Monterrey

Decepción e ingobernabilidad

OPINIÓN. Es posible, que, de mantener la tendencia actual de inseguridad, el gobierno del Estado enfrente mayores cuestionamientos de parte de las cámaras empresariales, los partidos políticos del estado y los medios de comunicación.
ENTRADA
LIBRE

SERGIO
LÓPEZ
RAMOS​
31 mayo 2016 9:5 Última actualización 31 mayo 2016 9:14
Sergio  López Ramos

Sergio López Ramos

Después de doce años de sexenios panistas y tras una fallida, pero cruenta guerra contra el narcotráfico; la percepción internacional de México era que se había convertido en un lugar sumamente inseguro.
Por esta razón, una de las primeras acciones de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto fue cambiar la estrategia de comunicación en materia de inseguridad.

Durante los dos primeros años de la actual administración, los principales medios de comunicación transitaron de ser réplicas de periódicos de nota roja hacia una narrativa en la que se celebraban los acuerdos celebrados por los principales partidos políticos y la aprobación de una serie de reformas económicas y sociales que iban a mover a México.

El cambio en la narrativa nacional no fue suficiente para evitar que sucedieran hechos tan lamentables como la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa; el cual, aunado al escándalo de la “Casa Blanca,” evidenció que la inseguridad y la corrupción seguían siendo el gran cáncer por vencer, alimentando el malestar social con nuestra democracia.

En Nuevo León, la narrativa del éxito electoral de Jaime Rodríguez, la gran guerra que emprendió contra los partidos políticos y los medios de comunicación y, finalmente, la elección del “primer gobierno independiente” de Nuevo León no han sido suficientes razones para evitar que los índices de seguridad comiencen a remontar en la entidad.

De acuerdo con los resultados del Pulso Metropolitano de Seguridad, correspondiente al pasado mes de abril; únicamente el 8.8 por ciento de los ciudadanos opina que es “seguro” vivir en Nuevo León mientras que Fuerza Civil, el cuerpo de seguridad creado bajo la administración de Rodrigo Medina; redujo su confianza hasta un 19.5 por ciento. Es importante recordar que la actual administración estatal tuvo una de sus primeras crisis de gobierno con el motín en el penal de Topo Chico hace poco más de tres meses y en el que perdieron la vida 49 personas.

Es posible que los actuales índices de inseguridad no sean equiparables a los que se presentaron durante la administración pasada. Pero la seguridad es un elemento básico en toda sociedad democrática y que permite a los ciudadanos contar con las garantías necesarias para realizar cualquier actividad, incluida la participación ciudadana. El bono democrático y la confianza que los neoloneses depositaron en Jaime Rodríguez puede ser desperdiciado si la administración del estado no tiene la capacidad de diseñar e implementar políticas públicas que permitan erradicar las actividades de los grupos delictivos en el área metropolitana de Monterrey y en todo el estado.

Es posible, que, de mantener la tendencia actual de inseguridad, el gobierno del Estado enfrente mayores cuestionamientos de parte de las cámaras empresariales, los partidos políticos del estado y los medios de comunicación. Este ambiente es propicio para que los ciudadanos de pie, y sobre todo aquellos que votaron por Jaime Rodríguez; pongan en duda si existe una diferencia real entre los candidatos independientes y los candidatos de los partidos políticos.

Si las demandas ciudadanas en materia de seguridad no se satisfacen de forma eficiente, crecerá la espiral de malestar social en la entidad y la administración de Rodríguez Calderón enfrentará una crisis de gobernabilidad; lo que se traducirá en una mayor decepción social en nuestra democracia imperfecta.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey; consultor político de la firma internacional Global Nexus y cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.