Mercados

Rincón del Experto: Agenda con precedentes

La agenda económica de Donald Trump parece haber cambiado después de su victoria, y es que el respaldo de los mercados tiene como sustento una versión optimista de sus esperados programas de estímulos económicos. 
Rincón Del Experto
Joan Domene, gerente de Análisis Económico INVEX
15 septiembre 2017 5:0
Trump

Trump

Antes de las elecciones en Estados Unidos, la mención de la agenda económica de Donald Trump generaba grandes preocupaciones. Sin embargo, por razones que aún no comprendo, el mundo cambió de opinión tras su victoria, bajo el dudoso mantra de que un estímulo fiscal “sin precedentes” apoyaría el crecimiento económico.

Ciertamente, vemos que los mercados financieros aún lo respaldan, pese a que la agenda de grandes reformas parece cada vez más lejana y menos probable.

De un lado, algunos analistas esperan una versión optimista de la agenda de Trump que solo se centre en estímulos económicos. Alegan que la combinación de mayor gasto público y menor carga fiscal apoyará el crecimiento, un impulso del que también se beneficiaría México dada la integración de ambos ciclos económicos.

Del otro, la versión más cercana a su agenda original supondría una ruptura con las relaciones tradicionales con el resto del mundo. La movilidad de capital, bienes y servicios se verían interrumpidas y requeriría ajustes en México para dar respuesta tanto al sector privado, como a los migrantes y familias que dependen de ellos.

Este último factor extremo ha perdido mucha fuerza y las fricciones actuales en las rondas de renegociación del TLCAN tienen un impacto reducido. Sin embargo, se ignora que incluso la versión optimista tiene un fallo: los estímulos propuestos sí tienen precedentes y se ganaron el merecido nombre de Economía Vudú en los años 80.

El presidente Reagan implementó reducciones en cargas impositivas e incentivos fiscales, que lejos de incentivar la inversión privada, generó un agujero enorme en las finanzas públicas. Además, Trump le añade un mayor gasto en el ejército y, en algún momento, infraestructura (el “muro” difícilmente califica como tal).

Teniendo en cuenta que la economía estadunidense ha perdido capacidad potencial desde hace ya tiempo, el resultado “optimista” podría terminar en una estanflación: altas presiones inflacionarias y estancamiento económico.

Algo que no pinta bien para México, incluso si salvamos el escoyo de la relación comercial.

Además, cabría esperar una respuesta monetaria en forma de ciclo de alzas más aceleradas y una respuesta proporcional en México.

Con esto, parece que cualquier movimiento que altere el statu quo actual es un paso atrás.

Por el lado positivo, son numerosos los ejemplos en los tiempos recientes que nos han demostrado que las instituciones democráticas pueden frenar los arrebatos más extremos de cualquier presidente. Algo que también debería suceder en México.