Enfoques

Sin Shakespeare, Israel con pocas posibilidades de un futuro empresarial

El sistema educativo israelí se distingue porque casi la mitad de sus alumnos estudian en escuelas ultra-ortodoxas que generalmente no proporcionan los conocimientos académicos necesarios para ingresar en la fuerza de trabajo.
Bloomberg
02 mayo 2014 21:38 Última actualización 03 mayo 2014 5:0
Las escuelas ultra-ortodoxas se han abstenido de adoptar el sistema educativo que incluye por ejemplo, el inglés un elemento esencial para el desarrollo económico del país. (Bloomberg)

Las escuelas ultra-ortodoxas se han abstenido de adoptar el sistema educativo afectando el desarrollo económico del país. (Bloomberg)

En una de las escuelas secundarias de elite en Israel no hay laboratorios de ciencia de última generación. En las paredes de las aulas no cuelgan ni tablas periódicas ni afiches de anatomía. Ni hablar de Shakespeare. El inglés, un conocimiento clave para una economía moderna, no figura en el programa escolar.

En Hebron Yeshiva, uno de los seminarios más prestigiosos para los judíos ultra-ortodoxos en Jerusalén, los adolescentes varones pasan la mayor parte del tiempo machacando un solo tema: el Talmud, el corpus de la ley judía civil y ceremonial. En una habitación de techos altos tapizada de bibliotecas repletas de textos judíos antiguos, los varones se sientan de a dos, con los rostros hundidos en el Baba Batra, uno de los tratados del Talmud.

“A diferencia de la sociedad occidental, en nuestra comunidad creemos que el propósito de la educación no es hacer productiva a una persona, sino edificar su carácter y hacerla buena”, dijo Moti Katz, cuyo padre dirige el seminario.

Hasta qué punto las iluminaciones del Talmud ayudarán a estos jóvenes a mantener futuras familias, ha pasado a ser actualmente parte de un debate nacional más amplio -al que se sumaron el gobernador del Banco de Israel, Karnit Flug, y el ministro de Educación, Shai Piron- sobre la situación de las escuelas israelíes y las consecuencias para el futuro económico del país.

Si bien países en todo el mundo se quejan de que sus escuelas son insuficientes, el sistema educativo israelí se distingue porque casi la mitad de sus alumnos de escuela elemental estudian en escuelas ultra-ortodoxas que generalmente no proporcionan a los varones los conocimientos académicos necesarios para ingresar en la fuerza de trabajo, o en escuelas mal financiadas que atienden a la minoría árabe del país, que asciende a un 20 por ciento, según el Centro de Estudios Sociales Taub en Tel Aviv.

ECONOMÍA EN PROBLEMAS

“Si casi la mitad de los alumnos actuales no reciben una educación que se adapte a las necesidades de una economía moderna, cuando estos chicos crezcan, nuestra economía estará en problemas”, dijo Nachum Blass, investigador sénior que se especializa en educación en el centro.

Las malas relaciones con los vecinos y, hasta hace poco tiempo, una escasez de recursos naturales comerciables, alentaron a los líderes de Israel a valorar especialmente la propiedad intelectual que puede venderse en la región. El país de 8 millones de habitantes ostenta 12 premios Nobel y se clasificó segundo entre 34 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en el porcentaje de adultos con educación superior, según un informe de OCDE de 2013. La alta tecnología impulsa el crecimiento económico que ha superado a los Estados Unidos y Europa en cada uno de los cuatro últimos años.

Las escuelas del país, sin embargo, rinden menos de lo esperado.

POR DEBAJO DE LA MEDIA

En 2012, los estudiantes de matemática israelíes de 15 años se clasificaron en el puesto 41 sobre 64 en exámenes internacionales, y también tuvieron un desempeño inferior a la puntuación media en lengua y ciencia. Más aún, los resultados en el Programa de Evaluación de Estudiantes Internacionales fueron sesgados ya que los varones más ultra-ortodoxos no hicieron la prueba.

Las aulas israelíes se cuentan entre las más numerosas en la OCDE, y sus profesores entre los que menos ganan, según el informe de 2013. Un estudio realizado por la Universidad de Maryland en 2012 también apuntó a un programa “atiborrado” con nueve materias, relativamente pocas horas dedicadas a matemática y ciencia, y normas sindicales que “dificultan despedir a profesores con mal desempeño”.

Israel es un país de alta tecnología, pero eso tiene muy poco que ver con sus escuelas”, dijo Arie Kizel, que da clases sobre educación en la Universidad de Haifa. “Cuando hablo con los estudiantes, no están en la alta tecnología por las escuelas. Están en la alta tecnología porque superan los obstáculos de la enseñanza escolar”.

PRESUPUESTO EN AUMENTO, PERO AÚN INSUFICIENTE

Si bien el presupuesto educativo creció 32 por ciento a precios actuales en los cuatro años previos a 2012 –principalmente para aumentar los salarios y los horarios de enseñanza- Israel continúa teniendo la brecha más amplia de la OCDE en logro estudiantil. Los estudiantes de las escuelas judías en Tel Aviv, el núcleo metropolitano del país, tienen un mejor desempeño que los chicos tanto de las escuelas árabes como de las que atienden en gran medida a judíos sefardíes de Medio Oriente y de ascendencia africana del Norte, según un análisis del Ministerio de Educación.

Los resultados flojos en las pruebas PISA de OCDE ponen en evidencia los problemas que se presentan a la hora de mejorar los estándares educativos y adquirir capacidades”, dijo la organización en un informe de diciembre de 2013. Exhortó al gobierno a implementar “políticas orientadas, particularmente a mejorar la educación para los israelíes árabes” y “alentar con más fuerza la enseñanza de materias laicas básicas en las escuelas ultra-ortodoxas”.

Algunos argumentan, por el contrario, que las escuelas israelíes tienen dificultades, pero que la ventaja innovadora del país no depende totalmente de su calidad global. El país continuará teniendo personas exitosas, dijo Don Futterman, director del Centro para la Innovación Educativa de Israel, con sede en Kfar Saba, que trabaja para mejorar la educación en escuelas elementales que rinden menos de lo esperado.

INFLUENCIA MILITAR

Los militares también constituyen “una fuerte influencia en la innovación”, agregó Futterman. “La orientación cultural hacia la improvisación y la innovación es muy fuerte en Israel, específicamente en el ejército”.

En Israel, las escuelas están tan fragmentadas como la propia sociedad israelí, con cuatro sistemas diferentes: laico, ortodoxo financiado por el Estado, ultra-ortodoxo y árabe. En 2011, 56 por ciento de los judíos israelíes asistían a escuelas laicas, 25 por ciento iban a escuelas ultra-ortodoxas y 19 por ciento estudiaban en escuelas religiosas patrocinadas por el Estado, según datos gubernamentales. Aproximadamente un cuarto de los alumnos son israelíes árabes.

El Estado financia completamente todas las escuelas salvo las ultra-ortodoxas, que reciben dinero estatal proporcionalmente a cuánto enseñan del programa básico. Si bien la mayoría de las escuelas ultra-ortodoxas para niñas ha adoptado el programa básico laico, que incluye matemática, hebreo e inglés, la mayoría de las escuelas de varones no.

MÁS EXIGENCIAS

Dado que los ultra-ortodoxos no están incluidos en la actual coalición de gobierno por primera vez en más de un decenio, el ministro de Educación Piron, un rabino ortodoxo moderno del partido laico Yesh Atid del ministro de Finanzas Yair Lapid, se ha propuesto cambiar el statu quo. Piron, que se negó a ser entrevistado para este artículo, redujo los presupuestos para las escuelas que no enseñan el programa básico completo y está alentando a las escuelas elementales ultra-ortodoxas a ponerse bajo la supervisión estatal.

Hasta el momento, solamente 18 se presentaron voluntariamente, según funcionarios ministeriales. La mayoría de las escuelas ultra-ortodoxas de varones exclusivamente, como Hebron Yeshiva, directamente no enseña el programa básico.

“Sólo nos inclinamos ante Dios, y Dios quiere que estudiemos la Torah, no estudios seculares”, dijo Yonatan, de 17 años. Pidió que no se mencionara su apellido por temor a que su consideración del debate dé una imagen pobre de él cuando sus padres traten de arreglar su matrimonio.

Tratar de obligar a las instituciones ultra-ortodoxas a adoptar el programa básico plantea cuestiones difíciles para un país que todavía se pregunta cuál es la esencia de un Estado judío, según Yael Kafri, especialista en derecho educativo en la Universidad de Tel Aviv.

“En la medida que no separamos la religión del Estado, el Estado se ve disminuido en su capacidad de imponer la educación laica en las comunidades religiosas”, dijo Kafri. “Si somos un Estado judío, ¿por qué no dejar que las instituciones judías hagan lo que quieran? El resultado es que los ultra-ortodoxos pueden disfrutar de la financiación estatal para tener sus estudios puramente religiosos”.