¿Conductas poco éticas en la Empresa Familiar?
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¿Conductas poco éticas en la Empresa Familiar?

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¿Conductas poco éticas en la Empresa Familiar?

No es extraño ver casos en los que no son precisamente los proveedores o colaboradores los que ejercen las malas prácticas, sino los propios patrones.

Opinión MTY empresas familiares Rosa Nelly Trevinyo- Rodríguez
13/06/2018
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Dra. Rosa Nelly Trevinyo Rodríguez.Fuente: Cortesía

Aunque últimamente se dice y lamentablemente se cree que la corrupción forma parte inherente de nuestra cultura, lo cierto es que la corrupción es opcional. Uno decide si la fomenta, lidia con ella o la detiene. Pese a esto, una cosa es indiscutible: No es lo mismo caer en ella por necesidad, que por gusto. No es igual “engrasar” a los de afuera, que “desplumar” a los de adentro.

Y es que, aunque la empresa familiar debiera estar un poco más protegida ante este tipo de comportamientos (valores y principios), no es extraño ver casos en los que no son precisamente los proveedores o colaboradores los que ejercen las malas prácticas, sino los propios patrones.

Por ejemplo, un empresario de tercera generación que “desvía” recursos de su empresa, soborna a los gerentes para que le ayuden y le reporta a los accionistas que son sus primos que como no hubo utilidad será imposible repartir dividendos, y menos aún, implementar el plan de crecimiento acordado.

¿Por qué robarle a su familia si éstos le han dado la oportunidad de dirigir el negocio? ¿Dónde quedaron la confianza, la unidad, el compromiso y los principios familiares? ¿Qué lo lleva a sentirse “con derechos”? Por otro lado, ¿cómo es que los accionistas no se han dado cuenta? ¿Acaso no ha habido indicios? ¿O es que no los han querido ver? ¿Por qué no han hecho nada?

Como alguien me dijo, “…mientras las cosas salgan decentemente bien, a mi me llegue mi dividendo y los números cuadren a grosso modo…”, la tendencia suele ser a no cuestionar—ni el éxito, ni el estancamiento, ni el fracaso. No obstante, hay que tener claro que en algún momento del tiempo, la confianza ciega se convierte en indiferencia; la indiferencia da paso al abuso de poder; el abuso de poder a la impunidad; la impunidad a la corrupción, y la corrupción, a una cultura organizacional amañada que permea en todos los niveles de la organización—desde el Presidente del Consejo hasta el mozo. Obviamente, una cultura de este tipo no sólo merma la productividad, la eficiencia, el clima laboral y la motivación del personal (entre otras); sino que encima es, sumamente difícil de erradicar.

Y es que, si un miembro de la familia está desviando recursos u otorgando regalos, comisiones, mecanismos de engrase o cobrándose a lo chino, los colaboradores primero le ayudarán; y luego, harán lo mismo a título personal. “¿Con qué cara me reclamas si yo te he cubierto la espalda decenas de veces, y además maquillo los números para que no se noten los faltantes y los beneficios adicionales que obtienes? Aquí los dos estamos amarrados…”. Y en definitiva, nada une más a las personas que la complicidad.

Finalmente, cuando un grupo de accionistas se encuentra desunido y aislado por accidente, desinterés, desmotivación, geografía, falta de conocimiento o información, éstos se vuelven vulnerables. El aislamiento, las conversaciones y acuerdos a título individual, los proyectos negociados de forma “especial”, las tergiversaciones de información, el desconocimiento de los roles (derechos y obligaciones) y de las reglas existentes, son elementos clave que crean las condiciones necesarias para que se desplieguen conductas autoritarias, se “compren” favores, se consigan silencios o se intercambien apoyos. En pocas palabras, para que aparezca la corrupción…Y, tarde o temprano, el conflicto.

Y es que, no se puede tapar el sol con un dedo…Y si se pudiera, no sería por mucho tiempo ¿O sí?

La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.