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Rincón del experto:
Grecia, o cómo vivir para siempre del contribuyente

Como es obvio, las propuestas griegas de reforma que prometerán implementar, no generan mucha confianza. Por ahora, ya pidieron una prorroga más.
Rincón Del Experto
Guillermo Barba
24 febrero 2015 5:10
Grecia

El primer ministro financiero de griecia Yanis Varoufakis llegá a una conferencia de prensa después de una sesión extraordinaria con los primeros ministros de finanzas de la eurozona. (Reuters)

El viernes se llegó a un acuerdo tras el tercer Eurogrupo desde que Syriza ganó las elecciones en Grecia, y con él se decidió extender por cuatro meses más el programa de rescate griego que expira el 28 de febrero.

Como es obvio, las propuestas griegas de reforma que prometerán implementar, no generan mucha confianza. Otra vez, han dicho que quieren pagar sus deudas, pero se sabe que en realidad no están dispuestos a cumplir... y no pueden hacerlo.

El gobierno de izquierda radical que encabeza Syriza, al cual muchos celebraban como si su llegada al gobierno fuera el principio de una bonanza económica, está comenzando a quedar mal con sus propios electores.

Recordemos que Alexis Tsipras, primer ministro griego, llegó al poder gracias a la campaña en la que abanderó propuestas como: abandonar la austeridad gubernamental para “estimular” la economía, aumentar los empleados públicos, aumentar el salario mínimo al nivel anterior a la crisis, nacionalizar organismos y empresas privatizados, entre otras.

Este incumplimiento –evidente después de los acuerdos del viernes, ha comenzado a generar algunas divisiones al interior de Syriza.

Uno de sus eurodiputados más prominentes, Manolis Glezos, dijo que “El cambio de nombre de la ‘troika’ a ‘instituciones’, el del ‘memorando’ por ‘acuerdo’ y el de ‘prestamistas’ por ‘socios’ no cambia la realidad anterior”.

Como queda claro, Tsipras tiene dos opciones: cumplir su palabra ante el electorado a costa de abandonar el euro y arruinar más al país, o quedar mal con los votantes para permanecer en la moneda única.

Alemania lo acorraló por una sencilla razón: el que paga, manda. Y es que por más deseos que tenga, la realidad es que dio su brazo a torcer porque resulta imposible terminar con la austeridad si lo que no se tiene, es dinero para gastar.

Por eso su demanda se puede resumir en tres cosas: euros, euros y más euros. La opción de abandonar esta divisa, pese a lo atractivo que era para quienes votaron por Syriza, implicaría regresar al dracma, una moneda cuyo valor sería ínfimo y que cada segundo se devaluaría aún más debido a la hiperinflación.

El plan pues para acabar con la austeridad, nació muerto. Lo que quieren los griegos es seguir viviendo de los contribuyentes europeos para siempre, pues sin más rescate, Atenas no puede pagar. De hecho, Grecia enfrentará de marzo a agosto compromisos de pago por 11 mil millones de euros que no tiene.