Enfoques

Vivir en el Golfo, un privilegio de 14 días

A pesar de trabajar lejos de sus familias, hacen lo que más les gusta y en condiciones laborales envidiables; son 160 personas que conforman un multidisciplinario y unido equipo, conviven en una moderna babel.
Sandra Marina
17 marzo 2014 20:58 Última actualización 18 marzo 2014 5:0
Pemex pozo Lakach2 (Braulio Tenorio)

Únicamente son cuatro las mujeres que trabajan en la Plataforma Centenario que opera en altamar, en la imagen, tres de ellas. (Braulio Tenorio)

Viven y trabajan en altamar, sobre el Golfo de México. Los únicos visitantes son algunas aves y delfines; pero también olas que llegan alcanzar 14 metros de altura y vientos de hasta 120 kilómetros por hora.

A 60 kilómetros de distancia de la costa -45 minutos de vuelo en helicóptero o tres en lancha- 160 personas trabajan en la plataforma petrolera de aguas profundas “Centenario”.

El sol cae a plomo. El ambiente huele a sal. Los trabajadores nos reciben con ropa de seguridad.

La mayoría son ingenieros en diferentes disciplinas; no obstante, en el medio son conocidos como “ingenieros de lodo”.

La plataforma pudiera ser también una torre de Babel, pues además de mexicanos, quienes ahí laboran provienen de diversas partes de mundo: Australia, Noruega, Holanda, Dinamarca, Estados Unidos y Sudamérica.

Pese a las diferencias culturales y de idioma, todos se conocen, todos se sonríen y dicen pertenecer a una gran y singular familia, casi en su totalidad formada por varones, ya que de los 160 integrantes, sólo cuatro mujeres viven la experiencia de perforar pozos de aguas profundas; en este caso, en el campo Lakach 2 –uno de los campos que protagonizan el boom energético de México-, donde Grupo R está encargado de la operación bajo la guía y vigilancia de Pemex.

Hasta hace muy pocos años, la perforación marina en México no se podía realizar en más de 500 metros de tirante de agua –distancia que existe entre la superficie del mar al lecho del océano-; sin embargo, con esta plataforma de sexta generación, Petrorig III, se llega a operar en tirantes de hasta tres mil metros, y tiene una capacidad de perforación de hasta 11 mil, equivalente a la altura promedio a la que viajan los aviones.

Mentalizarse, la clave

El trabajo en una plataforma de aguas profundas puede resultar muy difícil al principio, porque hay que adaptarse a un nuevo estilo de vida de manera radical.

Parte de esa adaptación consiste en trabajar 28 ó 14 días en medio del océano para luego descansar igual número de días en tierra; así como habituarse a los vaivenes de la plataforma, al clima y a vivir lejos de familiares y amigos.

“Mentalizarse” es la clave de muchos para lograr permanecer en plataforma: “Como si fuéramos máquinas nos desconectamos de lo que sucede en tierra y nos programamos para perdurar los 28 ó 14 días en altamar”.

Debido a la actividad que se realiza en la plataforma petrolera, los trabajadores conocen el gran riesgo que implica trabajar a bordo. Sin embargo, para ellos la plataforma es más segura que muchas ciudades del país, “cuenta con el más moderno equipo de seguridad y cada ocho días realizamos simulacros”.
La gran oportunidad

Perla Lara y Guadalupe Gutiérrez, ingenieras en Medio Ambiente; Alejandra Vallado, oficial de control de vuelos; y Nibia Villanueva, ingeniera Industrial, son las únicas cuatro mujeres a bordo de Centenario, donde desempeñan un trabajo que presuntamente sólo realiza el sexo opuesto. 

“Como en otros campos laborales las mujeres somos discriminadas. Al principio me bloquearon la posibilidad de subir a bordo, pero me aferré y les pedí que me pusieran a prueba sin goce de sueldo. Sólo así pude demostrar que podía hacer bien las cosas y aquí sigo.

“El objetivo no fue demostrar la fuerza física, sino la fuerza mental para aguantar los 28 días a bordo”, relató Nibia Villanueva, ingeniera industrial.

Como en un hotel

La hora de todos es la comida. Alegres, los trabajadores destacan el esmero de los chefs para presentar todos los días un menú diferente y atractivo: lunes, comida italiana; martes, mexicana; miércoles, oriental; jueves, menú especial; viernes, mariscos; sábado, mole y domingo, parrillada.

“Cuando alguien cumpleaños siempre comemos el mejor pastel, y no se diga de navidad o fin de año, que es cuando echan el buque por la ventana. No sólo nos preparan una delicia de cena, sino que además súper adornan el comedor y ellos se visten de reyes magos o santa clos”.

Mario Gómez, mayordomo de esta instalación estratégica “Centenario”, ha dedicado los últimos 18 años de su vida trabajando en cocinas de plataformas petroleras.

Comentó que cada semana son abastecidos de víveres, equipo, líquidos, combustible y personal, además, deben realizar también el retiro de la toda la basura inorgánica que se genera en la estructura.

La plataforma cuenta con cinco pisos, más el helipuerto, ubicado en el sexto nivel. Pero los sitios preferidos por todos para pasar las horas de descanso son el gimnasio, cuarto de recreación y las salas de cine e Internet, único medio que los mantiene en contacto con el mundo.

Su estancia en la plataforma es como vivir en un hotel: Personal de limpieza asea las habitaciones, tiende camas, lava y plancha ropa, “y hasta nos deja sobre la cama la toalla limpia en forma de cisne”.
La zona más ruda

Toda la plataforma se mira en orden y limpia. No hay cables, aceite derramado o basura que entorpezca el paso. La parte sucia es el área de perforación, donde se realiza el trabajo más rudo.

Agustín Jiménez Vargas, ingeniero del pozo, explicó que durante la primera etapa de perforación, los pozos tienen una presión muy baja por la carga de agua, sin embargo al ir horadando la tierra existen zonas que pueden originar presiones más bajas, lo que puede provocar la pérdida de control en la perforación.

“El escenario sería de mucho riesgo porque estamos en una formación productora de gas, pero por ello contamos con el equipo de seguridad más moderno y personal altamente capacitado”.

Agustín agregó que durante el proceso de perforación ellos extreman precauciones a fin de tener mucho cuidado con los drásticos cambios de temperatura que se registran, toda vez que puede provocar el taponamiento de la tubería o del mismo pozo, lo que finalmente impediría la extracción del hidrocarburo.

Detalló que de los 28 grados que se registra en el ambiente, la temperatura baja a cuatro ó cinco grados en el lecho marino y luego gradualmente asciende hasta 70 grados en el fondo.

Los ingenieros señalan que toda la cuestión tecnológica que existe en las plataformas ha cambiado, principalmente la robótica, mejorando la productividad y seguridad.