Mercados

BIS: el poder adquisitivo del peso, semejante al de 2010

El peso ha logrado mantener en los últimos años prácticamente sin cambio el poder adquisitivo, en términos reales. Fundamentales le proporcionan a la moneda mexicana una mejor defensa ante reacomodos en los flujos de capital.
Esteban Rojas
Esteban Rojas
23 julio 2014 5:0
Bloomberg

Peso mexicano

CIUDAD DE MÉXICO.- El peso ha logrado mantener en los últimos años prácticamente sin cambio el poder adquisitivo, en términos reales. De acuerdo con datos publicados por el Banco de Pagos Internacional (BIS por sus siglas en inglés), el índice que mide su paridad, una vez descontada la inflación, se ubicó en 101.56 puntos en el pasado junio, apenas ligeramente superior al de 2010, que fue fijado en 100 puntos como base.

La conservación del poder de compra del peso se ha dado a pesar de la fuerte volatilidad que se ha registrado en términos nominales. En el periodo del 2010 al 2014, el tipo de cambio del dólar alcanzó un máximo en 14.38 y un mínimo en 11.50 pesos; actualmente se ubica al cierre de ayer en 12.94 unidades en el mercado de mayoreo.

CONTRASTES EN AMÉRICA LATINA
La estabilidad en términos reales del peso contrasta fuertemente con lo ocurrido en el plano latinoamericano. En la región se da la casualidad de que se tiene a la moneda que más se puede identificar como sobrevaluada y la que más ha perdido en términos de poder adquisitivo, de una muestra de 61 monedas y divisas.

De acuerdo con las cifras publicadas por el BIS, el índice real de la moneda venezolana fue de 199.33 y de la argentina de 71.68, lo que marca, en el primer caso, una excesiva fortaleza y, en el otro, una fuerte debilidad, si se le compara con el 100 tomado como año base en el 2010. Estos contrastes muestran fundamentales económicos débiles y tipos de cambio sin una libre flotación.

GUERRA DE DIVISAS
Los cambios en el poder de compra de las divisas se han vuelto a convertir, en algunos casos, en un arma para mejorar la competitividad del sector exportador y, en otros, en dolores de cabeza que han llevado a una indeseable pérdida de vigor en el ritmo de crecimiento económico.
El caso más significativo de la inducción de una moneda débil se presenta en Japón.

El yen es de las divisas que registra la mayor depreciación en términos reales, al presentar una caída en su poder de compra de 22.2 por ciento, y ubicar su índice en 77.75 puntos en el pasado junio.

Una divisa débil le ha permitido, a la ahora tercera economía del mundo, mejorar el ritmo de su actividad, al mismo tiempo que el crecimiento de la inflación tiende a subir.

En el otro extremo, se encuentran las divisas que más se han apreciado, aunque un movimiento de esta naturaleza no siempre es bienvenido ni resulta tampoco, en todos los casos, de una mayor confianza en las políticas economicas y políticas aplicadas.

En este campo, el caso de China es el más relevante, dado que el yuan presenta una recuperación en su poder de compra de 14.0 por ciento al reportarse su índice en 114.03 puntos, según las cifras publicadas por el BIS. Esta recuperación marca quizá el fin de una era, caracterizada por la utilización del tipo de cambio como arma de competitividad para su sector externo. La fase de transición le ha ocasionado, a la ahora segunda economía del mundo, un proceso de desaceleración al no poder impulsar con la suficiente rapidez a su mercado interno.

EL CAMBIO QUE VIENE
La conservación del poder adquisitivo del peso, le proporciona mejores condiciones para enfrentar un reacomodo en el mercado de divisas.
Los cambios en los flujos de capital apuntan a un mayor fortalecimiento del dólar y a presiones de baja sobre las monedas emergentes.

Otro aspecto a considerar, será la velocidad con que se pase de las mejoras en la legislación derivada de las reformas estructurales a su aplicación práctica. De ello dependerá el éxito que se tenga en sustituir buena parte de los recursos provenientes de la inversión extranjera especulativa, realizada en el mercado de deuda nacional, por otra orientada a incrementar la capacidad productiva del país. De este comportamiento pueden depender también las presiones que se registren sobre la paridad cambiaria.