Monterrey

Cambiar para…¿qué?

OPINIÓN. La corrupción y la incapacidad de los políticos profesionales para abrir canales de comunicación y expresión institucionales contaminan un ente social enfermo que no ha tenido la posibilidad de reinventarse de acuerdo a las necesidades de nuestros tiempos.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
slramos2020@gmail.com
20 septiembre 2016 9:41 Última actualización 20 septiembre 2016 9:42
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

Nuevo León es el único Estado de la República Mexicana que tiene el “honor” de haber elegido un gobierno independiente de los partidos políticos mexicanos con el objetivo de buscar una salida institucional a los grandes problemas que enfrentamos como sociedad.

La plataforma electoral del actual Gobernador del Estado se basó en
tres pilares esenciales: primero, capitalizar el sentimiento de hartazgo de la ciudadanía contra las elites políticas que habían gobernado la entidad; en segundo lugar, la promesa de llevar ante la justicia a los responsables de haber cometido actos de corrupción en la entidad y por último, el planteamiento de que era imperativo tener una administración eficiente, con resultados para los ciudadanos.

Por supuesto, prometer no empobrece.  Y a un año de la primera administración independiente del Estado de Nuevo León y, por supuesto, la primera en todo el país; el Gobierno del Estado decidió darle carpetazo al caso de la compra de cobertores con precios inflados. Lejos estamos de un gobierno que realmente transparente no solo las investigaciones sino que además, lleve hasta sus últimas consecuencias el hecho de aceptar realizar operaciones con proveedores que incrementan los precios.

¿Para eso elegimos un Gobernador “independiente”?, ¿para enriquecer
a otros proveedores y a nuevos actores de la política? En este primer año de administración, la corrupción se ha consolidado en Nuevo León como el elemento cohesionador de la clase política, sin importar diferencias partidistas ni niveles de gobierno. Lo importante es cubrirse las espaldas y seguir con una política de simulación de un Estado de Derecho que decimos respetar pero que en los hechos, es violado de forma sistemática por un amplio sector de la sociedad, incluyendo a
políticos, empresarios e iglesias.

Por supuesto, la distancia que separa a los ciudadanos y a sus representantes crece día con día. Hace apenas una semanas se inauguró el periodo de sesiones del H. Congreso del Estado
de Nuevo León
para, lo cual, los diferentes partidos políticos que integran la actual legislatura integraron su agenda legislativa.

Hasta donde sabemos, ningún diputado de Nuevo León regresó a su
distrito para identificar y conocer de primera mano cuáles son las necesidades, las inquietudes y las propuestas del distrito que representa en la Legislatura local. Los diputados representan a los ciudadanos de nuestra entidad, pero éstos siguen constituyendo grupos cerrados que responden a intereses partidistas.

La agenda legislativa de Nuevo León es construida sin la participación
de los ciudadanos; no podemos avalar una democracia representativa que, en los hechos; solamente defiende los intereses de los grupos de poder y que no empodera a los ciudadanos.

La corrupción y la incapacidad de los políticos profesionales para abrir
canales de comunicación y expresión institucionales contaminan un ente
social enfermo que no ha tenido la posibilidad de reinventarse de acuerdo a las necesidades de nuestros tiempos.

Sería prudente que Rodríguez Calderón se vea en el espejo de Enrique Peña Nieto. Si quiere evitar ser consumido por el hartazgo social en el largo plazo, es urgente que tome medidas necesarias no solo contra la corrupción, sino para regenerar el tejido social tan afectado por la violencia y las desigualdades sociales que aquejan a nuestra entidad.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey; consultor político de la firma internacional Global Nexus y cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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