Contagio financiero en mercados emergentes: ¿Quién sigue?
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Contagio financiero en mercados emergentes: ¿Quién sigue?

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Contagio financiero en mercados emergentes: ¿Quién sigue?

El sector financiero es extraordinariamente susceptible a choques.

Opinión MTY tecnologíco de monterrey Alicia F. Galindo Manrique
10/09/2018
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Alicia F. Galindo Manrique Fuente: Cortesía

La fragilidad financiera siempre ha sido parte de la esencia del mercado. El ciclo de euforia y estrés en los sistemas económicos es perpetuo y, a través de los años, se han detectado diferentes momentos en donde las crisis financieras arrasan con economías, siendo las emergentes las más afectadas. Ejemplo han sido las crisis de México 1994, Este de Asia 1997 y Rusia 1998, por mencionar algunas.

El sector financiero es extraordinariamente susceptible a choques. Una de las teorías que soporta lo anterior es que pequeños golpes económicos, que inicialmente afectan solo a algunas instituciones de la economía, se expanden por contagio al resto del sector financiero y luego infectan a una economía mayor. Cuando una región sufre una crisis bancaria, las otras regiones tienden a sufrir otras pérdidas porque sus activos —en las regiones afectadas— disminuyen su valor. Si el grado de epidemia es alto, puede pasar a regiones paralelas y, en casos extremos, la crisis pasa de región en región y se convierte en un contagio financiero mundial.

El ciclo se puede entender así: una economía emergente en crecimiento acelerado, y que depende fuertemente de préstamos extranjeros a corto plazo, comienza a tener problemas para solventar sus pagos de deuda. El siguiente paso es la vulnerabilidad del sistema financiero cuando los bancos y otras instituciones realizan inversiones usando el dinero prestado. Esto a su vez, ocasiona que las pérdidas dejen insolventes a los inversionistas o disparen demandas colaterales, forzándolos a preferir efectivo vendiendo activos en otros países. El tercer paso es el pánico colectivo. A este efecto se le conoce como “herding behavior”. Cuando los inversionistas acumulan y empujan los precios hacia arriba, los intermediarios no tienen otra opción más que vender, “siguiendo a la manada”. Esta incertidumbre puede disparar el contagio financiero. Lo que es difícil entender es por qué los inversionistas reaccionan “de repente” a problemas que pudieron ver antes, como el nivel extremo de precios en Estados Unidos en el 2000.

En la actualidad hemos escuchado hablar de los problemas que enfrentan las economías de Turquía, Argentina y la desaceleración de China. Turquía, por ejemplo, es un mercado emergente que tuvo crecimiento y que fue imán de capital extranjero por sus altas tasas de interés. Al crecer la economía de Estados Unidos y elevar sus tasas, así como el fortalecimiento del dólar, hizo que los inversionistas internacionales se percataran de esta oportunidad. Esto ocasionó que la tasa de inflación de Turquía cerrara en 17.90 por ciento al final de agosto 2018. Aunado a esto la lira turca se desplomó en más del 22 por ciento, debido, en parte, al pronunciamiento de la falta de independencia del Banco Central Turco con el gobierno del presidente Erdogan. El incremento en la deuda y la falta de pago terminó ahorcando al país.

En Argentina, la tasa de interés del 60 por ciento es la más alta del mundo y en noticias recientes hemos sido testigos como en dos días el peso argentino ha sufrido una pérdida de valor histórica de un 50 por ciento en lo que va del año. Los problemas heredados de la administración de Kirchner, como la inflación excesiva y el déficit fiscal, han ocasionado que el presidente Macri haya anunciado medidas de rescate. El mercado, en lugar de reaccionar positivamente, cayó en pánico desinvirtiendo capitales.

Por otro lado, la desaceleración de China está causando nerviosismo. La devaluación en el tipo de cambio ha disparado la caída en acciones y monedas alrededor del mundo. El Fondo Monetario Internacional publicó la lista de países más endeudados del mundo y China se encuentra en el tercer lugar con 4.9 billones de dólares.

¿Quién sigue? Es difícil saberlo. Grecia y Líbano podrían estar trazando el mismo destino, si no es que ya lo están viviendo por tener altas tasas de endeudamiento y no tomar medidas monetarias a largo plazo que permitan generar excedentes.

Algunos elementos que podrían reducir el contagio financiero en los países emergentes son las políticas macroeconómicas orientadas a la estabilidad, tasas de tipo de cambio equilibradas y una posición clara sobre las reservas extranjeras de los bancos centrales. En teoría, las crisis financieras son buenas porque ayudan a corregir los fallos de las políticas macroeconómicas y la redistribución de los recursos. No existe una receta mágica que elimine el contagio financiero, pero sí debería hacer a los países más resilientes.

La autora es profesora del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey.

Opine usted: alicia.galindo@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.