Monterrey

Cohesión social: más no necesariamente significa mejor

OPINIÓN. Aunque no hay una definición común de este término y, por ende, una forma consensada para su medición, existe cierta convicción en su potencial como vía para alcanzar el progreso común.
OPINIÓN ACADÉMICA
José de Jesús Salazar Cantú
10 abril 2017 10:17 Última actualización 10 abril 2017 10:17
José de Jesús Salazar Cantú, economista.

José de Jesús Salazar Cantú, economista.

El plan “Europa 2020” contempla tres objetivos: empleo, productividad y cohesión social. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, desde mediados de la década pasada, ha hecho llamados a la cohesión social entre los países y hacia dentro de los países de la región.

En México, el actual Plan Nacional de Desarrollo observa, en el segundo de sus cinco ejes, el ser un país inclusivo. El Papa Francisco, en su carta encíclica Laudato si’: Sobre el cuidado de la casa común, divulgada a mediados de 2015, expresa: “Necesitamos una solidaridad universal nueva” (p. 13). La cohesión social está en la agenda mundial.

Aunque no hay una definición común de este término y, por ende, una forma consensada para su medición, existe cierta convicción en su potencial como vía para alcanzar el progreso común. El reto incluye vencer ciertas inercias hacia la individuación, los beneficios esperados apuntan hacia una mayor creación de riqueza, reducción de la morbilidad, aumento de la esperanza de vida e incrementos en la percepción de felicidad y satisfacción con la vida, efectos que han sido encontrados en la literatura especializada.

Pero el mundo va en sentido contrario. En su libro titulado De la ligereza, Lipovetsky (2016), expone algunos rasgos del comportamiento ciudadano en la actualidad, el cual considera muestra una adhesión cada vez menor hacia los deberes cívicos y los objetivos sociales, la idea de aligerarse la vida ocupándose sólo de sí mismo, conlleva paradójicamente el potencial de agravar los problemas comunitarios, significándole al propio individuo, a la postre, una existencia más pesada. La tendencia es hacia la individuación y la exclusión, más que a la cohesión, pero vivir en sociedad demanda de cada ciudadano, ordenar sus intereses en el marco de los intereses de los demás. Esta socialización, como señala Luckmann (1996) en su libro Teoría de la acción social, es condición fundamental para la existencia de la sociedad y su progreso.

¿Qué tanta cohesión social? El término refiere diferentes cosas para diferentes autores, según Chan, To y Chan (Reconsidering social cohesion: Developing a definition and analytical framework for empirical research, 2006), tiene que ver con la confianza, la identidad, el sentido de pertenencia y el comportamiento participativo entre los miembros del grupo. Se esperaría que la cohesión social facilitara el progreso común pero, al hablar de grupos menores al de la humanidad como un todo, altos niveles de cohesión también pueden generar grupos cerrados, sólidos hacia su interior, pero desconectados del resto, así lo contempló Granovetter (1973) en su artículo: La fuerza de los lazos débiles. Es así que debe existir un nivel óptimo en el que la sociedad alcanza una justa inclusión de sus miembros sin dañar a terceros, no tan amplia que la haga cerrada, ni tan pequeña que le impida generar los bienes comunes indispensables para la convivencia social. Por lo pronto, en la práctica y en particular en el diseño de la política, domina la inclinación hacia producir cohesión social, sin marcar metas concretas sobre su nivel deseado.

En México, el 7 de noviembre de 2013, el Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, publicó un decreto mediante el cual agregó tres criterios a la medición de la pobreza, contenida en el artículo 36 de la Ley General de Desarrollo Social, uno de estos fue el grado de cohesión social y designó al Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social como el encargado de realizar dichas mediciones, las cuales involucran cuatro indicadores para el nivel estatal y tres para el municipal. La medición realizada con datos de 2010 encontró que, a nivel estatal, sólo Guerrero tenía una baja cohesión social, mientras que, a nivel municipal, el 51.6 por ciento de los municipios observaba baja cohesión, en el resto del país la cohesión resultó alta. Esta primera medición parte de un marco de análisis poco consolidado y de formas de medición cuestionables que, por lo pronto, dificultan la observación del fenómeno en el ámbito nacional, estatal y municipal y, por ende, el mejor cauce y diseño de políticas públicas dirigidas a alcanzar niveles de cohesión social óptimos, por lo pronto, camina a palos de ciego en medio de la injusticia social.

El autor es economista del Tecnológico de Monterrey, con Maestría en Economía y Doctorado en Ciencias Sociales de la UANL. Actualmente es Profesor Investigador del Departamento de Economía del Tecnológico de Monterrey, Miembro del SNI, nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.