Monterrey

A propósito del Turismo Internacional
en la Semana Santa

OPINIÓN. United Airlines, una de las aerolíneas más poderosas del mundo, como otras, ha utilizado, las leyes de control investigación y escrutinio sobre las personas en su favor y podría terminar con un descalabro difícil de calcular.
DESDE TEXAS..
Javier Amieva
javier.amieva@hispanicinternational.com.
16 abril 2017 21:40 Última actualización 17 abril 2017 9:0
Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos..

Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta semana, sucedió un incidente, como los que suceden a diario decenas de veces en cada aeropuerto del mundo, acciones de abuso de poder que cubiertas bajo el pretexto de las leyes derivadas del 9/11, siempre quedan en la impunidad. La diferencia en el resultado en esta ocasión fue incomparable a lo que verdaderamente sucede a diario.

United Airlines, una de las aerolíneas más poderosas del mundo, como otras, ha utilizado, las leyes de control investigación y escrutinio sobre las personas en su favor y podría terminar con un descalabro difícil de calcular, el abusar de un pasajero quedo al descubierto y ya ha acumulado pérdidas multimillonarias; es importante denunciar los abusos y pregonar los aciertos estimado lector.

Mire, en la época de los 60s a los 80s, los jets que rompían la “barrera del sonido” vinieron a revolucionar el mundo y viajar en los grandes aviones, representaba no solo el poder ejercido del hombre sobre el medio, sino toda una revolución en la forma de viajar.

Viajar en avión a partir de los 60s era considerado una delicia y el viaje en si, una experiencia placentera donde el slogan de “Champaign Fly”, representaba lo que era recibir el mejor servicio y sentirse millonario por las horas o días que durara nuestro viaje.

Hoy los viajes aéreos, y más los internacionales, son incomodos; desde el momento de seleccionar la tarifa debemos de tener cuidado de no ser sorprendidos con cargos por llevar equipaje, para hacer menos filas o poder llevar lo que necesitamos a bordo, pagar un “fee” para que no nos pierdan el equipaje, para tener un asiento con ventanilla, para poder seleccionar las plazas y que la familia viaje junta sin tener que pagar por asientos “preferenciales”; ya a bordo debemos de aguantar las malas maneras de las “azafatas”; una ocupación alguna vez considerada de clase y distinción.

No hace mucho en un vuelo decidí aprender el uso de mi nueva cámara en vuelo- en vez de pagar los 15 dólares de internet, se acercó una azafata negra, no de mala presencia pero si de glúteos más grandes que su cerebro- y me ordenó borrar cualquier imagen y me dijo en voz alta, para asegurarse de que me dejaría en ridículo delante del resto de los pasajeros, que estaba prohibido tomar fotos en vuelo, cosa que no es cierto; pero ella estaba demostrando el poder de un empleado de American Airlines, sobre un mexicano que acababa de ser interrogado por un oficial de migración a la entrada del país; claro, eso después de una hora de espera en el aeropuerto de Houston, donde temeroso esperé no sólo el veredicto del oficial de “bienvenida “ al país, y rogaba que no me pidiera mi teléfono y le espulgaran un chiste que me envió mi sobrina de tres años donde se reía de que a Trump en su clase le decían Mr. Cheeto ¿Qué acaso no sabía mi sobrina que están construyendo un centro de detención en Conroe cerca de Houston?

Esta semana, y por tierra ingrese a Laredo, Texas y ya preparado para una fila en el puente, de quizás un par de horas, ser interrogado por un oficial y después enviado a una posible revisión secundaria; solo me resigná.

Pero quizás, como el milagro de la resurrección, el tiempo de espera en el puente fue de tan solo 20 minutos, la entrevista con el oficial fue rápida y amable y nadie desarmó mi teléfono, ni mi computadora, como me aseguraban los twiters y mensajes de las redes sociales.

Es claro que cuando las autoridades de aduanas tienen una tarea difícil de hacer, pero cuando disciernen claramente de lo que es el turismo, quien es un delincuente y la mayoría no lo somos, la vida es más fácil para todos y no necesitamos esperar al milagro de la resurrección.

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.