Mercados

Manipulación de moneda china podría ser lo que Trump necesita

Los representantes de Estados Unidos, en la reunión de ministros de economía del G-20 la próxima semana, necesitan conciliar su apoyo a la liberalización del yuan, ya que de lo contrario se agravaría el déficit con su principal socio comercial.
Bloomberg
07 marzo 2017 9:45 Última actualización 07 marzo 2017 10:9
yuan

yuan (Bloomberg)

Los altos funcionarios económicos estadounidenses, que se reunirán con sus pares chinos la semana que viene en un encuentro del Grupo de los 20, podrían descubrir que uno de sus desafíos más difíciles hasta ahora es hablar de un lenguaje acordado en materia de política cambiaria.

Manipulación cambiaria
Es un término que consiste en la práctica gubernamental de intervenir en los mercados de divisas con el fin de modificar el valor de su propia moneda con el objetivo de obtener una ventaja competitiva respecto a otras naciones

Si bien el presidente Donald Trump ha criticado repetidas veces a Beijing por manipular el yuan para abaratarlo, el Banco Popular de China ha estado interviniendo para moderar las caídas. Esto hace que los representantes estadounidenses en la reunión de ministros de economía del G-20, que tendrá lugar en Alemania el 17 y 18 de marzo, necesiten conciliar el apoyo estadounidense a la liberalización del yuan con el objetivo de evitar una depreciación continua que agravaría el déficit con su principal socio comercial.

“La cuestión no es cómo les torcemos el brazo” para sostener el yuan, dijo Patrick Chovanec, estratega jefe de Silvercrest Asset Management en Nueva York, que anteriormente trabajó en la Universidad Tsinghua de Beijing. “Ya lo están haciendo”. La pregunta es cómo comunicar que “eso es exactamente lo que queremos que hagan”, explicó.

Ambos países en repetidas ocasiones han manifestado su apoyo a medidas tendientes a lograr una moneda china fijada por el mercado. El premier Li Keqiang dijo el domingo que aquella será “liberalizada aún más”.

El problema es que el actual impulso del mercado es debilitar el yuan, dirección que entraña el riesgo no sólo de exacerbar las tensiones comerciales sino también de debilitar a China fomentando las salidas de capitales. Y su liberalización ha tenido tropiezos: una minidevaluación en agosto de 2015 creó turbulencias en los mercados mundiales.

En Estados Unidos, el mensaje es contradictorio. Por un lado, el secretario del Tesoro Steven Mnuchin no mostró urgencia por calificar a China de manipulador de la moneda –expresión en la que “manipulación” quiere decir dar un impulso artificial a su cotización-. Por otro, Trump ha llamado a China la “gran campeona” de tal manipulación.

En tanto, la recuperación del dólar ejerce nueva presión sobre el yuan, que en la última semana bajó 0.4 por ciento para cotizarse a 6.8978 frente al billete verde el martes a la tarde en Shanghái. Las apuestas a que la Reserva Federal dispondrá un aumento de las tasas de interés en marzo vuelven a poner en primer plano las cuestiones cambiarias antes de la reunión del G-20, que marcará el debut de Mnuchin en ese circuito.

Dado el interés de Estados Unidos en evitar un dólar excesivamente fuerte en momentos en que Trump trata de impulsar el crecimiento estadounidense, no puede descartarse algún tipo de acuerdo –al menos con China-, dicen algunos analistas.

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¿ACUERDO CAMBIARIO?

 

yuan

“La perspectiva de que Estados Unidos y China coincidan en llegar a un acuerdo por el dólar, como parte de las negociaciones para decidir la mejor forma de modificar el comercio, es una hipótesis que me cuesta refutar”, dijo Stephen Jen, máximo ejecutivo en Londres del fondo de cobertura Eurizon SLJ Capital y alguien que antes era escéptico respecto a cualquier tipo de “Acuerdo del Plaza” que proponga un dólar más débil.

El lenguaje del G-20 en materia de tipos de cambio ya sufrió una ligera modificación el año pasado, cuando China ocupó la presidencia rotativa del grupo y los ministros de economía omitieron las referencias específicas a los reclamos de mayor flexibilidad.

Un borrador de la declaración del G-20 para la reunión de la semana entrante decía que los funcionarios “reafirmamos nuestros compromisos anteriores respecto de los tipos de cambio”, aunque se omitieron las referencias sobre evitar el uso de las monedas para fines competitivos.

Antes de 2014, los pedidos de que el yuan fuera más libre equivalían a reclamar apreciación, en tanto China gozaba de superávits de cuenta corriente que actuaban como colchón antes de que aumentaran las salidas de capitales. Como la situación ahora es la contraria, el mensaje de los países desarrollados, y en particular de los Estados Unidos, se ha vuelto más complicado.

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