Monterrey

Aplaudir o no aplaudir

OPINIÓN. De forma interesante vemos que los puntos a favor del gobierno de EPN, por confusión de quien había realmente hecho la pesquisa de Yarrington, subieron, aunque sea unas milésimas.
MIRADA DEL NORESTE
Tatiana Clouthier 
tamaramtz@gmail.com
18 abril 2017 10:37 Última actualización 18 abril 2017 10:59
Tatiana Clouthier, maestra en Administración Pública.

Tatiana Clouthier, maestra en Administración Pública.

Llegó la Pascua con dos grandes noticias. Una internacional y otra nacional.

La Interpol detuvo a Tomás Yarrington, ex gobernador priista de Tamaulipas, por presunto lavado de dinero.

Fue en Italia donde los hechos se dieron y los norteamericanos inmediatamente iniciaron los trámites de extradición, mientras que México se tardó en reaccionar, esperando no entendemos que.

Por otro lado, y de forma interesante, vemos que los puntos a favor del gobierno de EPN, por confusión de quien había realmente hecho la pesquisa de Yarrington, subieron, aunque sea unas milésimas.

Esto alentó a sus “asesores” y decidieron tal vez hacer la detención de un pez gordo. Y digo gordo porque así está el detenido de Veracruz, más que por el jugo que realmente se le pueda o no sacar a lo que se llevó, dado que la competencia está fuerte entre quienes han dejado las arcas estatales más que vacías.

El ver los videos de la detención de Duarte, más sonriente que asustado en algunos momentos, abre más las sospechas.

Por un lado está quienes dicen que realmente negoció su entrega por liberar a su familia.

Otros, que se “deja detener” para darle puntos al Presidente y sacar la contienda electoral del Estado de México, con lo que también escupiría a los de Morena para así lograr la chuza y golpear a Andrés Manuel y que su detención solo sea temporal.

Para otros, terminó siendo lo inevitable, pues los gringos pudieron contra Yarrington, el panista Corral también con sus antecesores y los que de plano tenían todo a su favor no habían sido capaces.

Que si el gobierno de Peña Nieto piensa recuperar algunos de estos recursos para poder entregarlos al gobierno panista al cuál en el estado y cumplir promesas subterráneas.

Qué de todo esto será verdad, quién sabe, y tal vez todas las teorías llevan algo de correcto, sin embargo el destino final de Duarte será lo que dé la razón a uno u otro de los cuentos.

Lo que sí resulta evidente es que al Presidente le urgía algo por el estilo, pues no sólo su aprobación está por los suelos, sino que también la figura presidencial va quedando de lado y lo que más alcanza Peña Nieto es un chiflido o grito pidiendo que se vaya.

La verdad es que nada de esto le ayuda al país, pues al final de cuentas sí hablamos de fortalecer las instituciones, ha sido el propio Presidente quien se ha dedicado a darle al traste a las mismas.

Primero con el INE y su credibilidad desde la sanción con el resultado electoral y los castigos a los excesos y violaciones de topes de campaña.

Después porque hizo todo para quitarle la confiabilidad al tema de lucha contra la corrupción al nombrar a su amigo en y ante el tema de la Casa Blanca. Y para cerrar con broche de oro, terminó hasta con la Secretaría de Relaciones Exteriores en donde pone al amigo que flaco favor le hizo cuando dice “no saber ni tener experiencia en el tema pero que viene a aprender”. Hágame usted el fregado favor.

Así las cosas, estamos a un cierre apresurado de sexenio y el gran tema de la impunidad sigue cobrando facturas contra el Estado de Derecho. En pocos días veremos si creer o no creer con lo de Duarte. Por lo pronto haga sus apuestas.

La autora es maestra en Administración Pública. Tiene experiencia en administración pública local y estatal y en el área de docencia. Exdiputada federal. Se define como ciudadana de tiempo completo.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.