Monterrey

Comprar versus Rentar

OPINIÓN. En México, según el último censo del 2010, el 71.2 por ciento de las viviendas eran propias o la estaban pagando. Pero esto no siempre ha sido así en nuestro país.
MUNDO INMOBILIARIO
Jorge Paredes Guerra
jorge@realtyworld.com.mx
22 noviembre 2017 9:39 Última actualización 22 noviembre 2017 9:39
Jorge Paredes Guerra, presidente del Realty World México.

Jorge Paredes Guerra, presidente del Realty World México.

En Alemania, el 60 por ciento de los hogares viven en vivienda rentada y el 40 por ciento en vivienda propia. Son varias las razones por las que en uno de los países más desarrollados del mundo las personas no adquieran la vivienda y prefieran rentarla.

Por un lado, las personas no tienen ahorro suficiente para el enganche de la vivienda, pero también el ingreso que disponen mensualmente no les alcanzaría para pagar las amortizaciones de los créditos hipotecarios.

Hay que recordar que esto sucede a pesar de que las tasas de interés de dichos créditos son muy bajas.

Hay otro factor que también influye y es el de la movilidad, que las personas al no tener garantizada la estabilidad laboral allá prefieran no tener la atadura de la casa propia.

En México, según el último censo del 2010, el 71.2 por ciento de las viviendas eran propias o la estaban pagando. Pero esto no siempre ha sido así en nuestro país. Basta recordar que en los años setentas y ochentas las tasas de inflación fueron de doble y también de triple dígito anual. En esos años, el crédito hipotecario era muy escaso y limitado con elevadas tasas de interés por lo que las familias sólo podían tener acceso a la vivienda por medio de la renta.

Lo anterior, producía mucha demanda de vivienda en renta y existía una oferta limitada lo que provocaba que los precios de la rentas se fueran constantemente al alza. En aquel entonces, era muy buen negocio tener vivienda en renta, ya que sin problemas se obtenía el 1 por ciento mensual de rendimiento del valor de la vivienda alcanzándose atractivos retornos anuales del 12 por ciento, lo que permitía reinvertir en nuevos proyectos de vivienda destinada al arrendamiento para los inversionistas.

Ahora bien, en la década de los noventas cuando se pudo bajar la inflación a niveles de un solo dígito, a mediados del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, volvió a surgir el crédito hipotecario en los bancos lo que permitió que decenas de miles de familias por fin lograran tener su sueño anhelado de tener una casa propia.

Las tasas de los créditos hipotecarias eran parecidas a las actuales, sin embargo, la tasa que se pactaba en su inmensa mayoría era una tasa de interés flotante o variable. Pero luego viene al final del sexenio el famoso “error de diciembre” que devaluó drásticamente el Peso Mexicano, seguido por una muy fuerte inflación que disparó los intereses de las hipotecas provocando que la mayoría de las personas tuviera que verse en la necesidad de entregar las viviendas a sus acreedores.

A partir del 2000, en los sexenios de Fox y Calderón regresó la inflación a tasas de un solo dígito, lo que trajo consigo la baja en las tasas de interés de referencia.

Lo anterior hizo posible que los bancos volvieran para ofrecer créditos hipotecarios a largo plazo y a tasas de interés fijas lo que permitió que la Banca colocara un numero de créditos sin precedentes, que sumados a los ambiciosos programas del Infonavit, hicieron posible tener los mejores años en la historia en la industria de la vivienda de nuestro país en ese periodo.

El aumento tan grande en la oferta de vivienda ha beneficiado, ya que las rentas han bajado en términos reales y los rendimientos sobre el valor de la vivienda han sufrido una reducción a la mitad o una tercera parte de lo que se obtenían en las décadas antes mencionadas de oferta limitada de vivienda.

El autor es experto del sector inmobiliario en México. Es presidente de la firma de bienes raíces líder en el País, Realty World México, y presidió
la Federación Internacional de Profesiones Inmobiliarias (FIABCI) en 2014, 2015 y 2016. Capítulo México.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.