Monterrey

AWS y el lavado

OPINIÓN. Las cuentas de los políticos y partidos políticos se consideran de alto riesgo en el tema de lavado de dinero por lo que quizá es la razón fundamental de la vocación política y su desinteresada entrega por el pueblo: “no me den, pónganme donde hay”.
WIKI-LÍTICO

MIGUEL
MORENO
TRIPP
09 mayo 2016 13:6 Última actualización 09 mayo 2016 13:12
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

Si bien Movimiento Ciudadano, por segunda ocasión, puso a disposición de quien fuera la lista nominal de electores y cínicamente (no podría ser de otra manera) se hace el ofendido al denunciar a quien resulte responsable (¿Mi mismo, te acuso de ser incapaz e inepto?), ¿no habrá responsabilidad de los sistemas de información al no poner algún tipo de límites? Me explico, aunque aclaro que de ninguna manera se le quita un ápice de (ir)responsabilidad al partido político.

Un importante antecedente de leyes anti-lavado de dinero en México se dio hacia finales de la década de los 90’s con la Operación Casablanca. La operación duró tres años y fue del tipo “sting-operation” que en castellano significa que agentes encubiertos ponen trampas a los presuntos criminales para instigarlos a cometer un delito y de esta manera poder atraparlos. Esa operación puso al descubierto una red de empleados bancarios de menor rango que se prestaron a lavar dinero y por los que el Gobierno Americano obtuvo algo así como 35 millones de dólares pagados por las instituciones bancarias.

Se llamó Casablanca porque a algunos de los ahora convictos criminales los invitaron a la ciudad de Mesquite, Nevada, a la supuesta inauguración de un casino, precisamente de nombre Casablanca. En un momento determinado, los subían al segundo piso porque “ahí estaba lo bueno” solo que al salir del elevador lo bueno eran un par de esposas. Además, en territorio americano, se incautaron más de 100 millones de dólares.

En su momento fue la operación anti lavado de dinero más importante que se había llevado a cabo. Fue un parteaguas, hubo un antes y un después de esa operación. Si bien llegó a haber protestas del Gobierno Mexicano por no habérselo comunicado desde un principio, casi 20 años después, el andamiaje anti-lavado de dinero en las instituciones financieras es muy sofisticado y está a cargo de gente certificada. No es cualquier cosa el obtener dicha certificación.

Es más, las cuentas de los políticos y partidos políticos se consideran de alto riesgo en el tema de lavado de dinero por lo que quizá es la razón fundamental de la vocación política y su desinteresada entrega por el pueblo: “no me den, pónganme donde hay”.

Para abrir una cuenta en Amazon Web Services, para seguir con el caso del padrón electoral, no se solicita mayor información: nombre completo del administrador de la cuenta, nombre de la compañía, país, dirección con ciudad, provincia y código postal y un número de teléfono.
Bueno, hay un “captcha” para asegurarse de que es un humano quien está abriendo la cuenta y se verifica a través de una llamada al teléfono proporcionado. Nada que ver con todos los requisitos que se solicitan para abrir una cuenta de una empresa en una institución financiera.
Por lo mismo, ¿no se deberían establecer leyes o reglamentos que prevengan un “lavado de información”?

A mi leal saber y entender, considero que no existe en el mundo algo por el estilo aunque Twitter ha puesto manos a la obra con el tema del terrorismo. Sí, es muy difícil y controversial. Un estudio de la Universidad George Washington de diciembre del año pasado analizó los mecanismos utilizados por las redes terroristas en las redes sociales, en sus mismas palabras: es el juego del gato y el ratón. Aún así ha cerrado 125 mil cuentas en los últimos años.

Si se vigila el lavado de dinero pero la información es poder, ¿Porque una actividad sí se monitorea -al menos- y la otra no? Casablanca: 35 millones de dólares que pagaron unos cuantos bancos. Cuenta de Movimiento Ciudadano en AWS: información de 90 millones de mexicanos a merced de los criminales.

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.