Mercados

Verano peligroso para los mercados, por contexto adverso

La evidencia numérica señala que es más rentable mantenerse en posiciones entre noviembre y abril, para luego ponerse a resguardo.
Felipe Sánchez
Shanghai Composite

Shanghai Composite. (Bloomberg)

En los mercados no hay absolutos, todo es relativo, y las tendencias no son para siempre.

Igual que como ocurre con los fenómenos económicos, siempre hay ciclicidades; además de los ciclos principales de largo plazo, existen también fenómenos estacionales, los que en ocasiones alteran las tendencias de los mercados, al menos temporalmente.

Refiriéndose a tales factores estacionales, se acuñó aquel antiguo adagio: “sell in may, and go away…”, no es la frase completa, pero el sentido principal tiene que ver con el periodo vacacional de verano, esto es, “vende en mayo, y vete de vacaciones”.

Este antiguo axioma ¿aplica en la realidad?, llevamos a cabo un ejercicio de lo que ha ocurrido en los últimos 20 años.

Para ajustar por la estacionalidad redefinimos el año calendario normal enero-diciembre, en otro que iría de noviembre a abril, y una segunda parte que iría de mayo a octubre.

Por supuesto, en la práctica tales ciclos semestrales no son precisos, cambian mucho, e incluso hay años en los que no ocurre el fenómeno, sino que prevalece la fuerza de la tendencia principal.

El resultado
Como primer paso, decidimos obviar las fuertes variaciones que se pueden dar entre las fechas consideradas y calcular los rendimientos promedio en cada uno de los periodos a lo largo de 20 años, de 1995 a 2014,

Tanto en México como en Nueva York, al calcular los rendimientos promedio de esos 20 años en cada uno de los 2 semestres propuestos, efectivamente, el periodo inicial que va de noviembre a abril arrojó ganancias más elevadas, mientras que en el siguiente lapso, de mayo a octubre, los rendimientos fueron notoriamente inferiores.

En el mismo orden, para la bolsa mexicana, los incrementos fueron de 11.88 por ciento, y de 3.90 por ciento en promedio anual, claramente muy superiores en el primer periodo.

Para la bolsa de Nueva York, el índice S&P 500 subió 6.97 por ciento anual entre noviembre y abril, y solamente 1.10 por ciento entre mayo y octubre.

A pesar de que hubo años en los que claramente los resultados fueron contrarios al supuesto, en el largo plazo prevalece la fuerza de la estacionalidad de los mercados, esto es, la conveniencia de mantenerse en el mercado entre noviembre y abril, y luego vender las acciones en mayo y ponerse a buen resguardo.

¿Cuáles son las razones?
Varios factores se conjugan, una merma en la participación de los inversionistas por las vacaciones de verano, un vacío temporal en la información de las empresas, ya que los resultados de las empresas anuales y los del primer trimestre se publican en su gran mayoría entre febrero y abril, mientras que los del segundo trimestre se divulgan mayormente durante la segunda quincena de julio y aún en agosto.

Además, las temporadas fuertes de ventas ocurren a partir del Thanksgiven day, en el llamado Black Friday.

Desde luego, una parte importante son los factores coyunturales y fundamentales de la economía, en esta ocasión destacan estos:

Todavía persisten dudas sobre el real dinamismo de la economía en Estados Unidos, tras un reporte mucho más débil de lo previsto al primer trimestre.

No obstante, la Fed parece decidida a iniciar este mismo año un proceso de normalización de la política monetaria, lo que ha contribuido a un repunte en las tasas de interés en los bonos del tesoro y en los bonos M.

Los principales indicadores bursátiles de Wall Street se encuentran en niveles máximos sin precedentes, lo que los hace vulnerables.

Por supuesto, las políticas laxas de los bancos centrales internacionales y algunos datos positivos de la economía en Estados Unidos, provocan un encarecimiento del dólar, al punto que afecta ya el desempeño de la economía en ese país, lo que junto con el incremento de los réditos en el mercado secundario, son un factor de preocupación para la economía, para los mercados y, por supuesto, para la Fed, atrapada entre las presiones para subir las tasas, y los riesgos de frenar una recuperación todavía por confirmarse.