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No hay receta secreta para ser una persona feliz

Este jueves se celebra el Día Mundial de la Felicidad, apenas por segunda vez, a instancias de la Organización de las Naciones Unidas. Es posible lograr este estado por rutas diferentes y basadas en nuestros gustos.
Rosalía Servín
19 marzo 2014 23:27 Última actualización 20 marzo 2014 5:0
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Feliz ilustración

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CIUDAD DE MÉXICO. Este jueves se conmemora el Día Internacional de la Felicidad, un sentimiento que, aseguran especialistas, se define como una sensación personal que emerge al realizar actividades satisfactorias. Pero también se sabe que es el efecto de un flujo correcto de sustancias químicas en el cerebro, que proporcionan al ser humano su equilibrio físico y psíquico, que todos buscan alcanzar.

Para Feggy Ostrosky Shejet, de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, la felicidad no es un estado estático que se deba buscar, ni existen recetas únicas para conseguirla, pues todo depende de las propias habilidades y gustos, que deben ser identificados.

“Existen distintos caminos para alcanzar la felicidad. Lo que hace verdaderamente felices a las personas, no es el dinero, la juventud, la inteligencia o la preparación académica, sino las relaciones sanas con familiares, amigos y pareja, con quienes se puede compartir experiencias y sucesos”, dice.

La especialista explica que por años la psicología se abocó a emociones negativas del ser humano, pero es hasta épocas recientes que se comenzó a trabajar con la felicidad y la satisfacción, ámbito en el que destaca Martin Seligman, fundador de una corriente que indaga sobre lo necesario para lograr el desarrollo máximo de las virtudes personales y que tendió a denominarse psicología positiva.

Ésta es definida por el estadounidense como “el estudio científico del funcionamiento óptimo del humano”, que considera que la felicidad se compone del placer obtenido a partir de experiencias fugaces, la gratificación de actividades agradables y el gozo de realizar tareas en beneficio de otros.

Según comenta Ostrosky, se han identificado más de 20 valores relacionados con esta gratificación, comunes a todas las personas.

Éstos incluyen la curiosidad, el amor por aprender, el pensamiento crítico, el valor, perseverancia, la integridad y honestidad, así como otras habilidades. Y en un tercer nivel, el más alto, los individuos son felices si utilizan sus aptitudes para ayudar a los demás y alcanzar objetivos más amplios.

Pero diversos estudios también se han encaminado al análisis de este sentimiento y su relación con el cerebro, encontrando que en él se producen cambios químicos que a su vez influyen en la fisiología del individuo.

Una investigación del Instituto Douglas de Montreal, en Canadá, reveló que el estado de felicidad podría depender de una pequeña estructura alojada en el centro del cerebro, llamada núcleo caudado, el cual juega un papel fundamental en el sistema de recompensa que permite aprender los comportamientos que procuran placer.

Esta zona del cerebro es más pequeña de lo normal en las personas que presentan un nivel elevado de anhedonia, que es lo opuesto al bienestar, según este estudio, y estaría muy ligada a la capacidad de disfrutar de emociones positivas.

Otro artículo publicado el 2007 en la revista The American Journal of Psychiatry, mostró que la alegría y la tristeza causan alteraciones en la actividad de más de 70 regiones cerebrales distintas, entre ellas las amígdalas, el hipocampo, la parte frontal del cerebro y la denominada corteza congulada anterior.

Los autores creen que esta compleja secuencia tiene mucha lógica, pues dichas regiones cerebrales procesan distintas sensaciones desde alegría, orgullo, recompensa, atención y placer, ente otras, que contribuyen en una mayor felicidad.

Otras investigaciones involucran a sustancias relacionadas con este sentimiento, entre ellas la serotonina, que aseguran interviene en la inhibición del enfado y la agresión y regula el humor, el sueño, el deseo sexual, el apetito y aumenta la autoestima y el bienestar.

En 1975 se descubrieron una serie de sustancias responsables de las sensaciones satisfactorias, a las que debido a su parecido con la morfina se nombró endorfinas (morfinas endógenas), y que coloquialmente se les conoce como las hormonas del bienestar o de la felicidad.

Se sabe que existen tres familias de endorfinas, también llamadas péptidos opioides, cuya producción es regulada por la glándula hipófisis: encefalinas, dinorfinas y ß-endorfina, siendo este último grupo el de más importancia clínica, debido a su gran potencial analgésico (de manera natural su producción es más intensa cuando se sufre dolor).

Existen varias formas para estimular la producción de endorfinas, pero se asegura que cuando se realizan actividades placenteras, aparece en el organismo un mayor flujo de estas hormonas, lo que provoca un cambio en la actitud y el estado de ánimo mejora considerablemente, llevando a la tan deseada felicidad.