Monterrey

Desigualdad y pobreza

Opinión. Una mayor desigualdad NO necesariamente implica, ni una mayor pobreza, ni una injusticia o inequidad, ya que cada agente económico percibe en el mercado su valor producto marginal.
COMENTARIO ECONÓMICO

MARCO A. PÉREZ VALTIER
​mperezv@perezgongora.com
09 noviembre 2016 10:29 Última actualización 09 noviembre 2016 10:31
Marco A. Pérez Valtier

Marco A. Pérez Valtier

El viernes pasado tuve la oportunidad de asistir al XXI Congreso Nacional de Economistas que tuvo lugar en Toluca, cuyo slogan fue “Recuperemos la Confianza” y tuvo como invitado de Honor al Premio Nobel de Economía 2015, Sir Angus Stewart Deaton, profesor escocés nacionalizado Norteamericano, por sus aportaciones
al estudio de la Pobreza y el Bienestar, plasmados entre otros escritos en su Libro, “El Gran Escape: Salud, Riqueza y los Orígenes de la
Desigualdad”.

Siempre es interesante escuchar a expertos economistas que se han
especializado en ciertas ramas de la ciencia económica, la “Reina” de las ciencias sociales, así como interactuar con colegas de otros Estados sobre tópicos de interés general.

Hablando del tema de la desigualdad, particularmente la distribución del ingreso nacional entre las familias, es lugar común acudir a la evolución
del “Índice de Gini” para concluir si la distribución del ingreso se está tornado más o menos “desigual”.

Básicamente, a mayor valor de este Índice, más desigual es la distribución del ingreso, lo que se traduce en que los más ricos tienen una mayor proporción del ingreso, y que los pobres tienen cada vez una menor tajada del ingreso nacional.

Sin embargo, estas herramientas metodológicas no nos aportan los
elementos necesarios ni suficientes para concluir que una mayor desigualdad en la distribución del ingreso, necesariamente nos conduce a una mayor pobreza, ya que debemos pasar de las cifras “relativas” a las cifras “absolutas” para determinar lo anterior.

Me explico, supongamos que el diez por ciento de la población más
pobre posee el 3 por ciento del ingreso nacional en determinado año, y
diez años después, se determina que ese 3 por ciento del ingreso se ha reducido a 2 por ciento, por lo que relativamente hablando, existe ahora
más desigualdad, ya que los más pobres tienen una menor proporción
del ingreso nacional.

Sin embargo, si analizamos los datos absolutos y nos damos cuenta que el 3 por ciento del ingreso de hace diez años representaba un ingreso por habitante de digamos 100 pesos, mientras que ahora, diez años después, el 2 por ciento del ingreso representa un ingreso por habitante de 120 pesos, debido a que el ingreso nacional ha crecido, entonces, aunque haya más desigualdad, la población más pobre tendrá mayores recursos económicos que le permitirán consumir más y acceder a una mayor cantidad y calidad de satisfactores, y de hecho tendrá mayores niveles de bienestar que hace diez años, a pesar de que ahora hay una mayor desigualdad en la distribución del ingreso nacional.

Obviamente, otro corolario del ejemplo anterior, es que los ricos están
mejorando su ingreso a un ritmo muy superior al que lo hacen los
pobres, por lo que la brecha entre los que más tienen y los que menos
tienen, se está ampliando, haciendo cada vez más desigual la distribución del ingreso.

Es como si en esta carrera de mejorar nuestro estándar de vida, el pobre va avanzando caminando, mientras que el rico va corriendo, por lo que se aleja más año con año.

La conclusión, entonces, es que una mayor desigualdad NO necesariamente implica, ni una mayor pobreza, ni una injusticia o inequidad, ya que cada agente económico percibe en el mercado su valor producto marginal, por lo que se ocupa, entonces, es apoyar y estimular el incremento en la productividad del factor trabajo, así como invertir más en educación, ya que estos elementos favorecen la movilidad social y el mayor ingreso.

Pero finalmente, como el mismo Sir Angus Deaton asienta: “Las líneas
de Pobreza son construcciones tan científicas como Políticas”.

* El autor es especialista en estudios económicos y de finanzaspúblicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.