Enfoques

'Mi marido todavía me busca para asesinarme'

Grupos tradicionales de ancianos fungen como jueces que castigan a las mujeres y ordenan a la familia su entrega a los maridos en una práctica de al menos 100 años de antigüedad en Pakistán, pese a las denuncias.
Bloomberg
15 enero 2015 23:3 Última actualización 16 enero 2015 5:0
Módulo especial Enfoques Pakistán

El esposo de Shehla Gull la acusa de engañarlo y ahora busca asesinarla, lo que le permitiría evitar presuntamente un pago pendiente. (Bloomberg)

En una helada noche de diciembre, Shehla Gul se esconde en cuclillas de su marido en una casa de ladrillos ubicada en Sindh, una provincia pakistaní.

Está sobre una cuna de bambú y usa un niqab que va de la cabeza a los pies, sólo sus ojos son visibles y su mirada permanece clavada en el suelo.

Ella apenas ha salido al exterior algunas veces desde que escapó por la puerta trasera de la casa de su familia hace tres meses, cuando su esposo y tres hombres más trataron de matarla con una pistola, dice su hermano Ghulam Murtaza Chachar.

Su cónyuge, Faiz Muhammad, la acusó de tener una aventura, delito por el cual hasta el 40 por ciento de los pakistaníes creen que le da derecho a ejecutarla.

“Mi marido todavía me busca para matarme”, dice Gul, quien cubre su cara cada vez que sale de esta casa del distrito de Ghotki, a unos 540 kilómetros al noreste de Karachi. “¿Quién puede huir de esta amenaza?”.

Gul tuvo suerte. Cientos, posiblemente miles de mujeres son asesinadas cada año por medio de los llamados crímenes de honor, que rara vez son procesados porque a menudo son apoyados por la comunidad local. El primer ministro Nawaz Sharif es el último líder del país que condenó la práctica, después de que una mujer embarazada de 25 años de edad fue lapidada en público en mayo.

"Este es un problema muy grande y las leyes existentes no protegen a las mujeres de este tipo de delitos", dijo Khawar Mumtaz, presidenta de la Comisión Nacional sobre la Condición de la Mujer. "Tenemos que luchar" por la protección jurídica si Pakistán pretende construir un Estado islámico moderno, dijo.

KARO-KARI

Aproximadamente 869 asesinatos de honor ocurrieron en 2013 en el país, según el grupo de defensa Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, con sede en Lahore.

Las víctimas, en su mayoría mujeres, a menudo fueron heridas, golpeadas o lapidadas hasta la muerte por ir en contra de la voluntad de sus familias. Ellos incluyeron 359 casos de "karo-kari" o de mujer u hombre ennegrecidos, en los cuales las ejecuciones se llevan a cabo por la familia.

En aproximadamente la mitad de los casos de honor-matanza en el mundo musulmán, las víctimas son torturadas, lo que incluye violaciones, puñaladas o golpes a palos hasta la muerte, según un informe de 2010 por el Foro de Medio Oriente.

El número real de muertes es una incógnita debido a que el crimen a menudo se mantiene en silencio, dijo Paryal Marri, coordinador de la comisión de derechos en Shikarpur, una de las peores ciudades de Sindh por la violencia practicada contra las mujeres. La familia, la comunidad local y los políticos recelosos de perder votos al oponerse a los valores tradicionales se confabulan para ocultar las matanzas.

"Alrededor del 75 por ciento de los crímenes de honor no son denunciados", dijo Marri. Incluso en los casos en que se procesó al asesino, a menudo queda en libertad gracias al perdón de la familia o por medio del pago de dinero sangriento.

LOS ASESINATOS DE SINDH

El número total de mujeres y niñas que murieron entre 2008 y 2012 debido a asesinatos, crímenes de honor o suicidios fue de 13 mil 583, según la Fundación Aurat, un grupo de derechos de la mujer con sede en Islamabad. Cinco de los 10 distritos con el mayor índice de asesinatos de honor están en Sindh, señala el grupo en un informe publicado en 2013.

"Un hombre condenado por realizar un crimen de honor es apreciado y aplaudido, no sólo entre la gente de la comunidad, sino también por aquellos en la cárcel", señaló Marri. "Ellos le dicen que ha hecho lo correcto, mientras que los políticos no los condenan para evitar perder votos”.

La gente usa el karo-kari como una forma para resolver conflictos, dijo Ahmed Zia Awan, un abogado de derechos humanos y miembro del Colegio de Abogados de Pakistán, la principal entidad jurídica de la nación.

"Un hombre mata a su mujer en su propia casa y luego mata a su adversario, tras acusarlo de tener una relación ilícita con ella", dijo Awan, quien dirige Madadgaar, una línea de ayuda nacional para las mujeres y los niños. "De esa manera el enemigo muere y si por ejemplo hay una disputa por una propiedad, ésta se liquida".

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El esposo de Shehla Gull la acusa de engañarlo y ahora busca asesinarla, lo que le permitiría evitar presuntamente un pago pendiente. (Bloomberg)

OTRA MUJER

Gul contó que encontró imágenes de otra mujer en el teléfono móvil de su marido en septiembre y lo encaró. Una semana después, Muhammad llegó a casa, la agarró del pelo y la golpeó, acusándola de tener un romance con un hombre llamado Ghulam Sarwar.

"Mi marido me acusó de tener una aventura con alguien con quien sé que tiene una pelea sobre una propiedad", dijo Gul. "Yo no lo conozco ni a él ni a su familia, pero sé que mi esposo lo conoce; le gritaba por teléfono cada vez que hablaban".

Gul se refugió con su familia, pero Muhammad llegó al día siguiente con tres hombres para tratar de matarla, recordó Murtaza, uno de sus tres hermanos .

"Presenté una denuncia policial contra Muhammad y los tres hombres, a quienes identifiqué como sus primos y hermano", dijo Murtaza.

El marido de Gul apeló la denuncia ante un líder local, Rais Abid Hussain Chachar, quien convocó una jirga, consejo tradicional de ancianos de la aldea. Este organismo encontró a Gul y su presunto amante culpables de karo-kari, y ordenó a Murtaza y sus hermanos pagar 100 mil rupias como compensación por la denuncia policial que presentaron.

La jirga les dio dos opciones sobre Gul: entregarla o pagar 200 mil rupias por su vida.

Muhammad respondió a una llamada a su teléfono móvil, pero colgó cuando se le pidió que comentara para este reportaje sobre la persecución contra su esposa. Otra llamada al mismo número fue respondida por un hombre que dijo llamarse Nooruddin; éste aseguró que no hubo ningún ataque, que él no tenía nada que ver con Shehla Gul y que se trataba de un número equivocado.

La policía está investigando la jirga, dijo Aftab Farooqi, un jefe de la policía local al ser cuestionado sobre el tema el 22 de diciembre; añadió que las acusaciones de Gul contra su marido han sido referidas a la corte local.

"No le hemos dado ningún escolta", indicó Farooqi, para luego agregar que las patrullas tiene la consigna de comprobar su seguridad con regularidad. "Nuestra fuerza no es lo suficientemente grande como para enviar un policía a cada hogar”.

Murtaza señaló que sus familiares le dicen que siga las órdenes de la jirga. "Para ellos, su palabra es la última palabra, no en cambio la seguridad de nuestra hermana”.

El karo-kari tiene lugar desde hace al menos un siglo. Después de que el general británico Sir Charles James Napier conquistó Sindh en 1843, según los informes, trató de evitar estos asesinatos, incluso con la amenaza de incendiar aldeas y cultivos donde se realizara esta práctica.
“(El karo-kari) se practicaba en la antigua Roma", explicó Anis Haroon, expresidenta de la Comisión Nacional sobre la Condición de la Mujer en Pakistán, establecida por el gobierno en el 2000 para trabajar en la igualdad de género. "De ninguna manera se trata de una tradición musulmana”.