Monterrey

Acoso en la U

OPINIÓN. Tengo que admitir que, aunque suene contradictorio, la noticia de que al menos un maestro del Tecnológico de Monterrey estuviera involucrado en el tema no me sorprendió, pero si me impactó.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@ gmail.com Twitter: @serlopram
13 noviembre 2017 23:14 Última actualización 14 noviembre 2017 8:0
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Hace unos días platicaba con amigos sobre el deplorable manejo y las respuestas de Kevin Spicey a las acusaciones de acoso sexual.
Cuando respondió la primera denuncia, el actor se disculpó por su actitud y dijo que era homosexual. De esa forma, reforzaba ese viejo y conocido prejuicio de que los integrantes de la comunidad LGBT son degenerados y perversos sexuales. La conversación concluyó que ojala y este tipo de situación generara un efecto dominó para denunciar mayores casos de acoso sexual en México.

Así, el viernes me enteré por redes sociales que un grupo de estudiantes de varias universidades de Monterrey acusaban a varios maestros por acoso sexual.

Tengo que admitir que, aunque suene contradictorio, la noticia de que al menos un maestro del Tecnológico de Monterrey estuviera involucrado en el tema no me sorprendió, pero si me impactó.

Tuve el privilegio de ser estudiante, de hacer extraordinarios amigos, de participar en grupos estudiantiles, de participar en misione comerciales internacionales y también de trabajar en el Tecnológico. Pero como toda institución formada por seres humanos, tiene áreas de oportunidad que mejorar.

Uno de los recuerdos que más me impactó fue en el 2006. Era parte de la Federación de Estudiantes del Tecnológico y organizábamos el foro de candidatos a la Presidencia de la República. López Obrador respondió tarde a la invitación y envío una serie de solicitudes para cambiar el formato que se le había propuesto. Para mi sorpresa, uno de los altos directivos de Desarrollo Estudiantil comentó que la postura oficial que se iba a comunicar era que no quiso atender el llamado de los estudiantes. Y así fue. No sólo se manejó esa versión sino que las banderas publicitarias sobre el evento en el Auditorio Luis Elizondo decían que el candidato de la izquierda no había querido asistir a dialogar con los estudiantes.

Con este punto quiero ejemplificar que, en lo personal, pienso que el Tecnológico de Monterrey es un sistema que refleja, a menor escala, muchos de los defectos y virtudes que tenemos en México. Como EXATEC, es triste conocer y reconocer que este tipo de conductas, que pueden ser repudiadas por las autoridades, en la práctica parecen ser toleradas por la falta de acciones enérgicas en contra de todos aquellos que abusen de su poder en el Tecnológico de Monterrey.

Y así como en México y en Nuevo León tenemos un gran número de leyes y reglamentos que deben de poner orden y regular muchas actividades políticas, económicas y sociales, la realidad es que nuestras propias autoridades son los primeros en violar esas leyes. Así, la existencia de protocolos para afrontar el acoso sexual a estudiantes no se traducen en acciones que permitan investigar, castigar y denunciar ante las autoridades a quienes hayan cometido algún delito.

No nada mas hay que formar ciudadanos en las aulas, también hay que predicar con el ejemplo y ensenarles que ser ciudadano no es una actividad que se limite a cumplir el servicio social ni el curso sello de Ciudadanía.

Hoy, el Tecnológico de Monterrey enfrenta el reto de cuidar la marca de su prestigio y dejar que el vendaval pase, así como sucedió con la Casa Blanca de la Gaviota o la “casita” en Galeana del Gobernador; o bien, investigar y castigar a quien resulte responsable, lo que nos permitiría ver a una institución que reconocer sus errores, y que implementa acciones contundentes en beneficio de su alumnado.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.