Monterrey

¿Design thinking
en la empresa familiar?

Es más que una herramienta para promover la creatividad de nuestros colaboradores y la transformación del modelo de negocio; es una metodología que sólo cuando se aterriza al entorno laboral, empresarial y familiar ayuda a lograr un aprendizaje con cambios duraderos.
Dra. Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez*
09 abril 2014 14:4 Última actualización 09 abril 2014 14:41
gente buscando empleo

Hay que empezar con los dueños no con los productos, ni con el modelo de negocio. (Cuartoscuro)

Cuando se habla de “design thinking” la mayoría de los académicos y consultores lo utilizan como una herramienta para promover el pensamiento creativo y la innovación en el ¿Qué (producto o servicio)? ¿Cómo (actividades)? ¿Quién (clientes)? y ¿Cuánto (gastos e ingresos)?, de la empresa. Es decir, en el modelo de negocio.

Y aunque de entrada el concepto principal es este, pierden de vista que el “design thinking” es más que una herramienta para promover la creatividad de nuestros colaboradores y la transformación del modelo de negocio; es una metodología de aprendizaje que SOLAMENTE cuando se aterriza al entorno laboral, empresarial y familiar que vivimos, nos ayudará a lograr un aprendizaje en acción con cambios duraderos.

¿De qué nos sirve tener colaboradores creativos, que desarrollen productos y servicios excepcionales, si cuando éstos llegan a la dirección general o al consejo de administración son descalificados o relegados porque “el dueñ@ no está de acuerdo en modificar su producto ícono” o porque “es demasiado avanzado y el mercado mexicano aún no está preparado para ello”? ¡Sinceramente, colaboradores más frustrados no podríamos desarrollar!

Entonces ¿Cómo le hacemos para que esto del “design thinking” no sólo sea una “moda”, sino que realmente aplique en nuestro contexto? ¿Cómo lo aterrizamos?

Considerando que alrededor de 90 por ciento de las empresas en México son de trabajo, dirección o gobierno familiar—no sólo los micronegocios o Pymes, sino incluso los grandes corporativos—, y que la mayoría de éstos estarán enfrentando la transición generacional dentro de los próximos años, deberíamos enfocarnos no precisamente en modificar HOY el modelo de negocio de nuestra organización, sino en formar accionistas y directores generales abiertos al cambio, comprometidos con el desarrollo tecnológico e intelectual del país, que sepan trabajar en equipo con sus hermanos y/o primos, y que promuevan la diversidad y la profesionalización en sus consejos de administración. ¡Hay que empezar con los dueños no con los productos, ni con el modelo de negocio!

Por ello, estoy convencida de que los programas de formación en empresa familiar son determinantes (ejemplo: Programa Perpetuando la Riqueza Familiar 2014™) y deben enfocarse en utilizar el “design thinking” no sólo para desarrollar el potencial creativo o para cambiar el modelo de negocio, sino—y lo más importante—para definir cómo se involucrará la familia propietaria proactivamente en este proceso: Cómo aprenderá junta (compartir experiencias), cómo enfrentará la incertidumbre (definir acuerdos), cómo hará que la creatividad y la innovación “bajen” y se “aniden” en sus procesos de negocio (alinear con sistemas y formas de ser y hacer en la empresa familiar), y cómo impulsará el cambio social y tecnológico en México. ¡Y tengamos claro, que eso no sucede de la noche a la mañana! ¡A formarnos y a trabajar!

*Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados y fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey.