Monterrey

¿Chantajistas en la Familia Empresaria?

OPINIÓN.
EMPRESAS FAMILIARES
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
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pag web: www.trevinyorodriguez.com
21 marzo 2017 22:41 Última actualización 22 marzo 2017 8:20
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

(parte 1 de 2)
El chantaje emocional es un tipo de manipulación psicológica que ocurre en ámbitos donde los lazos emocionales son bastante cercanos—por ejemplo, la pareja o la familia—y cuyo objetivo es ganar poder en la relación para imponer ciertos comportamientos familiares y/o tomar determinadas decisiones de negocio.

Bien decía el primer ministro británico A. N. Chamberlain que “para hacer la paz se necesitan dos, pero para hacer la guerra basta con uno solo”. Y es que, cuando un miembro de la familia o una rama familiar completa exige y ejerce presión emocional para que las cosas sean tal como ellos quieren—sin tomar en cuenta lo que desea y ha decidido la mayoría; cuando no están dispuestos a negociar o a ceder un poco para establecer un acuerdo que beneficie a todos—y se valen del miedo, la culpa o la obligación moral de los miembros de la familia para manipularlos; cuando rompen acuerdos familiares-empresariales y actúan por su cuenta; y cuando no reconocen sus errores y a toda costa desean ganar, tenemos un grave problema: Un chantajista emocional en la familia empresaria.

El chantajista emocional puede ser un hombre, mujer o una rama familiar completa, y exhibe 5 características:

1.- Nos conoce bien y utilizará nuestras vulnerabilidades para conseguir lo que quiere.

2.- Detesta sentirse perdedor, y para ganar o no demostrar sus errores, hará todo lo necesario (no tiene límites). No está preocupado por construir la confianza o por jugar limpio; quiere demostrar que puede hacer su voluntad, aún a costa del bien común.

3.- Tratará de involucrar en su “juego” a otros miembros de la familia ¿Cómo? Comprándolos (controlándolos con su apoyo moral, dinero y/o prestaciones adicionales) o manipulándolos emocionalmente para que estén de su lado—culpándolos por cosas que sucedieron; tergiversando los hechos y acomodando la realidad; amenazándolos con irse; haciéndoles sentir compasión por él/ellos; planteándoles escenarios negativos a futuro si no ceden a sus peticiones; provocándoles miedo o privándolos de amor y atención (dejándoles de hablar o castigándolos con su ausencia); o incluso, poniendo en contra a sus hijos, sobrinos, nietos o cónyuge/pareja.

4.- Son inteligentes y eficientes a título profesional; sin embargo, dada su egolatría y necesidad de reconocimiento no manejan bien el conflicto—no están dispuestos a convencer o ceder, sólo a imponer y exigir.

5.- Son intolerantes a la frustración, posesivos, inconsistentes, impacientes y en ocasiones, agresivos. No obstante, esconden sus debilidades tratando de ser “encantadores”. En este afán de quedar bien, hacen promesas que saben no cumplirán. Sólo concretan lo que se acomoda a sus objetivos.

El chantaje emocional tiene seis etapas: la exigencia, la resistencia, la presión, la amenaza, la obediencia y la reiteración. Así, el chantajista exige algo, no acepta nada que no sea como él quiere, utiliza la culpa, la lástima, la ira, el miedo, la obligación moral o incluso a la gente para hacer ceder al otro; y si esto no se logra, amenaza con un futuro negro e incierto (sufrimiento, separación familiar) hasta que consigue que la víctima “recapacite” y con tal de que no haya más problemas o para alcanzar una paz temporal, acceda a su exigencia.Obviamente, como la estrategia funciona, la vuelve a ejercer. Y conforme el tiempo pasa, éste comportamiento se vuelve más frecuente, convirtiéndose así la familia en rehén de sus peticiones.

¡No caigas en su juego!

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.