Monterrey

365 días de promesas

Opinión. Como ciudadanos, resulta difícil creer que este gobierno tiene un verdadero compromiso para terminar con la corrupción y la impunidad.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
slramos2020@gmail.com
04 octubre 2016 11:6 Última actualización 04 octubre 2016 11:14
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

Estamos a un año de la toma de protesta de Jaime Rodríguez Calderón, estoy seguro que muchos ciudadanos de Nuevo León recordaran con emoción la campaña electoral y, por supuesto, tendrán la convicción de que con su voto escribieron una nueva página en la historia de nuestra entidad.

“El Bronco”, ese candidato deslenguado, echado para adelante y con
un estilo diferente se transformó en Jaime Rodríguez Calderón, el Gobernador que se enfrenta al reto diario de gobernar una entidad con grandes retos. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que ser un buen candidato no es directamente proporcional a ser eficiente como autoridad.

Porfirio Muñoz Ledo apodó a Vicente Fox Quezada como el “alto vacío” cuando los dos personajes contendían por la gubernatura de Guanajuato, allá en la década de los noventa. La historia nos
demostraría que el viejo lobo de mar de la política mexicana tenía la razón. Fox echó al PRI de “Los Pinos” pero decidió gobernar con la misma estructura, los mismos usos y las mismas costumbres que el Revolucionario Institucional.

Hoy, a un año de distancia de la toma de posesión de Jaime Rodríguez y lo que en su momento pareció un movimiento ciudadano para frenar el manejo discrecional de los recursos públicos y elevar la calidad de la administración pública en todas las áreas del gobierno de Nuevo León, pareciera que todo ha quedado en buenas intenciones.

Ya no es suficiente cacarear que se va a poner el huevo, en verdad hay
que ponerlo. En este primer año de gobierno de Rodríguez Calderón,
Nuevo León ha experimentado un incremento en los índices de seguridad que nos recuerdan los peores tiempos en los que muchos neoloneses vivimos con miedo y zozobra.

Por si fuera poco, el subprocurador anticorrupción Ernesto Canales no ha podido presentar pruebas contundentes contra personajes de la administración estatal anterior que han sido acusados por corrupción. Resulta difícil comprender que las autoridades no poseen la capacidad de integrar un expediente completo que permita llevar a la justicia a los ciudadanos que cometieron actos de corrupción y así, marcar un antes y un después de Rodríguez Calderón. Así como el resto de México, Nuevo León sigue siendo la tierra de la impunidad.

Tan es así que el pasado fin de semana el Gobierno de Nuevo León reconoció que cometió un error en la sanción administrativa contra los responsables del famoso “cobijgate” y elevó la sanción económica de 7 mil a más de 200 mil pesos. Pero, ¿en verdad es todo lo que se puede hacer para detener la corrupción y la impunidad en el Estado?.

Como ciudadanos, resulta difícil creer que este gobierno tiene un verdadero compromiso para terminar con la corrupción y la impunidad. Dicen que los hechos hablan por sí solos; hoy en día todavía no conocemos los personajes, y los montos de los donativos; que financiaron la campaña de Rodríguez Calderón. Como candidato independiente, pudo hacer alarde de su compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas desde la campaña para marcar
una diferencia de lo que realmente puede hacer un candidato independiente y ciudadano. Pero no lo hizo.

Ojalá los buenos deseos se traduzcan en verdaderas acciones para desmantelar el régimen de impunidad que todavía impera en Nuevo León.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey; consultor político de la firma internacional Global Nexus y cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.