y exige la rendición de cuentas a la función pública. Esto sin demeritar el trabajo de las OSCs norteamericanas.

En México estas formas de incompetencia, intencionales o no, se diluyen entre explicaciones complejas, compadrazgos, estadísticas manipuladas y nuevas designaciones lejos de los medios de comunicación. Siguen sonando apellidos de abolengo político, generación tras generación, en puestos clave sin exigencias ni sanciones, sólo se les pide discreción; como si formaran parte de algo parecido a una monarquía en la que príncipes y princesas, por sangre, tienen asegurado un lugar en la dinámica política del país.

La discrecionalidad es útil e incluso deseable cuando una persona que va a dirigir trae a su propio equipo para asegurar la operación de áreas estratégicas y sensibles. La discrecionalidad a lo bruto, el abuso de esta atribución para anteponer compromisos e intereses privados a los públicos daña y tristemente impera en México a diferencia de EUA.

Imaginemos qué sería de nuestro sistema de gobierno si cada persona electa tuviera la obligación jurídica de rendir cuentas por el quehacer de cada persona que designe discresionalmente. Esto es, en un inicio dar cuenta de sus competencias, experiencia y formación antes de designarlo, tener elementos para defenderle públicamente, pero también en funciones asumir la responsabildid tanto de de logros y como de fracasos.

Que sería de nuestro modelo de gobierno si cada designación discrecional tuviera como antecedente un proceso de selección formal que abarcara evaluaciones y criterios de formación académica, conocimiento del área y del puesto, competencias ejecutivas, perfiles psicométricos y la experiencia, como se da en el Servicio Profesional Electoral Nacional en México. Imaginamos algo así como un pool de asesores para el congreso, otro para las delegaciones federales, para las secretarías de estado. Y que la discrecionalidad aplicara sólo entre esa masa crítica de conocimiento y profesionalismo probados y, de no ser así, la persona a cargo tuviera que justifiicar otro tipo de discrecionalidad para la integración de su equipo.

Así imaginando pasamos un domingo enriquecedor, pero el lunes nos sorprendió la noticia de la designación del titular de la SEDET en Nuevo León, con cuestionamientos tan similares a las reflexiones vertidas. El martes, también trajo sus sorpresas y no dudo que así seguirá el resto de la semana.

La autora es Consejera Electoral en el estado de Nuevo León y promotora del cambio cultural a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Opine usted: loalsara@yahoo.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.