Monterrey

Cayó el ExDF

OPINIÓN. A pesar de los pesares y con todo y las declaraciones tipo avestruz, el crimen organizado está presente en la CDMX.
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Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
24 julio 2017 9:37 Última actualización 24 julio 2017 9:38
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Lo que faltaba. Mas bien la ciudad que faltaba. El crimen organizado está presente en el ExDF, a pesar de los pesares y con todo y las declaraciones tipo avestruz.

No es que uno sea un experto en la materia, pero sí se tiene memoria. El crimen organizado podemos decir que comenzó en Guadalajara en los setentas, tanto con el Señor de los Cielos como con la participación del suegro del entonces Presidente de México, Echeverría; de ahí pasó a Tijuana y por años fue catalogada como la ciudad más peligrosa casi a nivel mundial.

Luego se fue a Ciudad Juárez y esa es una época de pena ajena para México y de profundo dolor para las familias de las muertas de Juárez.

Las historias de terror le ganaban a las de la Santa Inquisición y a los sacrificios de los aztecas. Una época para olvidar por un lado, pero para tenerla siempre presente como la degradación casi de México.

De Ciudad Juárez, pasamos a Reynosa como la puerta de entrada (¿o será la de salida?) de lo que es la tierra de nadie en que convirtieron a Tamaulipas con el contubernio de varios gobernadores al hilo que traicionaron a su estado, a su gente y a su cargo. Son la causa incausada de la toma de poder por parte del crimen organizado. El centro (Gobernación) -y el resto de los mexicanos- optamos por ignorar lo que pasaba ahí. Así fue con la persecución contra los judíos en la Alemania Nazi y así es con la situación en Venezuela.

A la cuna de entonces Presidente Calderón un partido, con nombre y apellido, el PRD, llevó a cabo un “joint venture” con un tragicómico grupo delincuencial con aires místicos. Se persiguió y pisaron la cárcel varios alcaldes, pero la indolencia, madre de muchos males en Mexico los regresó a continuar con sus actividades crimínales. Ese partido, en el colmo de los colmos y no se olvida, quiso darle fuero a un delincuente.

Monterrey, quizá tristemente el epítome de la irracional violencia, cobró la vida de ciudadanos cuyo error fue estar en un establecimiento al que el crimen organizado quería imponer un cobro de impuestos paralelos. Al pan, pan y al vino, vino.

43 es un número que se ha grabado -y aprovechado para tratar de imponer agendas ideológicas- pero no olvidemos las causas: alumnos (carne de cañón) indoctrinados en trasnochadas ideologías fueron asesinatos, cremados y desaparecidos bajo un alcalde perredista, con una esposa con afiliación morenista, en un estado gobernado por un perredista.

En épocas más recientes, y de regreso a Jalisco, pero viajando al otro lado del país, tienen tomada la joya de la corona turística: la Riviera Maya. En estas épocas en donde hay un peligro latente en la renegociación de TLC, se persigue a quienes mandan divisas y el precio del petróleo está en mínimos, casi no nos hacen faltan los ingresos que genera el turismo.

Si pensamos en términos en que el crimen organizado es un enemigo del Estado: corrompen y envenenan a la juventud, la usan de carne de cañón para matar y matarse y encima distraer carretadas de dinero en gasto en seguridad en vez de utilizar esos recursos para el combate a la pobreza.

Entonces ya ganaron la partida: lograron enarbolar su bandera en la capital del país.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director Gen-eral de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcio- nar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.