Desigualdad y pobreza
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Desigualdad y pobreza

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Desigualdad y pobreza

Mientras que el pobre siga alcanzando mayores niveles absolutos de bienestar, el modelo económico puede seguir siendo sustentable.

Opinión MTY COMENTARIO ECONÓMICO Marco A. Pérez Valtier
09/05/2018
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Marco Pérez ValtierFuente: Félix Vásquez

Según un estudio de la Confederación Internacional Oxfam, la cual agrupa a 20 organizaciones no gubernamentales en más de 90 países del mundo, denominado “Una Economía para el 99 por ciento”, pone de manifiesto que en el mundo se viene gestando una creciente desigualdad, al grado que, desde el año 2015, el UNO por ciento de la población más rica del planeta, posee más ingreso que el resto de la población, y que tan solo las OCHO personas más ricas del mundo, poseen mayor riqueza que los tres mil 600 millones de personas con menores ingresos en el mundo.

Como el mismo Ex Presidente Barack Obama lo dijo en su último discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2016, “un mundo en el que el uno por ciento de la humanidad controla tanta riqueza como el 99 por ciento más pobre, nunca será estable”.

De hecho, esta creciente desigualdad en los ingresos de la población, se ha atribuido al modelo económico de libre mercado y a la globalización de la economía, situación que ha sido capitalizada por algunos grupos políticos para sacar a la Gran Bretaña de la Unión Europea, también para llevar a la presidencia de los Estados Unidos a Donald Trump y para buscar la independencia de Cataluña, por mencionar algunos ejemplos exitosos.

Resulta entendible que la globalización económica haya sido capitalizada en mayor medida por los grandes capitales, ya que son éstos los que poseen los recursos suficientes para las nuevas inversiones que demanda el crecimiento de los mercados en otros países, lo que finalmente conduce a mayores utilidades, mientras que los trabajadores, si bien se benefician también, lo hacen a un menor ritmo, lo que explica la mayor desigualdad del ingreso.

Es decir, mientras que el pobre avanza en bicicleta, el rico avanza en automóvil, y la distancia entre ambos se acrecienta.

Sin embargo, es importante señalar que este proceso de mayor desigualdad en la distribución de la riqueza, no necesariamente conduce a una polarización y a un rompimiento del sistema, ya que lo importante es que el pobre vaya teniendo un mejor nivel de vida.

Aquí es donde la diferencia ente lo absoluto y lo relativo se vuelve relevante.

Veamos, si el 10 por ciento de la población más pobre recibía antes el 4 por ciento del ingreso, y ahora recibe solo el 3 por ciento, en términos RELATIVOS estamos ante una mayor desigualdad en la distribución del ingreso, sin embargo, si antes el ingreso total era de 100 pesos y ahora es de 200 pesos, en términos ABSOLUTOS, los más pobres estarán mejor, ya que antes tenían 4 pesos de ingreso (el 4 por ciento de 100) mientras que ahora tienen 6 pesos (el 3 por ciento de 200), por lo que a pesar de recibir un menor porcentaje del ingreso total, el ingreso que perciben es mayor y por ende, su nivel de bienestar.

Adicionalmente al aspecto del ingreso, la medición de la pobreza también se modificó en nuestro país, para definir como “pobres” no solo a los que tienen un umbral de ingreso por debajo de la línea de bienestar, sino ahora también se consideran las “carencias” que entre otras, incluyen el acceso a la seguridad social, a la educación, a la salud, a la vivienda y sus servicios básicos.

De esta manera, si los pobres ahora tienen agua entubada, drenaje, energía eléctrica, escuela y centro de salud, cuando antes no tenían, se infiere que tienen mejores condiciones de vida, aunque su ingreso siga siendo insuficiente.

Es decir, también es importante considerar los servicios básicos de educación y salud a los que tienen acceso, situación en la que el gasto gubernamental tiene mucho que ver, ya que los programas sociales van dirigidos en mayor medida, a la población más necesitada.

El corolario, entonces, es que una mayor desigualdad en la distribución del ingreso, no necesariamente se asocia a una mayor pobreza, y lo importante es que, aunque el rico incremente su ingreso a un ritmo superior al pobre, el de éste siga creciendo y le proporcione un mayor nivel de bienestar.

Mientras que el pobre siga alcanzando mayores niveles absolutos de bienestar, el modelo económico puede seguir siendo sustentable.

El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio de Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Opine usted: mperezv@perezgongora.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.