Monterrey

Cataluña y Nuevo León

OPINIÓN. Es bien sabido que el estado es uno de los más prósperos del país, contribuyendo con el 7.8 por ciento del PIB nacional y siendo el tercer estado que más aporta recursos a la federación. Sin embargo, existe un desequilibrio importante en la reasignación de recursos hacia la entidad.
VISIÓN ECONÓMICA
Jesús Garza
jgarzagg@gmail.com
12 octubre 2017 10:25 Última actualización 12 octubre 2017 10:25
Jesús Garza, director general y fundador de GF GAMMA.

Jesús Garza, director general y fundador de GF GAMMA.

El reciente referéndum sobre la independencia de Cataluña es un reflejo del descontento que se vive en la actualidad sobre la globalización e integración económica mundial (e.g. Brexit). Si bien es cierto que en Cataluña existen factores históricos y políticos muy particulares, lo mismo se ha observado en Escocia y otras regiones que buscan su autodeterminación.

La realidad es que hoy como nunca la pobreza mundial se encuentra en niveles históricamente bajos, el intercambio comercial y la integración internacional ha permitido un mayor nivel de bienestar de las poblaciones, y en muchos casos la satanización de la inmigración es infundada, ya que aporta y favorece a enriquecer a las culturas y a las economías.

El problema de fondo en Cataluña pareciera ser un tema fiscal. Cataluña es una de las comunidades autónomas en España que más contribuyen al PIB, 25 por ciento del total, aportando además cerca de 16 mil millones de euros anuales en recursos tributarios. Este desequilibrio es frecuentemente mencionado en las razones para independizar a Cataluña.

En contraste, el País Vasco, que cuenta con completa autonomía fiscal, pareciera vivir en un estado de completa paz. Recordemos que no hace mucho, el grupo terrorista ETA buscó con violencia la independencia de dicho estado. Sin embargo, el País Vasco hoy en día presume del segundo mayor PIB per cápita de España y en recientes encuestas, solo el 17 por ciento de la población estaría a favor de su independencia.

¿Cómo se liga esto con Nuevo León? Es bien sabido que el estado es uno de los más prósperos del país, contribuyendo con el 7.8 por ciento del PIB nacional y siendo el tercer estado que más aporta recursos a la federación. Sin embargo, existe un desequilibrio importante en la reasignación de recursos hacia la entidad, aproximadamente el 22 por ciento de lo aportado a la federación. Es cierto que la idea del federalismo fiscal es la redistribución de la riqueza y el fomento al crecimiento económico de otras regiones del país, pero analicemos los hechos.

La mayor parte del gasto público federal se designa al desarrollo social (65 por ciento), donde el rubro más relevante es protección social (33 por ciento), por encima del gasto en salud y educación. Estas transferencias sociales están destinadas a abatir la pobreza, particularmente en los estados más pobres del país. Sin embargo, la realidad es que desde la creación de SEDESOL (hace 25 años), el nivel de pobreza nacional se encuentra en niveles muy similares (46 por ciento vs. 50 por ciento hace 25 años según la CONEVAL).

Además, el destino de estos recursos normalmente se ha utilizado con fines electorales, suprimiendo a las inversiones en educación e infraestructura, que realmente pudiesen potenciar al crecimiento y desarrollo económico.

Habría que repensar las estrategias de crecimiento económico nacionales para privilegiar a las entidades federativas que contribuyen a elevar el crecimiento y desarrollo económico, con las externalidades positivas que permearían hacia otras regiones del país.

La productividad sí genera empleos y mejores salarios, y, por ende, si contribuye a combatir la pobreza, no solo contenerla.


El autor es el director general y fundador de GF GAMMA y catedrático en el ITESM campus Monterrey. Cuenta con un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera por la Universidad de Essex en el Reino Unido, y una Licenciatura en Economía por el ITESM (campus Monterrey).

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.