Crítica al modelo económico neoliberal
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Crítica al modelo económico neoliberal

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Crítica al modelo económico neoliberal

El reto del nuevo gobierno radica en cumplir las enormes expectativas generadas, y además, consolidar un enfoque económico que, sin ignorar las ganancias generadas por el modelo anterior, corrija sus errores.

Opinión MTY UANL JORGE O. MORENO
07/12/2018
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Jorge O. Moreno.Fuente: Cortesía

Ha comenzado una nueva administración pública federal encabezada por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, y como lo prometió a lo largo de su campaña, ha comenzado a dar marcha atrás a reformas implementadas por el gobierno anterior, y a abrir flancos de combate directo para cualquier idea que en esencia sea considerada “neoliberal”. En plena deconstrucción y crítica abierta al considerado modelo económico anterior y a todo lo que ello representa, resulta relevante plantear una reflexión sobre la naturaleza y causa de los aciertos y errores de tal modelo, y escuchar las voces de quienes consideran que dicho enfoque sigue siendo válido como promotor de bienestar en un país en el largo plazo.

En primer lugar, considero que es importante señalar los fundamentos en los cuales se define el modelo económico neoliberal, con la finalidad de delimitar su discusión a dichos postulados y posteriormente discutir sus consecuencias, particularmente en el caso de México.

En general, se identifica como el modelo económico neoliberal al sistema de coordinación y asignación de recursos basado en una economía de mercado, fundamentado en la competencia y la apertura comercial, con una limitada participación del gobierno enfocada primordialmente en actividades necesarias para el sistema como la seguridad, la procuración de justicia, y la defensa de los derechos de propiedad, y con una participación reducida, pero existente, en la provisión de otros servicios como la educación, la salud, y la seguridad social. En todo caso, este enfoque también promueve la disciplina fiscal del gobierno, la regulación preventiva de riesgo en el sector financiero, y la autonomía de instituciones como el banco central, necesaria para garantizar la estabilidad en los precios y en general del sistema financiero.

Sin embargo, la percepción es de que “algo falló” en México. En primer lugar, junto con el modelo neoliberal implementado desde la década de los 80, hubo también un incremento en la corrupción e impunidad de delitos, muchas veces realizados por personas vinculadas a los distintos ámbitos de gobierno. Además, a pesar de la apertura e integración económica de país, la distribución de los enormes beneficios del crecimiento no ha sido percibida como igualitaria, incrementando el descontento de muchos con este régimen económico.

Tal vez el primer punto a destacar es que, como se enseña en un curso de estadística o econometría, correlación no es causalidad. Esto es, la corrupción observada en nuestro país no es un fenómeno que pueda asociarse únicamente al modelo neoliberal, pues históricamente ha existido en otros contextos y bajo otros modelos económicos, como en el sistema comunista, el sistema de intervención selectiva del estado, o incluso en un modelo capitalista con mínima regulación. Esto es, la corrupción no es un fenómeno asociado a un enfoque económico, sino a una falla fundamental en la procuración de justicia. En otras palabras, si queremos realmente terminar con la corrupción es necesario entender los incentivos que le generan, y corregir el sistema que permite su funcionamiento, operatividad, y ultimadamente, su impunidad.

En particular, el modelo neoliberal está sustentado en un supuesto que requiere abrirse y ponderarse para diferentes contextos sociales: el marco institucional en el que opera. Este último define los mecanismos a través de los cuales los miembros de una sociedad deciden sus opciones, desde la compra de un kilo de tortillas hasta quienes habrán de gobernarles, castigando y premiando con votos económicos o políticos.

Sin un marco institucional sólido y funcional, que proteja a sus ciudadanos a través de un gobierno que coadyuve a reducir costos de transacción, externalidades, y fallas de información, la optimalidad de las decisiones individuales no pueden traducirse en el bienestar colectivo idealizado como la “mano invisible” de Adam Smith, y que equivale teóricamente al “óptimo social de Pareto” donde nadie puede beneficiarse sin perjudicar a otro.

Y en eso radicó el error, si es que se puede definir como tal, al experimento neoliberal mexicano de los últimos treinta años: la incapacidad de generar esa legitimidad a su marco institucional y su procuración de justicia. El reto del nuevo gobierno radica en cumplir las enormes expectativas generadas, y además, consolidar un enfoque económico que, sin ignorar las ganancias generadas por el modelo anterior, corrija sus errores. El viaje ha comenzado, y todos somos pasajeros hacia el mismo destino.

El autor es Doctor en Economía por la Universidad de Chicago y Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.