Monterrey

Corrupción… ¿En la Familia Empresaria?

OPINIÓN. La corrupción existe en cualquier ámbito social, y la familia—en especial, la familia empresaria—no es la excepción.
EMPRESAS FAMILIARES
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
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18 octubre 2017 9:18 Última actualización 18 octubre 2017 9:18
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Cuando hablamos de corrupción, generalmente nos vienen a la mente nuestros más famosos políticos ¿o no? A veces, incluso, nos acordamos de uno que otro líder sindical que ha hecho historia gracias a las notas periodísticas que “destapan” su comportamiento amoral y poco ético.

Pero, ¿cuántas veces pensamos en nuestro cónyuge o hijos cuando se evalúan estos aspectos?

La corrupción existe en cualquier ámbito social, y la familia—en especial, la familia empresaria—no es la excepción. Y es que, para bien o para mal, los negocios, el dinero y el poder unen o desunen. Y cuando se trata de defender posiciones individuales, se utilizan métodos que dañan la autoestima, disminuyen la confianza, atenúan el compromiso y ponen en juego, el futuro del negocio.

La palabra corrupción proviene del latín “corruptio” y significa, en teoría, la acción o efecto de hacer pedazos algo de valor. En la práctica, la corrupción se caracteriza por tres elementos básicos: 1) una conducta premeditada que ejerce aquél que se encuentra en una posición de influencia o poder (emocional, económico, jerárquico); 2) cuya motivación es obtener un beneficio personal sin importar las consecuencias para los otros; 3) recurriendo a mecanismos no-convencionales y poco transparentes.

Cuando analizamos la dinámica familiar—la forma en que los miembros de la familia empresaria interactúan entre sí—, es posible encontrar ciertos tipos de comportamientos corruptos, como por ejemplo: La manipulación psicológica, el chantaje emocional y la conducta abusiva (física y/o verbal). Y, aunque en las siguientes columnas analizaré a fondo cada uno de ellos, a continuación describiré sus características esenciales.

•La manipulación psicológica: Se basa en la victimización y en la utilización del sarcasmo y el humor para criticar/minimizar a otros. Además, recurre a la tergiversación de los hechos; a la “creación” de situaciones y problemas inexistentes con soluciones engañosas y a los stand-by’s indefinidos—posponer conscientemente y con excusas la resolución de una situación para que la familia se acostumbre a vivir así (asuma el sacrificio).

•El chantaje emocional: Es utilizado durante períodos de cambio en el ámbito de la familia (i.e. divorcio) o empresa (i.e. redistribución de la propiedad). Se nutre del miedo, la obligación y la culpa. La idea del chantajista es amenazar, exigir y hacer sentir culpable y responsable a los demás por su situación. Algunas formas de ejercerlo son: mentir o no dar información completa (a los hijos; a los amigos) para dañar la reputación del otro; amenazar e atribuir todo lo malo que sucederá en un futuro al otro; castigar mediante el distanciamiento o la nula comunicación; dividir al núcleo familiar y buscar aliados entre sus miembros.

•La conducta abusiva (verbal y/o física): Tiene como finalidad anular al otro, haciendo pedazos su autoestima e identidad, de forma de que sea incapaz de protestar, recuperarse o arreglar la situación. Se recurre al uso de la fuerza y/o a la violencia verbal, fomentando la pobreza de espíritu, el auto-engaño, la culpa y el miedo. Al final no sólo se destruye la personalidad de la víctima, también se generan inseguridades en todos los que conviven a su alrededor.

Es importante aclarar que aunque estas conductas corruptas son recurrentes en situaciones conflictivas, algunas de ellas se ejercen como mecanismo diario de convivencia, volviéndose lastres emocionales heredables a los largo de las generaciones y causando, tarde o temprano, pérdidas millonarias para los negocios. ¡CUIDADO!

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.