Monterrey

Dinero de campañas en México debe ir al Fondo de Reconstrucción. ¡Punto!

OPINIÓN. Cada vez hay más pruebas de que la corrupción y las donaciones no reguladas están ejerciendo una influencia indebida en la política y socavando la integridad de las elecciones.
DESDE TEXAS...
Javier Amieva
javier.amieva@hispanicinternational.com
25 septiembre 2017 0:51 Última actualización 25 septiembre 2017 0:51
Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos..

Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Si el Gobierno de México desea mantener liderazgo y credibilidad debe de encontrar la forma políticamente correcta de entregar el dinero de campañas políticas para la sobrevivencia y reconstrucción de los estados golpeados por los huracanes y los terremotos, de otra forma no podrá soslayar el cisma que se avecine.

La idea original en la reforma política del 77, era romper el monopolio del PRI y la dicotomía que en gubernaturas controlaban el país. Se ideó que debía de autorizarse la forma de crear más fácilmente partidos políticos y que había que fondearlos. Se dió vida a los diputados plurinominales y de un día a otro a los grupos de políticos, de líderes pero también de gangsters y charros sindicales que encontraron otro filón más para robar impunemente; hoy a 50 años de esas reformas todavía se conservan las figuras de los “plurinominales” que eran ideados para un balance del poder en tanto los partidos crecían, los fondeos a partidos para los “gastos de campaña”, para evitar lo que no se ha podido evitar; el entrometimiento de otros grupos de poder y solo es el erario y la democracia las que se han visto enflaquecidas.

Una de las formas de aportar fondos de empresas privadas también se aprobó; los concesionarios de servicios de telecomunicación otorgarían tiempo aire como obligación a las campañas; esto atenta contra la libre empresa, es una forma de otorgar subsidios a partidos y generalmente; la regla es que entre más descontento exista con el gobierno y los partidos más logra efectos negativos en el público y aleja a los jóvenes de la vida política. Es posible que la modernidad resuelva esto al ir cesando el uso de la TV y la radio; pero entonces los partidos exigirán más fondos.

En 1994 por razones del azar, presencié actividades de alto nivel del sindicato de maestros SNTE y por supuesto escuché y sufrí los ataques de la CNTE. En realidad, todos sabemos, que lo que se ha peleado ahí durante décadas es el botín de las aportaciones sindicales. Fue entonces cuando escuché que “formar un partido político era buen negocio”; los partidarios de la maestra Esther decidieron que así se haría; no solo lograrían conservar el poder sobre el sindicato y sobre las cuotas sindicales, sino que se asegurarían de tener una cartera de varios millones de afiliados entre maestros y las familias ¡un tesoro en votos!

Por otro lado, estimado lector, analicemos por un momento el documento de la ONU, firmado por Koffie Annan, respecto a las finanzas en los proceso políticos: A lo largo de mi carrera, he sido testigo del impacto negativo del dinero sobre política y la gobernanza. Cada vez hay más pruebas de que la corrupción y las donaciones no reguladas están ejerciendo una influencia indebida en la política y socavando la integridad de las elecciones.

En algunos países, el dinero del crimen organizado se ha infiltrado en la política para obtener el control sobre los funcionarios electos y las instituciones públicas. Estas amenazas a la política democrática ayudan a explicar por qué gran número de personas en todo el mundo están perdiendo la fe en los procesos democráticos, aunque la financiación de las campañas electorales y de los partidos juega un papel importante en el funcionamiento de la democracia, dinero no regulado en la política significa que el campo de juego político no será justo.

El crecimiento explosivo en los gastos de campaña alimenta la percepción de que la riqueza compra influencia y amenaza la igualdad política.

El abuso de los recursos estatales del partido gobernante para ponerse en una posición ventajosa también representa un problema serio. La falta de un terreno nivelado en el juego de la política electoral cercena la democracia y compromete el futuro de los funcionarios y la igualdad de participación y representación de todos los ciudadanos en los procesos.

En los últimos años se ha observado una creciente penetración del crimen y los fondos ilícitos en la política. En América Latina, África Occidental y en muchas otras partes del mundo, la financiación electoral es opaca y promueve oportunidades a la delincuencia organizada para ganar influencia sobre los funcionarios electos mediante el financiamiento de sus campañas.

Esto no sólo socava la democracia, la buena gobernanza y el Estado de Derecho, sino también genera consecuencias negativas para el desarrollo económico y el alivio de la pobreza, hoy también golpeada por la naturaleza. Hoy los partidos deben de dar consuelo a los caídos, créanme.

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.