Democracia, populismo y economía de libre mercado
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Democracia, populismo y economía de libre mercado

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Democracia, populismo y economía de libre mercado

La enorme deuda externa contratada, el colapso petrolero y una mala administración, sumieron al país en crisis recurrentes que obligaron al cambio de modelo económico.

Opinión MTY COMENTARIO ECONÓMICO Marco A. Pérez
11/04/2018
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Marco Pérez ValtierFuente: Félix Vásquez

Una economía capitalista, o de “libre mercado”, se caracteriza porque los “medios de producción” pueden ser de propiedad privada, por lo que son los particulares los que toman las principales decisiones en materia económica, como lo son, qué, cómo y para quién producir, tomando como base la oferta y la demanda de los diferentes mercados, y su principal objetivo es el de generar y maximizar utilidades.

En México, si bien nuestro régimen económico es de libre mercado, el gobierno se ha involucrado como un importante actor dentro de la economía nacional, jugando un doble papel, pues además de rector de la actividad económica, es agente económico productor de bienes y servicios, y distorsiona de manera importante los mercados económicos.

Por muchos años, el gobierno federal no solo poseía el monopolio en la generación y venta de energía eléctrica y petrolíferos, sino que también producía acero, operaba aerolíneas, era dueño de todos los Bancos y a través de NAFINSA poseía una gran cantidad de empresas que competían directamente con el sector privado.

Esta tendencia “Estatizadora” e intervencionista que inició en los años setentas, ciertamente fue factible por la gran cantidad de dinero que generó el petróleo, y le proporcionó al estado mexicano una capacidad económica insospechada, al grado de que un ex Secretario de Hacienda llegó a declara que el problema del País era “Administrar la Abundancia”!!!

La enorme deuda externa contratada, el colapso petrolero y una mala administración, sumieron al país en crisis recurrentes que obligaron al cambio de modelo económico, y es así como Salinas inicia la reversión y empieza la venta de garaje, para devolverle al sector privado los espacios confiscados, sin embargo, las joyas de la corona, Pemex y CFE, no se pusieron en venta, pero sobre todo Pemex, dada la altísima dependencia de las finanzas públicas en los ingresos petroleros.

La CFE, como tradicionalmente se ha utilizado para literalmente “regalar” la luz a los hogares de bajos ingresos, (con cargo a los hogares de alto consumo), es literalmente una “papa caliente”, al grado de que este segmento no puede (ni podrá) ser privatizado, pues si liberalizando los precios de las gasolinas se armó un escándalo, si lo hacen con la luz, les incendian el país.

A Pemex se le protegió, inventando la ronda “cero” y mediante “dedazo” se le asignó más del 83 por ciento de las mejores y más promisorias zonas de desarrollo futuro, protegiéndola de la competencia, pero a la vez el propio gobierno se protegió, pues esas “asignaciones” mantienen el leonino régimen fiscal de pago de derechos, auto protegiéndose la SHCP.

Actualmente tenemos “populismo” económico en las tarifas eléctricas a los hogares de bajo consumo, (lo mismo sucede con las tarifas de Agua y Drenaje) y en general, con las ayudas, subsidios y gastos “sociales” que los gobiernos implementan, y que fácilmente se pueden desviar a fines electorales, buscando la preferencia de los electores.

El problema entonces, es el monto absoluto y el financiamiento del “populismo económico”.

En el año 2000, el Gasto Federal total fue de 1.2 millones de millones de pesos, y en este 2018 es de 5.3 millones de millones de pesos, es decir, en tan solo 18 años se ha multiplicado en más de 4.4 veces, y dicen que aún es insuficiente y que no alcanza.

Lo paradójico de este asunto, es que le número de mexicanos viviendo en pobreza muestra una correlación positiva con este indicador de gasto, pues siguen subiendo, a pesar del mayor gasto “social”, y la explicación es simple, con ayudas asistenciales no se saca a la gente de pobre, sino con crecimiento económico, y en ese renglón tenemos ya un gran rezago en lo que va del nuevo milenio.

Con la elevada inflación del año pasado, doble contra sencillo a que el número de pobres habrá crecido aún más, y si casi la mitad de la población está en esta condición económica, son un apetitoso caldo de cultivo para “vender” su voto al mejor postor, por lo que es necesario ponderar estos “riesgos” de la democracia.

Y que no se nos olvide, la crucifixión de Jesús, fue decidida “democráticamente”.

El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio de Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.