Enfoques

La mano firme de una mujer fuerte

Sobre los hombros de la Comandante Francisca Álvarez recae la seguridad de 250 mil usuarios del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Sandra Marina
24 marzo 2014 22:4 Última actualización 25 marzo 2014 5:0
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Francisca Álvarez comandante

Su sueño siempre fue ser policía; Francisca Álvarez es reconocida por su labor y sigue capacitándose. (Eladio Ortíz)

CIUDAD DE MÉXICO. Con la mirada en el horizonte de la costa veracruzana, de niña, Francisca siempre soñó con ser policía. A los 14 años de edad, trabajaba por las tardes en una tortillería para ahorrar para sus estudios y lograr enrolarse en el Ejército, pese a la oposición de su padre.

Actualmente Francisca Álvarez Pérez, de 33 años de edad, es Comandante del Agrupamiento de la Policía Auxiliar que coadyuva con las fuerzas federales en la custodia del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), donde tiene a su mando 500 elementos.

Ella es responsable de la seguridad de los 250 mil usuarios que diariamente concurren en las dos terminales del aeródromo capitalino.

El año pasado fue designada como una de las mejores policías en el país y fue invitada por la Asociación Internacional de Mujeres Policías para acudir a una capacitación a Sudáfrica sobre el empoderamiento de la mujer en el ámbito policial, de lo cual comparte:

“Quizá en nuestro país las oportunidades para la mujer no son como las deseamos. Pero a diferencia de otras naciones que participaron en ese curso, como Camboya, donde sólo hay cinco mujeres policías, aquí estamos avanzando.

“A lo largo de mi vida me he encontrado con discriminación y seguramente con envidias de compañeros, pero son cosas que hay que dejar a un lado y demostrar, con trabajo, que las mujeres podemos alcanzar lo que nos proponemos”.

Por su destacada participación en la Policía Auxiliar, el próximo 30 de marzo acudirá a El Salvador, con dos mujeres policías más, a una capacitación sobre liderazgo femenil en materia de justicia.

El sueño de muchos niños

“Ser policía”, es la respuesta de muchos infantes a la pregunta ¿qué quieres ser de grande? Sin embargo, para Francisca fue una meta, una obsesión, pese a la crítica de su padre de que le gustaba la mala vida.

A los 14 años, cuando salía de clases de secundaria trabajaba en una tortillería para estudiar enfermería en el hospital militar. A escondidas de su padre, Francisca realizó los trámites para presentar su examen de admisión.

“Estaba muy contenta porque de cinco mil aspirantes sólo quedaron 300 y de esas 300, del estado de Veracruz aprobaron 25, de las cuales ocupé el cuarto lugar. Mi papá renegó cuando se enteró y me dijo que no tenía dinero para pagarme la escuela o los gastos. Yo no lo hice caso y me fui a la ciudad”.

Apenas había cumplido los 15, cuando entró a la escuela militar de enfermería, pero advierte que “las primeras semanas fue muy difícil, porque en ese entonces en el Ejército había mucha violación a los derechos humanos.

“La tradicional novatada fue muy pesada. Especialmente con la almidonada de los uniformes y la boleada del calzado de los superiores. Toda la noche nos pasábamos boleando la fila de botas. Cuando nos dábamos cuenta ya eran las 4:30 de la mañana y había que bañarse y cambiarse para las labores de ese día.

“En el primer mes, la mitad de las que habíamos ingresado ya habían desertado”.

Francisca argumenta que debido a la presión de sus actividades castrenses, le faltaba tiempo para estudiar, por lo que reprobó matemáticas y tuvo que abandonar la academia, así se vio forzada a regresar a Nautla, Veracruz, donde concluyó la preparatoria.

Tras rechazar una invitación por parte de la Policía Federal para incorporarse a sus filas, Francisca recuerda que a los 20 años ingresó a la Policía Auxiliar. Su primer servicio fue en el Castillo de Chapultepec.

A los 22, fue nombrada jefa de servicio en el Templo Mayor, donde estuvieron a su cargo 60 elementos, para después ser comisionada en la escuela de Antropología e Historia.

“Siempre me ha gustado la historia, pero el hecho de estar en este tipo de lugares educativos y culturales, donde convivía y platicaba con estudiantes y profesores, me fomentó aún más las ganas para seguir adelante”.

En 2007 fue asignada como comandante de destacamento de la Policía Auxiliar en el AICM, donde inició con 100 elementos a su cargo, pero tras una reestructuración, actualmente es la jefa de aproximadamente 500 uniformados que recorren las terminales 1 y 2 del aeropuerto capitalino.

“Antes de ponerme el uniforme de policía ya amaba mi profesión. En el aeropuerto conozco gente de todos niveles y de todas culturas, por lo que tengo una misión importante. El aeropuerto es una ventana de México al mundo y es importante que la gente vea a los policías sin la imagen de que somos arbitrarios o agresivos”.

Con licenciatura en psicología, Francisca actualmente estudia una maestría en investigación criminal en ciencias forenses.