Monterrey

¿Cómo va la inflación?

OPINIÓN. La desafortunada decisión de incrementar de manera injustificada y exagerada los precios de las gasolinas, diésel, y la energía eléctrica, con todo y Reforma Energética de por medio, ha terminado por desatar de nuevo las “amarras” de la inflación.
Comentario Económico 
Marco A. Pérez Valter
mperrezv@perezgongora.com
15 febrero 2017 9:41 Última actualización 15 febrero 2017 9:41
Marco A. Pérez Valter, especialista en estudios económicos y de finanzas públicas.

Marco A. Pérez Valter, especialista en estudios económicos y de finanzas públicas.

Pues todo apunta a que la salida del Gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, va a ser más que oportuna, bastante sabia y apropiada para poner a salvo su prestigio al frente de la Institución que tiene la salvaguarda Constitucional de “preservar” el poder adquisitivo de nuestra moneda, ya que la avalancha inflacionaria está tumbando la puerta de la tan vanagloriada (pero poco creíble) inflación de 3 por ciento anual.

Si bien la vapuleada que recibió el Peso con la “apreciación” del dólar norteamericano, que de alguna manera pudo ser absorbida con un incremento mínimo en la inflación, la desafortunada decisión de incrementar de manera injustificada y exagerada los precios de las gasolinas y del diésel, amén de los incrementos en los precios de la energía eléctrica, con todo y Reforma Energética de por medio, ha terminado por desatar de nuevo las “amarras” de la inflación.

En efecto, de acuerdo a las últimas cifras publicadas por el INEGI, la inflación al consumidor durante el mes de enero de este año, subió en un 1.7 por ciento, pero comparando el nivel de los precios en enero de este año, con los del año pasado, el incremento es de 4.72 por ciento, casi 60 por ciento superior a la meta programada por el Banco de México.

Si bien las gasolinas en sí mismas le aportaron al Índice de precios un aumento de solo 0.94 por ciento, (0.82 por ciento por la gasolina Magna, y de 0.12 por ciento por la gasolina Premium), como el consumo del Diésel, no entra en la “canasta” del consumidor, este impacto se registra en el rubro de “Transporte” el cual subió en 12.7 por ciento, gracias al “gasolinazo”.

Aquí es importante aclarar que el INPC se elabora considerando una canasta de bienes y servicios que compra un ciudadano “promedio”, (que NO posee automóvil), ya que más de 55 millones de mexicanos viven en condición de pobreza, por lo que si usted tiene la fortuna de tener automovil propio, su inflación es incluso superior al “promedio nacional”.

Por otro lado, si comparamos la inflación anualizada que se reporta para enero de 2017, de 4.72 por ciento, contra la inflación anualizada que se registró en enero de 2016, la cual fue de solo 1.07 por ciento, nos pone en perspectiva el tamaño del desbalance que estamos sufriendo.

A nivel de Canasta Básica, el incremento anualizado en precios fue de 7.26 por ciento, aunque es importante señalar que este incremento en precios, aún y que es bastante elevado, fue “atenuado” por un impacto favorable en la evolución de algunos precios de productos básicos, como por ejemplo el tomate, el cual redujo su precio en un 35 por ciento, el chile fresco en un 17 por ciento y el huevo en un 12 por ciento, por señalar algunos, lo que coadyuvó a que este deterioro no fuera mayor.

Finalmente, si analizamos la inflación que ya está en la “tubería” y que se registra primeramente en el Índice Nacional de Precios al Productor, tenemos que durante el mes de enero de este año, la situación es aún más preocupante y desalentadora, ya que a nivel productor, los precios crecieron a una tasa anualizada de 9.81 por ciento, es decir, a una tasa más del DOBLE de la inflación al consumidor.

Si desglosamos este incremento en precios al productor entre bienes intermedios y bienes finales, encontramos que los intermedios crecieron en un 13.14 por ciento, mientras que los bienes finales en un 8.40 por ciento, lo que implica mayores presiones acumuladas.

Y luego no quieren que la gente salga a las calles.

El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.