Monterrey

Diplomacia familiar… ¡cuidado con las formas!

Opinión. No basta con imponer, hay que convencer, proteger los intereses de la familia y de la empresa, fomentar las buenas relaciones, negociar e informar.
EMPRESAS FAMILIARES

ROSA NELLY TREVINYORODRÍGUEZ
rosanelly@treviyorodriguez.com
19 octubre 2016 11:55 Última actualización 19 octubre 2016 11:57
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Cuando hablamos de la empresa familiar, hay que tener claro que para avanzar y lograr buenos 80s con paz familiar, hay que cuidar las
formas
. Y es que, conforme más socios somos y más intereses están representados, más necesidad de informar, argumentar, negociar, lograr compromisos y alcanzar consensos.

Un fundador, en primera generación, hace y deshace; decide solo; impone. Un socio operador en segunda, tercera o subsiguientes generaciones debe consultar, convencer y acordar con sus accionistas antes de implementar en el negocio; es decir, debe ejercer la diplomacia familiar

La diplomacia familiar es, precisamente, el arte de manejar
adecuadamente las relaciones y negociaciones familiares-empresariales. Es la habilidad y el tacto necesario que todo líder de empresa debe tener para dialogar, convencer, lograr alinear posiciones
divergentes y “planchar” las decisiones patrimoniales, de gobierno o gestión importantes, sobre todo aquellas que afectan la paz familiar—por ejemplo: la reducción de dividendos; los cambios en los puestos directivos o de consejo; la incorporación de miembros de la familia en el negocio; los cambios en las políticas de operación o en la propia estructura organizacional; o simplemente, en el tipo o número de servicios que se prestan desde la empresa a los accionistas.

Suena fácil, ¿no? Al final, se trata de comunicar, comunicar y comunicar. No obstante, muchas veces, con la excusa de que “somos familia y nos tenemos confianza” , la diplomacia familiar SE OMITE ¡Se nos olvida cuidar las formas y los tiempos! GRAVE ERROR.

Y es que, en aras de avanzar, de profesionalizar e institucionalizar el negocio de familia, implementamos sin avisar, sin convencer y sin tener el visto bueno de los demás dueños … “Total, mis hermanos siempre me han dicho que sí” o “Mis tíos ni se enteran; ya no están activos” .
Sobra decir, que a nadie le gusta que jueguen con sus canicas y no le avisen. Por lo tanto, el conflicto familiar empresarial suele ser casi seguro.

Incluso, sucede de repente, que cuando los dueños ya no están involucrados en la operación, sino solamente en el Consejo o como accionistas, existen miembros de siguiente generación trabajando en
el negocio que en su afán de decidir pronto, descuidan el diálogo y el cabildeo pudiendo detonar “guerras familiares” y pérdidas empresariales.

Por todo esto y mucho más, la diplomacia familiar es compleja y en algunas ocasiones frágil. Adicionalmente, hay que enfatizar, que para que ésta funcione, se requieren dos elementos clave: Confianza en quien la ejerce (legitimidad del líder) y transparencia (compartir información en tiempo, forma y espacio). Realizar juntas fuera de las instalaciones o planchar las decisiones sólo entre unos cuantos, no conlleva a nada bueno.

En resumen , la diplomacia familiar- empresarial es una herramienta
indispensable en las familias empresarias multi-generacionales para lograr buenos 80s con paz familiar. No basta con imponer, hay que convencer, proteger los intereses de la familia y de la empresa, fomentar las buenas relaciones, negociar e informar. Concisamente,
hay que cuidar los tiempos, pero sobretodo, las formas.

¿Así o más claro?

* La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.