Monterrey

Cambio de entorno,
nueva estrategia

Opinión.  Ante el potencial ajuste que el gobierno norteamericano haga a las condiciones de comercio con nuestro país, es necesario identificar de esta breve reseña histórica uno de los ingredientes perdidos en las políticas públicas implementadas, y que se requiere para enfrentar los tiempos complicados venideros
OPINIÓN ACADÉMICA UANL

JORGE O. MORENO TREVIÑO​
02 diciembre 2016 11:48 Última actualización 02 diciembre 2016 11:51
Jorge O. Moreno Treviño

Jorge O. Moreno Treviño

En las últimas semanas, analistas y especialistas han dedicado su trabajo en estudiar las consecuencias potenciales del triunfo del candidato republicano y actual presidente electo de los Estados Unidos
de América, Donald Trump, particularmente del cambio de rumbo que él ofreció a su electorado y que lo llevó a obtener los votos electorales que le garantizaron el triunfo.

Ante esos cambios, México enfrenta un nuevo reto en los contextos económico, social y político, y antes de realizar nuevas políticas de ajuste estructural, es necesario reconocer los errores históricos y las oportunidades perdidas para diseñar una estrategia pública efectiva que garantice los fundamentos necesarios para que nuestro país salga avante en los grandes retos por delante. Sin profundizar en el tema, podemos identificar 4 etapas en la creación del México moderno e industrializado contemporáneo: El Porfiriato, la Revolución, la Reconstrucción-Modernización, y la Apertura Internacional.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz, México comenzó su etapa de
consolidación como una economía integrada y productiva. De la mano
del desarrollo de ferrocarriles, puertos, y con un orden político basado en la estabilidad sacrificando la democracia, ciudades como Monterrey, sin una tradición colonial basada en del desarrollo de la minería, florecieron a lo largo del país, y permitieron los primeros pasos en la creación de una economía moderna aprovechando y coordinando así la distribución de insumos con la agricultura, ganadería, y la producción de bienes como el acero y el vidrio.

Sin embargo, la Revolución Mexicana, buscando la apertura democrática en el poder político, no sólo forzó la salida del gobierno a Porfirio Díaz, sino que durante más de una década, el desorden político, las luchas internas, y en algunos casos, el salvajismo con que grupos armados actuaron en el país, pospuso el progreso del país, causando estragos en el tejido económico y social de México. Con el establecimiento del pacto social en el cual se coordinaron todos los
grupos sociales involucrados representados por confederaciones,
sindicados, industriales, y el mismo ejército, y de la mano del Partido
Nacional Revolucionario, con la llegada del presidente Lázaro Cárdenas
comienza la reconstrucción del país. Este período se caracterizó por un modelo económico de enfoque social, en donde el mercado convivía con la intervención del gobierno, y con un componente importante de fomento al desarrollo industrial interno basado en la sustitución de importaciones. Durante esta época dorada de desarrollo que abarcó la década de los 30 hasta finales de la década de los 60, la economía creció a tasas nunca antes vistas, la industria nacional floreció, se obtuvo estabilidad política, y la consolidación del sistema económico y político permitieron a México ser referencia mundial de prosperidad y progreso, características que le hicieron acreedor de un mundial y los juegos olímpicos.

Sin embargo, el agotamiento del modelo económico y político se hizo presente en los diversos movimientos sociales, y durante los 70, el populismo irresponsable con el cual se manejaron las finanzas públicas, incidieron en las diversas crisis económicas.

En las décadas de los 80 y 90, México implementa un nuevo paradigma
económico basado en la apertura comercial y la integración de los mercados. De la mano de la firma de acuerdos internacionales como el GATT (1986), y más puntualmente con la firma del TLCAN (1992), en el país se dio prioridad a la integración internacional como factor clave de
desarrollo, abriendo una etapa de búsqueda de oportunidades comerciales con otros países.

No obstante, esta última estrategia de desarrollo también presentó fallas señaladas por diversos especialistas durante varios años, primordialmente la aún alta dependencia del gobierno por los ingresos petroleros, y la aparente apuesta que éste hizo a la continuidad de las condiciones políticas en EUA, ocasionando la alta dependencia explícita de la economía mexicana a la norteamericana.

Ante el potencial ajuste que el gobierno norteamericano haga a las condiciones de comercio con nuestro país, es necesario identificar de esta breve reseña histórica uno de los ingredientes perdidos en las políticas públicas implementadas, y que se requiere para enfrentar los tiempos complicados venideros: la consolidación de un mercado interno fuerte, integrado, y por tanto productivo. Este objetivo será, de la mano con el combate a la corrupción y el fortalecimiento de las instituciones públicas, un eje de desarrollo imposible de seguir ignorando, ante los cambios inminentes que se avecinan.

* Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-
Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.